«Cabe decir que esto también es una invitación», reza una frase de la columna del presidente Javier Milei en el diario británico Financial Times, que se publicó este jueves. La invitación es para que empresas tecnológicas como Palantir, Google, Meta, Microsoft, Amazon y OpenAI hagan negocio en Argentina, para lo cual ya se envió un proyecto al Congreso con el objetivo de permitir una inteligencia artificial (IA) desregulada en el país.
Con esto se refiere a las DAO (Organización Autónoma Descentralizada), entidades sin CEO ni directivos que toman decisiones, sino que son operadas mediante algoritmos autónomos y funcionan como una sociedad colectiva. En colaboración con el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, el artículo títulado «Argentina invita a la IA a liberarse a sí misma», compara a estas empresas con la fundación de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (Dutch East India Company), la cual «liberó el potencial completo del capitalismo» gracias a la desregulación.
Según el mandatario, esta compañía operaba bajo el sistema de sociedad de responsabilidad limitada, considerado por él mismo «entre los 10 inventos más trascendentales de la historia». De la misma forma, considera que la responsabilidad limitada es condición necesaria para la existencia de las DAOs y destacó la creación de la corporación no humana por primera vez en Argentina, así como la disposición de un «entorno fiscal competitivo», ya que «se beneficiarán de una baja tasa impositiva corporativa».

Según el abogado y docente de la UBA, Pablo Serdán, la propuesta de Milei, aunque lo niegue, se acerca a la de un paraíso fiscal, que «compita con las Islas Marshall, las Islas Caimán o Dubái para radicar empresas que funcionan solas, por algoritmo, sin empleados». Dentro de los tres pilares que menciona el Presidente para la desregulación de la IA, asegura que los beneficiarios finales deberán ser revelados debido a que, como reconoció, en 1824 algunos críticos escribieron que la responsabilidad limitada permitía a los hombres ricos «retirarse a la seguridad de su fortuna intacta» si los fondos no podían responder a la demanda.
Sin embargo, Serdán marca que «identificar a los dueños es justo lo que estas estructuras están diseñadas para evitar», y menciona los casos de Wyoming -reconoció DAOs en 2021, pero su ley las obligaba a revelar dueños, imposible con miles de miembros anónimos- y Malta, la «Isla Blockchain» -terminó en la lista gris del GAFI (Grupo de Acción Financiera) por no poder garantizar quién estaba detrás.
«Si la propia reforma prohíbe auditar el código de las DAO salvo orden judicial (art. 264), ¿con qué herramienta real va a identificar a esos beneficiarios finales que promete declarar?», pregunta Serdán en su tuit. En un tono mucho más contestatario, el especialista en IA, Ariel Garbarz, asegura que la IA desregulada significa «vigilancia masiva, manipulación de subjetividades, precarización del trabajo, saqueo de datos, consumo brutal de energía y una caja negra decidiendo sobre nuestras vidas». Y sentenció: «Eso no es libertad. Es colonialismo digital. Es tecnofeudalismo«.
«Que Buenos Aires sea para la inteligencia artificial lo que Ámsterdam fue para la era de la navegación: el lugar donde la imaginación jurídica estuvo a la altura del momento tecnológico y cambió el mundo», concluyó Milei. Mientras tanto, el proyecto del super RIGI procura hundir cualquier posibilidad de desarrollo industrial y tecnológico argentino -en paralelo el INTI sufre recortes– y busca atraer inversiones de gran escala en actividades que actualmente no existen en el país o que todavía se encuentran en una etapa experimental o piloto.

Además, a eso se le suma la visita al Gobierno de Peter Thiel, fundador de Palantir, una de las principales compañías en materia de IA y análisis de datos para gobiernos y organismos de seguridad. También está la creación de un “Gemelo Digital Social”, una herramienta basada en simulaciones e IA para optimizar políticas públicas y anticipar distintos escenarios sociales, según el propio Gobierno.
«Es la fantasía húmeda de los monopolios: un país gobernado por algoritmos privados, sin leyes, sin controles y sin pueblo», explica Garbarz.
En su discurso en el Congreso de IAEF ya lo había anticipado: «El jueves el Financial Times va a publicar una nota mía sobre derecho de propiedad para la IA, algo con lo que estuvimos trabajando con el doctor Federico Sturzenegger. Aviso para que sepan por dónde estamos pensando las cosas». Claro que ahí es donde están pensando en esas cosas, es un paraíso para los de afuera.
Puertas adentro la situación es distinta. El consumo está cada vez más deteriorado, la actividad industrial más paralizada y los precios subieron en los últimos 10 meses hasta la desaceleración que mostró abril. Las pymes cierran y las tarifas aumentan, las jubilaciones siguen congeladas, se perdieron casi 300 mil puestos de trabajo desde que asumió el Gobierno y la morosidad alcanzó niveles récord.
«Y, así como la revolución industrial nos liberó de las limitaciones de la fuerza muscular humana, la IA nos liberará de las limitaciones del cerebro humano, impulsando la productividad más allá de nuestros sueños más ambiciosos», escribió Milei para el Times. Por lo pronto, si hay un cerebro que presenta limitaciones es el del Presidente.
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