Mientras su mesa política se tira con municiones de alto calibre y amenaza con quebrar el orden interno del gobierno, Javier Milei vuelve a su zona de confort y se prepara para un nuevo viaje a Estados Unidos. Esta vez será una de las escalas más importantes del año: su participación en la 81° Asamblea General de las Naciones Unidas, donde llevará el reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas como principal enfoque de su alocución. Sin embargo, el presidente deja una Casa Rosada atravesada por la interna con Patricia Bullrich y una residencia de Olivos conmovida por drásticos cambios, que incluyeron el despido de una funcionaria considerada la mano derecha de la secretaria General de la Presidencia, Karina Milei.
A diferencia de los últimos cuatro lunes, en esta oportunidad el líder libertario decidió suspender la reunión de gabinete semanal que monta para mostrar su participación dentro de la gestión de su propio gobierno luego de que le afectaran su honor las críticas por pasar más de diez días sin agenda pública y otros veinticinco sin asistir a la Casa Rosada. Según dieron a conocer fuentes oficiales, el presidente decidió cancelar el cónclave ministerial para quedarse en la Quinta de Olivos y concentrarse en la elaboración del discurso que brindará el próximo miércoles al mediodía, cuando ya se encuentre en Nueva York.

Días atrás, cuando la agenda del presidente en el Norte comenzó a circular, se especuló con la posibilidad de que Karina Milei suspendiera la mesa política convocada para este martes debido a que se esperaba que, como siempre, la secretaria general formase parte de la comitiva que acompaña a su hermano. Sin embargo, fuentes oficiales confirmaron que la presidenta de La Libertad Avanza no volará a Estados Unidos y se quedará en el país para mantener su propia agenda, que incluye el encuentro con las espadas políticas de la gestión violeta. Otras fuentes sostienen que la hermanísima no se perderá este viaje y formará parte de la comitiva,
La hermana presidencial, en tanto, viene de atravesar horas difíciles. Tras los cambios en materia de seguridad que se llevaron adelante en la Quinta de Olivos, donde Javier Milei decidió echar a todo el personal civil por sospechar sobre filtraciones a la prensa de información interna, este lunes en el Boletín Oficial se confirmó la salida de Belén Agudiez, mano derecha de Karina y quien estuvo hasta este fin de semana como encargada de la organización de la Secretaría General. La ex integrante del gobierno, en tanto, es cuñada de Osvaldo Sosa, ex intendente de la Quinta y uno de los primeros eyectados por el jefe de estado.

Abrazados a su hermetismo tradicional, desde el entorno de El Jefe se limitaron a aclarar que la renuncia fue una decisión unilateral tomada por Agudiez y que el presidente la aceptó inmediatamente. No se prestaron a responder preguntas sobre cómo quedó la relación con Karina, con quien desde el 2021 tiene un vínculo de amistad inseparable.
El reencuentro de los nueve integrantes de la mesa política será este martes a las 13, cuando Milei ya esté en suelo norteamericano, sumergido en la pompa de la ONU. La reunión sucederá en el marco de una nueva escalada del conflicto interno, otra vez con Patricia Bullrich a la cabeza. La titular del bloque de La Libertad Avanza se quejó en pleno prime time televisivo por la falta de coordinación interna y reprochó que nadie le había hecho saber que el Presupuesto 2027 incluía modificaciones en Discapacidad, el tema escabroso que tanto ella como Martín Menem negociaron hasta la semana pasada con la oposición dialoguista.
En todo su raid mediático, la senadora se tomó el tiempo de aclarar que en ningún momento de las tres horas que duró la reunión se expuso sobre el tema, una circunstancia que la enfurece en sobremanera por su convicción de que su participación en las decisiones políticas del gobierno es fundamental para el desarrollo del mismo.
En este marco, pese al silencio inicial que reinó dentro del oficialismo, en las últimas horas Diego Santilli quebró la inercia y aseguró que “Patricia se tuvo que ir antes” de la reunión, dando a entender que la charla sobre Discapacidad se habría tenido luego de que ella se retirara del cónclave. El jefe de gabinete está manteniendo su propia agenda para destrabar la discusión por la reforma política y esta semana retomará las reuniones con gobernadores, por lo que dentro de su equipo aseguran que su concentración está puesta sólo en las negociaciones parlamentarias y no en una riña interna.

La ex macrista recogió el guante al instante y desafió: “Eso es mentira. Cuando se habló del presupuesto, yo estaba. Martín Menem se quedó tres minutos más que yo y tampoco sabía nada. Eso de que después lo hablaron, no es así. Lo voy a discutir con Santilli porque no vale decir algo que no fue así. Tenemos que ser sinceros con nosotros mismos.” Pese a marcarle la cancha al jefe de gabinete, la ex ministra de Seguridad afirmó que no se quiere “pelear con nadie”, aunque se tomó un momento para hacer un chascarrillo. “Voy a llegar antes y me voy a quedar hasta el final”, dijo irónica.
Desde el entorno de la senadora, en tanto, afirman que, pese a los desencuentros, Patricia Bullrich no está pensando en irse del gobierno ni lanzarse como posible candidata a presidenta, pese a que varios interlocutores empresariales y políticos le hicieron llegar el pedido hasta su despacho. Lo que sí pretende, y ya ni se gasta en ocultarlo, es que Javier Milei la elija como compañera de fórmula el próximo año para encarar la reelección. En el universo ideal de la legisladora, su lugar como presidenta del Senado le permitiría construir su propia carrera para acceder a la presidencia en 2031, una hazaña que no todos dentro del oficialismo están dispuestos a acompañar. Karina Milei, como cabeza de detractores.
Ya no es una novedad advertir sobre los desencuentros entre las dos mujeres libertarias. Para la secretaria general la ambición de Bullrich es una piedra en el zapato de la que no puede deshacerse debido al importante caudal de votos que todavía conserva. Por eso desde hace meses hace malabares para intentar contentarla mientras delimita cada vez más su poder de acción, una estrategia para nada bien recibida en el círculo de la ex candidata a presidenta. “No somos empleados de Karina”, dicen desafiantes.
TS/CM










