El riesgo país opera una jornada más en niveles récord, al punto de haber superado la barrera de los 700 puntos básicos por primera vez en casi un año. Hoy, el indicador elaborado por JP Morgan llegó a las 710 unidades, con una suba de 35 puntos respecto del cierre anterior, en otra jornada marcada por el retroceso de los bonos argentinos. La escalada vuelve a poner en evidencia las dificultades del gobierno de Javier Milei para consolidar una mejora sostenida en las condiciones de financiamiento.
Los títulos soberanos en dólares registraban caídas promedio de alrededor del 1,5% en Wall Street, mientras que en el último mes acumulaban pérdidas cercanas al 6%.
Pasado el mediodía, el riesgo país recortaba la suba inicial y al promediar las operaciones del martes se ubica en 684 puntos, que representa un alza de 9 unidades con relación al ùltimo cierre. La reversión se produce a causa de una mejora en el valor de los títulos púiblicos.
Aun así, el riesgo país encadena ocho ruedas consecutivas de subas y alcanza su nivel más elevado desde octubre de 2025.
Tasas internacionales y dudas locales
La escalada del riesgo país responde a una combinación de factores externos e internos. Entre los primeros, el encarecimiento de la energía y la suba del petróleo, que superó los US$ 110 por barril, alimentan las expectativas de mayores presiones inflacionarias en Estados Unidos. A su vez, el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a diez años se ubicaba en torno del 5,15%, una referencia que condiciona las tasas que deben ofrecer otros países para atraer capitales.
Pero el escenario internacional no explica todo. En el frente doméstico persisten interrogantes sobre el programa financiero del Gobierno, las necesidades de dólares para afrontar los compromisos de deuda y la evolución de la actividad económica. A medida que se acerca el calendario electoral de 2027, también gana peso la incertidumbre sobre la continuidad de las políticas oficiales y sus posibilidades de sostener resultados en el tiempo.
Uno de los puntos sensibles es la estrategia para conseguir financiamiento durante el próximo año. Las dificultades para colocar deuda en dólares en las últimas licitaciones locales alimentaron las dudas sobre el objetivo oficial de captar unos US$ 5.000 millones durante 2027. A eso se suman los compromisos con el Fondo Monetario Internacional, que rondan los US$ 7.840 millones para ese año, según las estimaciones difundidas en el mercado.

El superávit fiscal no alcanza para despejar las dudas
Si bien superávit fiscal y las compras de reservas del Banco Central constituyen factores que los inversores siguen de cerca, la cotización de los bonos también depende de la capacidad de generar divisas, afrontar los vencimientos y sostener una perspectiva de crecimiento.
De hecho, algunos analistas destacan que el Tesoro consiguió un rollover del 136% en su última licitación y que el Banco Central continúa acumulando reservas. Sin embargo, esos elementos favorables no impidieron que los títulos argentinos siguieran perdiendo valor. La distancia entre los indicadores que reivindica el Gobierno y la reacción del mercado refleja que todavía existen dudas sobre la sostenibilidad del esquema financiero.
Cabe recordar que el riesgo país mide la diferencia entre el rendimiento de la deuda soberana argentina y el de los bonos del Tesoro estadounidense comparables. Por eso, una suba del indicador funciona como una referencia del costo adicional que debería afrontar para obtener financiamiento en los mercados internacionales.

En paralelo, Caputo sostiene que la economía argentina tendrá un fuerte repunte durante el cuarto trimestre de 2026. Incluso, el ministro afirmó que espera una recuperación impulsada por la construcción, el crédito hipotecario y la mejora de los salarios reales a medida que continúe moderándose la inflación. “No prevemos una recesión”, sostuvo el funcionario, quien también consideró que una baja de las tasas de interés permitirá recuperar el crédito y estimular la inversión.
Sin embargo, las declaraciones llegan después de que la economía se contrajera un 0,6% en el segundo trimestre y volviera a retroceder en julio. Esa evolución alimentó las dudas sobre el ritmo de la recuperación y el impacto que la desaceleración puede tener sobre las expectativas de actividad e ingresos fiscales.
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