La inflación de abril se ubicó en 2,6%, según el Indec, una desaceleración con respecto al 3,4% que registró marzo. Sin embargo, dejó varias señales de alerta debajo de la superficie: la inflación núcleo se mantuvo elevada, los regulados empujaron el índice y los aumentos en servicios continúan muy por encima de la evolución de los salarios. En ese contexto, distintas consultoras privadas coincidieron en que el número mostró cierta moderación, pero que la variable se mantendrá en torno al 2% al menos hasta noviembre.
Para Florencia Florentín, jefa de economía de la consultora EPyCA, “lo más interesante es que los estacionales dieron 0%, que fue uno de los puntos más señalados por el Gobierno para la inflación de marzo (había dado fuerte el rubro Educación). Ahora se desaceleró, pero sin estacionales, al 2,6%, lo que sigue siendo un piso importante. De hecho la núcleo dio 2,3%”. La economista advirtió además que “mucho de ese piso lo explican los regulados, que dieron 4,7%: el afán de que la inflación es meramente un fenómeno monetario ignora que la suba de precios regulados está subiendo los pisos del IPC”.
La presión de los servicios regulados también fue señalada por Anastasia Daicich, economista de Qualy. Según explicó, “El IPC de abril tuvo tres motores principales. Primero, combustibles y transporte, ya que el aumento de naftas (+11,7% en GBA) fue el principal impulsor del mes”. Además, sostuvo que “Electricidad. (+8% en GBA), telefonía (+4,1%) y Educación (+4,2%) traccionaron la categoría de Regulados al 4,7%, casi el doble que la inflación núcleo”. En paralelo, destacó que el freno parcial llegó desde alimentos: “Las carnes y frutas bajaron en GBA, dando un respiro parcial, luego un mes de marzo con fuertes incrementos de precios en productos frescos”.
El dato de inflación núcleo, que desaceleró de 3,2% a 2,3%, fue leído como una señal relativamente positiva por parte del mercado. Sin embargo, varias consultoras remarcaron que el problema estructural sigue estando en los servicios y tarifas. “La presión viene de los precios regulados, no del consumo privado. Y eso es justamente lo que más preocupa de cara a los próximos meses”, señaló Daicich. En la misma línea, Florentín advirtió que “la mayoría de las divisiones están sobre el promedio, y 3 están por encima de 4%. Ninguna empieza con el dígito 0, pese a que el Gobierno prevé que en agosto la inflación general va a ser menor a 1%”.
El deterioro del poder adquisitivo también apareció como uno de los ejes centrales del análisis. El economista Ernesto Mattos sostuvo que “sii tomamos los últimos 12 meses, la inflación en carnes y frutas está llegando a más del 40%, más Transporte, Comunicación y Alquileres. Mientras tanto, ninguna paritaria lo puede igualar, por lo que tenemos una pérdida del poder adquisitivo del 40% en un año”. Para Mattos, incluso con cierta desaceleración estadística, el consumo sigue mostrando señales de agotamiento.

Por su parte, Ramiro Tosi, economista de la consultora Suramericana, consideró que “el 2,6% es un retroceso esperable. El nivel de inflación volvió a noviembre del año pasado, el mejor dato en cinco meses”. Sin embargo, marcó: “La suba de servicios condicionó el dato de abril, y obviamente ese 2,6% sería más alto si se hubiese actualizado la metodología del Indec”. Aun así, remarcó como aspecto favorable que “los bienes, en este caso el rubro de Alimentos y bebidas desaceleró fuerte (+1,5%), el más bajo desde agosto del año pasado”.
¿De cuánto hubiera sido la inflación si se medía con la canasta actualizada del Indec?
Una de las principales discusiones que volvió a aparecer tras el dato de abril fue el atraso metodológico del IPC oficial. Desde la Qualy remarcaron que “La canasta vigente del Indec data de 2004. En más de 20 años, los patrones de consumo de los hogares argentinos cambiaron significativamente: más gasto en servicios, telefonía, salud y transporte”. Según su medición, el IPC fue 2,8%.
La consultora CEPA coincidió con ese diagnóstico y sostuvo: “La reponderación (donde los servicios y el transporte pesan más) aplicada desde principios de 2026 hubiese dado por resultado 2,8% para el mes de abril, acumulando 12,6% (contra 12,3% de la medición oficial)”. Además, advirtió que “si la medición se hubiese aplicado desde finales de 2023, el diferencial habría sumado 12,1% adicional de incremento de precios”. El punto central de esa discusión pasa por el creciente peso de los servicios en el gasto cotidiano de los hogares, justamente el segmento que más aumentó durante el último año.
¿Qué se espera para los próximos meses?
De cara a mayo y junio, las consultoras prevén que la inflación continúe moviéndose cerca del 2%, aunque con varios focos de tensión abiertos. Desde CEPA hicieron hincapié en el impacto de las tarifas y combustibles. “El efecto guerra podría volver a tener efecto si es que, luego del congelamiento de naftas por 45 días, las empresas vuelven a ajustar precios”, señalaron. Además, remarcaron que “la política oficial respecto a los subsidios en energía y transporte podrían afectar al alza el indicador”. A eso se suma la continuidad de aumentos en electricidad, gas, agua, telecomunicaciones y medicina prepaga, en un escenario donde el Gobierno mantiene el compromiso de reducción de subsidios acordado con el FMI. El problema es que, aun con desaceleración, la inflación sigue corriendo más rápido que los ingresos y deja cada vez menos margen para sostener el consumo.
Por su parte, Tosi hizo una proyección a más largo plazo y estimó: “En mayo puede desacelerar a 2,2% o 2,3% y ya en junio otra vez hay estacionalidad. La inflación, si no hay ningún otro factor sorpresa, seguirá oscilando en el 2% por lo menos hasta octubre o noviembre”.
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