A pesar de las justificaciones y el relato del Gobierno, cada vez son más las empresas que no pueden hacerle frente al modelo económico de Javier Milei y terminan cerrando. Argentina perdió 30.633 empresas desde el inicio de la actual gestión, según un informe de Fundar. La cifra representa una caída del 6% del total de empresas y constituye, de acuerdo con el organismo, la peor contracción registrada durante los primeros 30 meses de un gobierno.
El relevamiento pone en evidencia que la caída no se concentra en una sola actividad. De los 18 sectores analizados, 14 redujeron la cantidad de empresas respecto del comienzo del Gobierno.

Más de 30.000 empresas menos
La pérdida equivale a unas 33 empresas menos por día durante el período analizado. El fenómeno adquiere especial relevancia porque las empresas no son solamente unidades productivas: detrás de cada cierre hay puestos de trabajo, proveedores, consumo y actividad económica que también se resienten.
Entre los sectores más afectados aparecen actividades estrechamente vinculadas al mercado interno. El transporte y almacenamiento encabeza la caída, seguido por las actividades inmobiliarias y la construcción, mientras que la industria también registra una fuerte reducción.
La fotografía resulta especialmente significativa para evaluar el impacto del programa económico de Milei, que desde su llegada al poder puso el foco en el equilibrio fiscal, la reducción del gasto público, la desregulación y una mayor apertura de la economía.

Industria y construcción, bajo presión
El deterioro empresarial ocurre en paralelo con una situación compleja para dos sectores centrales de la economía: la industria y la construcción. En julio, la producción manufacturera sufrió una caída mensual del 5%, mientras que la construcción retrocedió 4,6%, según datos recientes del INDEC. En el caso industrial, se trata de una actividad que además arrastra una pérdida importante de empresas y empleo formal desde el comienzo de la gestión.
El escenario combina varios factores: menor demanda interna, costos elevados, dificultades para acceder al crédito y una mayor competencia de productos importados.
La apertura comercial se convirtió así en uno de los principales puntos de tensión para las empresas que producen para el mercado argentino. El problema se observa especialmente en ramas manufactureras que deben competir con bienes provenientes del exterior en un contexto de consumo todavía debilitado.
El caso textil es uno de los ejemplos más recientes. El sector denunció que las importaciones ya abastecen alrededor del 70% del mercado, mientras reclama condiciones de competencia que permitan sostener la producción local.

Un modelo que cambia quién gana y quién pierde
El Gobierno sostiene que la economía necesita abandonar actividades poco competitivas y avanzar hacia un esquema basado en sectores en los que Argentina posee ventajas comparativas, particularmente energía, minería, agroindustria y otras actividades exportadoras.
En ese sentido, el cierre de empresas puede ser interpretado por los defensores del modelo como parte de una reestructuración productiva. La propia administración libertaria sostiene que la economía debe dejar atrás empresas que sobreviven gracias a la protección estatal y avanzar hacia un mercado más abierto.
Pero el problema aparece cuando la destrucción de empresas no es acompañada al mismo ritmo por la creación de nuevas unidades productivas.
El resultado, por ahora, muestra un tejido empresarial más chico. Y la caída se extiende a prácticamente todo el territorio: el informe de Fundar señala que 23 de las 24 provincias registraron una disminución en la cantidad de empresas desde el comienzo de la gestión de Milei. La excepción fue Neuquén, impulsada por la expansión de la actividad hidrocarburífera vinculada a Vaca Muerta.
Ese contraste también permite observar qué tipo de economía está emergiendo bajo el nuevo modelo.
Mientras Neuquén se beneficia de la expansión energética, otras provincias sufren una contracción mucho más pronunciada de su entramado empresarial. Es decir, la recuperación no está llegando de la misma manera a todos los sectores ni a todas las regiones.
El interrogante es si las empresas que desaparecen serán reemplazadas por nuevas inversiones y emprendimientos capaces de generar empleo, producción y proveedores locales, o si el país terminará con una economía más concentrada en grandes proyectos exportadores y menos empresas orientadas al mercado interno.
Por ahora, la cifra muestra una de las consecuencias más concretas de la transformación económica: mientras el Gobierno promete una nueva economía, miles de empresas quedaron en el camino.
RM/EO









