La actividad económica volvió a retroceder durante el tercer trimestre y Argentina ingresó en una fase de recesión técnica, después de que el PBI también cayera entre abril y junio. El propio Banco Central reconoció el deterioro, aunque apuesta a un rebote en los últimos meses del año. Por su parte, Luis Caputo analiza medidas de estímulo al crédito y la producción nacional, mientras el FMI reclama reformas para impulsar la inversión y el empleo.
La desaceleración de la economía dejó de ser solamente una advertencia de consultoras privadas. El Banco Central (BCRA) reconoció que la actividad económica volvió a caer durante el tercer trimestre de 2026 y confirmó un escenario que el Gobierno buscaba dejar atrás: dos períodos consecutivos de contracción y una economía que no consigue consolidar su recuperación.
El reconocimiento quedó plasmado en el último Informe de Política Monetaria (IPOM), publicado ayer por la autoridad monetaria. Allí, el organismo que conduce Santiago Bausili anticipó que el Producto Bruto Interno (PBI) retrocedió entre julio y septiembre, luego de que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informara una contracción trimestral del 0,6% durante el segundo trimestre.

De esta manera, Argentina ingresó en una fase de recesión técnica, una definición que se utiliza cuando se registran dos trimestres consecutivos de caída de la actividad en términos desestacionalizados. Si bien todavía resta conocer la medición definitiva del tercer trimestre por parte del INDEC, el diagnóstico del propio Banco Central marca un cambio significativo en el discurso oficial.
Hasta ahora, el equipo económico había defendido la continuidad de la recuperación y atribuido buena parte de las dificultades a factores puntuales. En esta oportunidad, el BCRA volvió a recurrir a esa explicación: sostuvo que la caída estuvo relacionada con la normalización de la actividad agropecuaria después de un período de fuerte producción y con factores transitorios que afectaron particularmente a julio.
La apuesta oficial está puesta en el último trimestre. «Para el cuarto trimestre se prevé una recuperación del PIB luego de la caída del tercer trimestre», señaló el informe. Según la entidad, una vez que se normalice la actividad del agro y desaparezcan los factores que incidieron sobre la economía durante julio, el producto registraría un incremento significativo.
Sin embargo, la expectativa de un rebote no elimina las dificultades que atraviesan distintos sectores productivos ni garantiza que la mejora alcance a toda la economía. El propio diagnóstico oficial muestra una recuperación desigual, con actividades que avanzan y otras que continúan perdiendo terreno.
Uno de los datos más relevantes del escenario aparece en la composición de la actividad industrial. Según el análisis del BCRA citado en el último informe, los sectores manufactureros que muestran crecimiento representan apenas el 29% del peso relativo de la industria, mientras que aquellos que registran caídas concentran el 47%.

Caputo busca estimular la economía con crédito público
La desaceleración también comenzó a modificar algunas de las herramientas que analiza el Ministerio de Economía. Según información de La Nación, el equipo de Luis Caputo trabaja en nuevas líneas de financiamiento para intentar reactivar el consumo y atender la situación de los sectores productivos más rezagados.
Entre las iniciativas aparece el lanzamiento de créditos del Banco Nación para financiar la compra de bienes durables, como electrodomésticos y motos. Además, la entidad analiza una línea específica destinada a la adquisición de bienes de producción nacional.
La estrategia también contempla ampliar el uso de los recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la ANSES. Hasta ahora, esos fondos se utilizaban para financiar hipotecas individuales, pero Economía evalúa habilitar su utilización para proyectos de construcción desde el pozo, mediante créditos hipotecarios contra boletos de compraventa.
La discusión incluye, además, una posible ampliación de los cupos de financiamiento disponibles para los bancos y nuevas licitaciones de fondos para sostener la oferta de crédito hipotecario. La industria de bienes durables y la construcción aparecen entre los principales destinatarios de estas iniciativas.

El FMI reclama reformas y más reservas
La recesión también aparece en el centro de las conversaciones entre el Gobierno y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Tras completar la tercera revisión del programa, el organismo volvió a respaldar el rumbo económico de Milei, pero planteó una serie de medidas que, según su diagnóstico, deberían contribuir a fortalecer la inversión privada y la creación de empleo.
La portavoz del Fondo, Julie Kozack, detalló los principales compromisos acordados con las autoridades argentinas. Entre ellos figuran profundizar los mercados de capitales e hipotecarios, flexibilizar los mercados laborales, impulsar las concesiones de infraestructura y facilitar la ejecución de los proyectos estratégicos aprobados bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
El organismo también insistió en la necesidad de acumular reservas internacionales para fortalecer la posición externa del país y contribuir a una reducción del riesgo país. «El mensaje general sobre Argentina es mantener el rumbo con políticas sólidas y reformas que respalden la inversión, el financiamiento y la creación de empleo», sostuvo Kozack.

La apuesta por el rebote y las dudas sobre la recuperación
Desde el Banco Central mantienen una perspectiva optimista para los últimos meses de 2026. Bausili sostuvo que la economía podría recuperar terreno durante el cuarto trimestre y que el PBI crecería por segundo año consecutivo.
Sin embargo, el propio organismo reconoció que el escenario presenta riesgos. Entre ellos mencionó un posible endurecimiento de las condiciones financieras internacionales, una menor demanda externa y el agravamiento de los conflictos geopolíticos, factores que podrían afectar la inversión y el desempeño de los sectores exportadores.
A eso se suman las presiones inflacionarias que podrían aparecer hacia fin de año por la estacionalidad de la carne vacuna y los aumentos de algunos precios regulados.
El Gobierno enfrenta una tensión entre sus objetivos de estabilidad y la necesidad de recuperar la actividad. La caída de dos trimestres consecutivos vuelve a poner sobre la mesa los límites de una recuperación que todavía no logra extenderse de manera homogénea.
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