La economía registró en febrero el peor dato de la era Milei. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que mide el INDEC marcó una caída de 2,6%, que solo empata al de diciembre de 2023. En ese marco, el ministro de Economía, Luis Caputo, ya había anticipado que el segundo mes del año podría mostrar una mala cifra, pero buscó amortiguar las malas noticias y prometió que «se vienen los mejores 18 meses de la Argentina en las últimas dos décadas”. Sin embargo, especialistas advierten que el panorama no es alentador.
En diálogo con La Pluma Diario, Florencia Florentín, jefa de economía de la consultora EPyCa, argumentó: «¿Mejores en relación con qué? Cuando uno mira la historia, los períodos de mayor crecimiento sostenido ocurrieron hace al menos 15 años y se asociaron con dinamismo en industria, empleo registrado y salarios reales, que son exactamente los sectores y variables que hoy están rezagados».
Para Florentín, la economía crece y se contrae a dos velocidades. En ese sentido, remarcó que sectores como pesca, minería, agro y servicios financieros compensan parcialmente las caídas de industria, comercio y construcción, pero en este mes ni alcanzaron para revertirlas. Asimismo, advirtió que una recuperación en los próximos 18 meses es una promesa difícil de cumplir: «Los sectores que lideran el crecimiento tienen bajos encadenamientos productivos y parte de su buen desempeño responde a factores circunstanciales, no al modelo en sí».
Desde la consultora Suramericana, explicaron que, a nivel sectorial, «los rubros que en febrero crecieron se redujeron a ocho (de un total de 15), el menor número desde agosto pasado, con la particularidad de que aquellos que crecen moderaron su ritmo mientras aquellos que caen aceleraron su merma».
Excluyendo al agro, «desde agosto pasado los sectores con más peso en el indicador o bien desaceleraron su ritmo de crecimiento (Minas y Canteras por el impulso de Vaca Muerta) o aceleraron su caída (ej. Industria manufacturera y Comercio)».
Para Ernesto Mattos, investigador de la Facultad de Económicas de la UBA, «los sectores que crecieron son los sectores que representan entre un 4 y 8 % del empleo registrado, y no traccionan más empleo porque dependiendo cada uno, puede ser que uno tenga una mayor de informalidad (el agro) que otros (minería) aunque requieren de mano de obra calificada».
Según el informe de Vectorial, la consultora dirigida por el economista Haroldo Montagu, la dinámica de la economía argentina se distingue por su dualidad: «una brecha cada vez más marcada entre sectores “ganadoresˮ —agro, minería, energía y finanzas— y “perdedoresˮ —industria, comercio y construcción—». En esa línea, resaltó que para encontrar caídas de esa magnitud (o peores) hay que retrotraerse a episodios críticos de la economía argentina como el impacto de la crisis financiera mundial de 2008, saltos considerables en el tipo de cambio y la pandemia.
«La economía, medida a través del EMAE, promedia en 27 meses de gestión apenas un 3,5% lo que significa, aproximadamente, un crecimiento de 0,1% en promedio por cada mes», calculó Vectorial. Asimismo, advirtió la caída del mercado interno, especialmente la industria, y su comparación con las exportaciones —en marzo tuvieron el mejor dato de la era Milei con US$ 845 millones—. En esa línea, sostuvo que a este ritmo «las capacidades productivas del país se erosionan silenciosamente, con efectos que se materializarán con rezago sobre el nivel de actividad futuro».
Martín Pollera, director del Grupo Atenas y ex secretario de Comercio Interior de la Nación, coincidió en la mirada sobre una economía dual, y aseguró que una brecha entre el discurso oficial y la realidad económica. «El enfriamiento de la actividad es un proceso que se arrastra desde el inicio del gobierno de Milei y que hoy se profundiza», dijo.
Por su parte, Mattos explicó a La Pluma Diario que los 18 meses que siguen son de «turbulencia social y de mera estadística», que marca a futuros interrogantes. «¿Cuándo se activara la economía? Los primeros meses del año son para recaudar y poder cubrir los meses posteriores a la cosecha y el Gobierno esta perdiendo capacidad de compra con la recaudación que viene creciendo por debajo de la inflación. Esto marca dos cosas: van a tener que ajustar -¿El termómetro social aguantara?- y el superávit esta ocultando la realidad del Gobierno, que tiene un déficit fiscal porque no esta incluyendo los intereses capitalizados. Es decir, técnicamente esta haciendo esto para mostrar un dato positivo mes a mes, pero a la vez está ajustando a jubilados, discapacidad, policía, médicos, enfermeros y universidad para poder acumular reservas y pagar las obligaciones externas».
«El primer trimestre arranca con señales mixtas que se inclinan hacia el rojo, y el horizonte para 2026 depende mucho de si el Gobierno está dispuesto a revisar instrumentos, algo que hasta ahora no mostró disposición a hacer», sentenció Florentín.
Pollera analizó: «No hay hoy motores claros de recuperación: la demanda está deprimida, no hay política contracíclica y el contexto internacional es incierto. En ese marco, proyectar “los mejores 18 meses” no tiene anclaje en los datos actuales». Asimismo, explicó que «la sociedad ya percibe la recesión», y que el problema «no es de expectativas o comunicación, sino de diagnóstico y de dinámica real de la economía».
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