La relación diplomática entre Argentina y Brasil sumó un nuevo foco de conflicto. El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva convocó a la encargada de negocios argentina en Brasilia, Emilia Cortés, para pedir explicaciones por la salida de Flávio Bolsonaro de territorio brasileño a través de la Argentina y la presunta participación de funcionarios de Javier Milei en el operativo que le permitió abordar un avión privado con destino a Estados Unidos.
El encuentro se realizó el jueves por la tarde en la sede de Itamaraty, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil. Cortés fue recibida por João Marcelo Galvão de Queiroz, jefe del Departamento del Mercosur de la Cancillería brasileña. La reunión duró pocos minutos y se produjo en medio de la preocupación del gobierno de Lula por la eventual colaboración de integrantes de la administración libertaria en el traslado del dirigente brasileño.

La sospecha que motivó la convocatoria apunta a que funcionarios argentinos habrían facilitado el paso de Flávio Bolsonaro por territorio nacional para concretar su salida desde Puerto Iguazú. El episodio abrió un nuevo frente de tensión entre los dos gobiernos y trasladó el conflicto político entre Milei y Lula al terreno de las relaciones diplomáticas formales.
La reacción de Brasilia se produjo en un contexto de creciente deterioro del vínculo bilateral. En agosto, el gobierno brasileño retiró a su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, y redujo la representación diplomática en la Argentina al nivel de encargado de negocios. La decisión había reflejado el progresivo distanciamiento entre las administraciones de ambos países.
Desde entonces, las diferencias políticas entre los presidentes se profundizaron. Milei mantuvo sus cuestionamientos y agravios públicos contra Lula, mientras que el mandatario brasileño sostuvo una relación distante con la Casa Rosada. Las diferencias ideológicas y los posicionamientos internacionales de ambos gobiernos también contribuyeron a deteriorar una relación estratégica para la región.

Ahora, la salida de Flávio Bolsonaro agrega un componente particularmente sensible: la posibilidad de que el gobierno argentino haya intervenido para facilitar el desplazamiento de una figura central del espacio político del expresidente Jair Bolsonaro, enfrentado con el actual oficialismo brasileño.
La convocatoria de Cortés constituye una señal concreta del malestar de Lula y de la decisión de su gobierno de trasladar el reclamo a los canales diplomáticos. Aunque el encuentro fue breve, el episodio vuelve a poner en evidencia la fragilidad de la relación entre Buenos Aires y Brasilia.
La crisis abre interrogantes sobre las consecuencias que podría tener el caso en la agenda bilateral y en los mecanismos de cooperación entre ambos países. Por el momento, la citación de la representante argentina marca un nuevo capítulo de una disputa política que amenaza con profundizarse.
AL/CM










