Javier Milei volvió a decir este jueves que su gestión logró un hito diplomático «nunca» antes alcanzado en el reclamo por Malvinas: que la ONU «obligó a Inglaterra a sentarse a negociar» con la Argentina. Lo repitió, además, en el mismo día en que defendía a los jugadores de la Selección por la bandera de «Las Malvinas son argentinas» que desplegaron tras ganarle a Inglaterra, y en el que el gobierno británico pedía a la FIFA que investigue el gesto. El problema es que lo que Milei presenta como un logro propio es, en rigor, el mismo pedido que el Comité de Descolonización de la ONU repite todos los años, sin cambios, desde 1965: una exhortación a una «solución negociada» que jamás implicó que Londres se sentara a discutir la soberanía.
No es un dato menor en un día en el que, además, Milei volvió a apuntar sin nombrarla contra la vicepresidenta Victoria Villarruel: «No hay que caer en eslogans berretas, populistas y nacionalistas rancios», dijo, en referencia a los mensajes de la vicepresidenta calificando a los ingleses de «piratas usurpadores» en la previa del partido. La pregunta que empieza a instalarse es si el «logro diplomático» que Milei infló esta semana tiene menos que ver con Londres y más con la propia interna del oficialismo: correrle a Villarruel la bandera que ella viene enarbolando con insistencia.
La Vicepresidente de la Nación y titular del Senado, Victoria Villarruel 🇦🇷 en la Sesión Ordinaria de la Cámara Alta. pic.twitter.com/UoAJdPldg7
— VV Noticias 🇦🇷 (@VVNoticiasX) July 16, 2026
La ofensiva de Villarruel con Malvinas
Desde que tiene un alto perfil público y político, cada vez que puede, Villarruel enfatiza el reclamo por las islas. Antes del partido contra Inglaterra, publicó: «Mañana jugamos contra los piratas usurpadores. No es un partido más. No voy a ser políticamente correcta ni pecho frío, contra los ingleses siempre es algo más. Es Malvinas, es el Diego, es la última de Leo y es pararle el carro a los invasores«. Después del triunfo, subió otro posteo con un video de soldados argentinos en la guerra: «¡Argentina finalista del mundo! Gracias Enzo, gracias Lautaro, gracias Selección Argentina por darnos una alegría más! ¡No era un partido más!«. Y cuando la FIFA prohibió el ingreso de banderas con el reclamo de soberanía al estadio, ella redobló: «¡Las Malvinas son argentinas! Prohibieron llevarlas a la cancha y se olvidaron que las llevamos en la sangre y el corazón», con la foto de los jugadores mostrando la bandera tras el triunfo.
¡Las Malvinas son Argentinas! 🇦🇷 Prohibieron llevarlas a la cancha y se olvidaron que las llevamos en la sangre y el corazón. pic.twitter.com/qB455HeqVX
— Victoria Villarruel (@VickyVillarruel) July 15, 2026
Este jueves, presidiendo la sesión del Senado que finalmente cayó por falta de votos para la ley de propiedad privada, Villarruel llevaba puestas dos escarapelas: una con la bandera argentina y otra con la de las Islas Malvinas.
Esa misma consigna reapareció horas antes en la pelea que mantuvo por WhatsApp con Patricia Bullrich. Cuando la jefa del bloque libertario en el Senado defendió la ley de tierras diciendo que buscaba «cambiar el país», Villarruel respondió: «¿Y lo cambiás vendiendo tierras? Cómo se nota que la integridad territorial no les importa nada». Y remató, sobre el final del cruce: «Uds. nos quieren rifar. No seas hipócrita […] Vos ya tomaste partido y yo tomo partido por Argentina». Es el mismo lenguaje que usa siempre entorno a construir un cuadro «nacionalista».
Este perfil no es nuevo. En abril, Villarruel ya había protagonizado un cruce público con la diputada libertaria Sabrina Ajmechet, a la que calificó de «una vergüenza» tras la viralización de un tuit de 2012 en el que la legisladora había escrito que «las Malvinas no son ni nunca fueron argentinas». «Nadie escribe eso si no es porque es pro inglés», disparó la vicepresidenta. Ajmechet le respondió acusándola de «traidora» a su propio gobierno.
Las polémicas declaraciones de Milei y sus funcionarios sobre Malvinas
El contraste que Villarruel busca instalar no es casual: el propio oficialismo acumula, en poco más de dos años, una seguidilla de episodios incómodos con la causa Malvinas. La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, confirmó días atrás que los hinchas argentinos no podían ingresar al estadio de Atlanta con la consigna «Las Malvinas son argentinas» por tratarse de «un mensaje político». En abril, el ministro de Defensa, Carlos Presti, generó un fuerte repudio en la fecha en que se conmemora a los caídos al definir el hundimiento del ARA General Belgrano como un simple «acto de guerra» y no como un crimen, pese a que el crucero fue atacado fuera de la zona de exclusión fijada por Gran Bretaña. Y el propio director de Comunicación Digital del Gobierno, Juan Doe, tuvo que borrar viejos tuits en los que llamaba a las islas «Falklands» y sostenía que «el que las conquista les pone el nombre que quiera».

Ni siquiera Bullrich está exenta de ese historial: en 2021, en plena negociación por vacunas contra el Covid, dijo en televisión que «las Islas Malvinas se las podríamos haber dado» a Pfizer, una frase que debió salir a aclarar horas después. Y el propio Milei, dos años atrás, elogió públicamente a Margaret Thatcher en la BBC y reconoció que las islas «están en manos del Reino Unido», en una entrevista que todavía hoy circula entre los sectores nacionalistas como prueba de una postura más tibia que la que el Presidente exhibe ahora en plena euforia mundialista.
El trasfondo: una candidata que preocupa en las encuestas
Villarruel viene construyendo, desde hace meses, un perfil propio con reuniones con dirigentes que el Gobierno ignora y presencia en actos patrios a los que la Casa Rosada no la invita. Y las encuestas empiezan a reflejarlo: un relevamiento de DC Consultores la ubica como la segunda figura más mencionada para «garantizar que no se vuelva al pasado» en un escenario de «mileísmo sin Milei», y otro estudio de la misma consultora la muestra liderando una hipotética fórmula con el gobernador tucumano Osvaldo Jaldo con el 40,5%. En la medición de rechazo de RDT Consultores para Clarín, Villarruel es la dirigente con menor porcentaje de «nunca la votaría» de todo el arco político.
En ese contexto, la bandera de Malvinas no es un detalle folclórico: es, para buena parte del electorado nacionalista y conservador que votó a Milei, un símbolo con peso propio, y Villarruel lo viene usando de forma sistemática para diferenciarse. Que el propio Presidente haya salido, en menos de 24 horas, a inflar un supuesto logro diplomático que no existe como tal y, al mismo tiempo, a cargar contra el «nacionalismo rancio» sin nombrarla, sugiere que en la Casa Rosada leen ese símbolo como una amenaza real de cara a 2027. Desarmarle a Villarruel la bandera que mejor la representa parece ser, cada vez más, parte de la estrategia.
JD/CM









