Leopoldo Luque se sentó por décima vez ante el tribunal. Al micrófono repitió las preguntas obvias que surgen de este juicio: ¿por qué no vieron las alarmas? ¿cómo que Diego se encerró y nadie hizo nada?. «La respuesta es simple -dijo Luque a los jueces-, la Junta Médica describe a un paciente que no teníamos en vida. Y no es que somos tontos».
El neurocirujano, amigo personal de Diego Maradona e imputado en la causa tapó un agujero que dejaron los acusadores el martes, cuando anunciaron, de manera repentina, que para ellos estaba concluida la etapa de producción de prueba que sostiene su tesis. Arrancaba la ronda de testigos ofrecidos por la defensa de Luque, pero sus abogados tenían un solo día para prepararlos. Así que le pidieron a su cliente que aprovechara la audiencia para hacer una declaración aclaratoria.
Siete de los 22 peritos que formaron parte de la Junta Médica ya explicaron a los jueces por qué murió Maradona. Según su análisis, durante la internación domiciliaria se reagudizaron patologías que arrastraba y como nadie observó el cuadro general que presentaba Diego, no lo atendieron cómo deberían haberlo hecho.
Pero Luque explicó que haber pasado por alto esos signos no fue una cuestión de tontera: «La Junta Médica describe a un paciente que no teníamos en vida. Un insuficiencia cardíaca, la insuficiencia hepática y renal, un paciente enajenado. Ese no era nuestro paciente», dijo.
Se refirió a la autopsia, señaló que con eso se «hicieron conjeturas» y que hubo un «sesgo de confirmación», es decir, que los peritos buscaron justificar el motivo de la muerte establecido en la autopsia: paro cardíaco secundario a un edema de pulmón.
Para Luque había un Maradona en vida y un cuerpo que expresó circunstancias diferentes. Mencionó los estudios hechos en enero y en septiembre de 2020, año de la muerte: «Eran normales». Volvió a despegarse de la dinámica médica que se implementó en la internación domiciliaria: «Yo sólo me ocupé de la parte neuroquirúrgica», o sea, curar la herida de la cirugía por el hematoma subdural.
Maradona pasó encerrado en su habitación los tres días anteriores a la muerte. «Esconderse, refugiarse, lo hizo reiteradas veces», insistió. Consultado sobre Swiss Medical, la empresa de salud privada a la que Diego estaba afiliado, contó que «se lo quería sacar de encima» cuando estaba listo para el alta luego de la cirugía por el hematoma.
«Medicina paternalista», opinó el neurocirujano y siguió: «Por momentos se habla de Diego como si fuera un niño». Habló de una relación «frustrante» con Maradona. Lo llamaba cuando se sentía mal. Lo echaba cuando se sentía bien. Luque andate, Luque vení.
En esta audiencia, la 39, los jueces Alberto Gaig, Alberto Ortolani y Pablo Rolón, definieron el cronograma de lo que resta del juicio. Las defensas deben distribuir a sus 18 testigos en al menos unas cinco audiencias: 8 y 10, 15 y 17, y 22 de septiembre. Son pocas para tantos testimonios, posiblemente agreguen jornadas. El fiscal Patricio Ferrari se quejó: «Que asuman el compromiso porque hoy perdimos el tiempo».
Luego será el turno de los alegatos. Posiblemente alguno de los siete imputador quiera hablar para ampliar su declaración. Por último, el fallo.
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