El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, viajó este fin de semana a China. Desde el Gobierno aseguraron que el paso por el país asiático está motivado principalmente por la participación del funcionario en un simposio del Banco de Pagos Internacionales (BIS). Sin embargo, tanto fuentes oficiales como el propio Bausili admitieron que aprovechará la estadía para mantener encuentros con autoridades chinas y avanzar en conversaciones para renovar el swap de monedas entre ambos países, un acuerdo que vence el próximo 6 de agosto y que representa una herramienta financiera estratégica para la Argentina.
El swap es un acuerdo de intercambio de monedas entre los bancos centrales de ambos países que permite fortalecer las reservas internacionales y acceder a liquidez en caso de necesidad. Para la Argentina, además, se convirtió en una fuente clave de respaldo financiero en momentos de escasez de divisas.

La importancia del acuerdo va mucho más allá de una cuestión técnica. El convenio vigente alcanza unos 130.000 millones de yuanes, equivalentes a aproximadamente US$ 19.200 millones, e incluye la posibilidad de acceder de manera inmediata a unos US$ 5.000 millones. Se trata de una red de contención que el Gobierno considera fundamental para afrontar eventuales tensiones cambiarias y financieras, especialmente de cara a 2027, año en que coincidirán elecciones presidenciales y fuertes vencimientos de deuda.
Aunque desde el Banco Central descartan la posibilidad de un anuncio inmediato, la renovación del entendimiento aparece entre las principales prioridades financieras del Gobierno. La continuidad del acuerdo permitiría sostener un respaldo importante para las reservas en un contexto en el que la administración de Javier Milei necesita acumular dólares para afrontar compromisos futuros y mantener la estabilidad cambiaria.
Un acuerdo que lleva 17 años
El vínculo financiero entre Argentina y China comenzó en 2009 durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner y desde entonces fue renovado y ampliado en distintas oportunidades. El mecanismo volvió a cobrar relevancia durante la gestión de Alberto Fernández, cuando el Gobierno utilizó parte de los fondos para afrontar pagos al Fondo Monetario Internacional (FMI) y sostener importaciones a través del sistema SIRA.
El acuerdo vigente fue renovado en 2023 y vence el 6 de agosto de este año. Durante los últimos años se transformó en una herramienta central para reforzar las reservas del Banco Central en períodos de elevada fragilidad financiera.
La contradicción de Milei
La búsqueda de una renovación refleja además una nueva contradicción del Gobierno. Durante la campaña presidencial, Javier Milei había sido uno de los dirigentes más duros contra China. «No hago pactos con comunistas», afirmó en distintas entrevistas al ser consultado sobre la posibilidad de mantener relaciones con Beijing. En esa misma línea, sostuvo que un eventual gobierno suyo no impulsaría vínculos con países que no respetaran los valores de la libertad.
Sin embargo su «férrea» postura se desvaneció apenas asumido. A principios de 2024, la administración libertaria necesitó que China mantuviera vigente el tramo activado del swap para evitar una pérdida inmediata de reservas. Las tensiones iniciales derivaron en gestiones diplomáticas para recomponer el vínculo y garantizar la continuidad del acuerdo.

Dos años después, el giro fue aún más evidente. En una entrevista con Bloomberg, Milei definió a China como «un gran socio comercial» y aseguró que el vínculo con el país asiático ofrece «un montón de oportunidades para expandir mercados». Las declaraciones contrastan con la postura que sostuvo durante la campaña y llegaron en momentos en que el Banco Central busca encaminar la renovación del swap.
Como bien dice el refrán: «La necesidad tiene cara de hereje» y las necesidades financieras de la Argentina obligan a Milei a reconsiderar su postura. Según un informe citado por Perfil, el país necesitaría alrededor de US$ 50.000 millones para afrontar vencimientos de deuda, sostener la demanda de divisas y evitar tensiones cambiarias durante los próximos años.
En ese contexto, la renovación del swap con China aparece como una herramienta difícil de reemplazar. Si bien el Gobierno logró reducir el uso efectivo de los fondos activados durante la gestión anterior y consiguió nuevas líneas de financiamiento con bancos internacionales, el acuerdo con Beijing sigue siendo una pieza relevante dentro del esquema de reservas del Banco Central.
Entre el «no hago pactos con comunistas» de la campaña y el «China es un gran socio comercial» de la actualidad hay algo más que un cambio de discurso: la necesidad de dólares y de financiamiento externo para sostener la estrategia económica del Gobierno.
RM/EO






