La decisión inicial del Gobierno porteño de impedir concentraciones masivas entre el 6 y el 13 de noviembre por la visita del papa León XIV tendrá una excepción clave que se conoció este sábado, luego de un áspero tironeo de la Ciudad con las organizaciones de la diversidad sexual. El conflicto amenazó con trasladarse a las calles pero terminó en un acuerdo: mientras la comisión organizadora ratificó la convocatoria para el sábado 7 a las Marcha del Orgullo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, insistía en que la movilización debe cambiar de fecha. Finalmente cedió y el cierre de la polémica originó un nuevo escenario, hasta hace una semana impensado.
El conflicto dejó una paradoja política esta semana: la administración porteña quedó enfrentada con los organizadores, mientras que tanto el Gobierno nacional como representantes de la Iglesia se mostraron abiertos a la expresión de diversidad. El resultado fue un acercamiento entre el movimiento LGBT y la institución religiosa que históricamente mantuvo posiciones enfrentadas con sus reivindicaciones.

La Marcha del Orgullo ya había sido anunciada para el 7 de noviembre, como ocurre tradicionalmente el primer sábado de ese mes. La llegada de León XIV a la Argentina, prevista para el domingo 8 a las 16:30, llevó a la Ciudad a establecer restricciones para los eventos en el espacio público entre el 6 y el 13 de noviembre. La medida, que contempla excepciones para las actividades oficiales del Pontífice, dejó a la movilización LGBT en el centro de una disputa. Previo a la resolución habían existido pedidos informales para trasladar el acontecimiento.
Macri insistió públicamente durante esta semana que la marcha no se realizará el 7. «Ya está acordado», remarcó sin que haya existido ninguna mesa de diálogo hasta entonces. Planteó que la coincidencia de las actividades podía generar dificultades logísticas y de seguridad. Desde la administración porteña se propuso trasladar la convocatoria al 21 de noviembre, después de descartar el sábado 14 por la realización de la Noche de los Museos.
La respuesta de la Comisión Organizadora de la Marcha del Orgullo (COMO), integrada por más de 60 organizaciones, fue ratificar la fecha original. El argumento es que miles de personas de distintas provincias y del exterior ya compraron pasajes, reservaron alojamiento y organizaron su participación. «Nosotros ya hemos cambiado la fecha otras veces pero con más anticipación. Una modificación a menos de dos meses del evento provocaría un perjuicio logístico y económico», argumentaron. Así se lo hicieron saber al gobierno porteño.
Uno de los aspectos más singulares de la discusión es que el macrismo fue cambiando los argumentos utilizados para justificar el cambio de fecha fueron perdiendo sustento a medida que avanzaron las conversaciones. Esa debilidad lo llegó al primo Jorge a pegar el volantazo. Según reconstruyeron las organizaciones, desde la Ciudad se había transmitido que la modificación respondía a un pedido del Vaticano por la visita papal. «Integrantes de la comisión consultaron tanto a representantes de la Santa Sede en Roma como al Arzobispado de Buenos Aires y nos dijeron que no había ningún pedido», confirmaron.

El arzobispo porteño, Jorge García Cuerva, también buscó despegar a la Iglesia del conflicto. “Hay diálogo para que la marcha LGBT se haga igual, pero no depende de nosotros, sino de la Ciudad”, afirmó. Además, aclaró que no se trata de una disputa entre la Iglesia y el colectivo de la diversidad sexual. Según explicó, el argumento que recibió de las autoridades porteñas estuvo vinculado con la infraestructura disponible para organizar ambos acontecimientos.
La posición del Gobierno nacional tampoco coincide con la explicación inicial que circuló alrededor del conflicto. Pese a qué existió un gran ataque al colectivo LGBT por parte de Javier Milei en febrero del año pasado, el canciller Pablo Quirno negó que Nación hubiera solicitado modificar la fecha de la marcha. Jeremías Antelo, productor artístico de la Marcha del Orgullo, confirmó que las consultas realizadas ante representantes religiosos y funcionarios nacionales no permitieron identificar un pedido de postergación proveniente de esos ámbitos.
Así, la discusión quedó concentrada en la administración de Jorge Macri, que finalmente se vio obligado a compatibilizar la visita papal con una movilización que convoca a miles de personas que lo hacen con alegría, música, disfraces, color y consignas. La tensión dejó varias preguntas ¿Macri buscó salir del closet de los enemigos del movimiento para sumar votos? ¿Está decidido a profundizar la linea que viene expresando la vicejefa Clara Muzzio contra el colectivo trans, los feminismos y las victorias alcanzadas?
El viernes y en extremo sigilo las partes se vieron cara a cara. Tras quedar enredado por sus propias excusas, Jorge Macri recibió a la COMO. «Tuvimos una muy buena reunión con él. Cada parte expresó sus posiciones y argumentos, hicimos nuestras propuestas y quedamos en continuar dialogando en estos días», confirmaron. «Estamos dispuestos a ayudar en todo lo que sea necesario para la organización, la seguridad, la limpieza. Podemos hasta cambiar el horario, limpiar la plaza después», se propuso desde el colectivo LGBT en la previa del cambio de Macri, que tuvo que ceder.

La situación dejó una foto distinta. La Iglesia quedó abierta a la comunidad mientras el gobierno porteño se mostró cerrado a la colorida expresión. “Eventos, diversiones y actos en el espacio público” quedan prohibidos por decreto en las jornadas previas a la llegada de León XIV, salvo la marcha que no pudo ser frenada.
El propio García Cuerva procuró evitar que la controversia se interpretara como un enfrentamiento religioso. “No es un tema de la Iglesia en contra de la comunidad LGBT”, remarcó. Desde la comisión organizadora, además, recordaron que entre las agrupaciones que defienden la convocatoria del 7 de noviembre hay colectivos de católicos LGBT. «Quieren marchar el 7 para poder ir a ver al Papa el 9», remarcan.
La paradoja es que el planteo de Macri terminó ubicando a representantes de una institución históricamente cuestionada por sectores de la diversidad sexual en una posición coincidente con el reclamo de las organizaciones. La discusión, de ese modo, desplazó el eje desde las diferencias entre la Iglesia y el movimiento LGBT hacia la relación de ambos con el poder político porteño. Además posiciona al jefe de gobierno como un nuevo enemigo de la diversidad.
El volantazo de Macri también tiene una dimensión económica, turística y operativa. Antelo sostuvo que la Marcha del Orgullo genera un importante movimiento para Buenos Aires y que la capacidad hotelera suele agotarse durante la jornada. La organización la considera una de las movilizaciones de la diversidad más importantes de Latinoamérica.
Es un evento que acapara las miradas y así lo entienden en las principales ciudades del mundo. Madrid, por citar un caso, está gobernada por una de las referentes de la ultraderecha Isabel Díaz Ayuso pero aún así financia y promueve ese acontecimiento cada junio.
La convocatoria argentina contempla actividades desde las 10 en Plaza de Mayo, con una feria de más de 300 puestos de emprendedores, propuestas culturales y un escenario artístico. Cerca de las 16 está previsto el inicio de la movilización hacia Plaza Congreso, donde continuarán las presentaciones hasta la noche donde finaliza con recitales frente al palacio legislativo. Si no había acuerdo, la marcha se iba a realizar igualmente, aunque por primera vez desde 1999 sin apoyo de la Ciudad. El arcoiris saldrá igual.
AL/CM









