La Argentina todavía no logra transformar el proceso de ajuste y desregulación impulsado por el Gobierno de Javier Milei en una mejora contundente de su competitividad industrial. Un informe de la Fundación Mediterránea reveló que producir en el país continúa siendo más caro que en buena parte de las economías de la región, con diferencias particularmente importantes frente a Brasil, Chile y Paraguay.
El relevamiento comparó 17 bienes y servicios utilizados como insumos productivos en Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay y Estados Unidos, con cerca de 80 comparaciones de precios. El resultado general muestra que el costo de producción argentino es 49% más elevado que el de los países relevados, una diferencia que vuelve a poner en discusión el denominado “costo argentino” y las dificultades que enfrentan las empresas para competir.

Brasil, Chile y Paraguay tienen costos más bajos
El estudio revela que Brasil es el país que presenta los menores costos relativos para la producción: en el 65% de los casos analizados, los insumos de ese país resultaron más baratos que los argentinos. Chile aparece prácticamente en el mismo nivel, con un 64%, mientras que Paraguay registró precios inferiores en el 56% de las comparaciones.
En el otro extremo aparecen Uruguay y Estados Unidos. En el caso uruguayo, el 40% de los bienes y servicios analizados resulta más barato que en Argentina, mientras que en Estados Unidos esa proporción cae al 24%.
De acuerdo con el ranking elaborado por la Fundación Mediterránea, el orden de costos, de mayor a menor, queda encabezado por Estados Unidos, seguido por Uruguay, Chile, Argentina, Paraguay y Brasil.
El problema, por lo tanto, no se reduce exclusivamente al nivel de los salarios o al precio del dólar. La estructura de costos que enfrenta una empresa argentina incluye energía, combustibles, tecnología, servicios, insumos industriales y otros componentes que determinan cuánto cuesta fabricar un producto antes de que llegue al consumidor.
Energía, tecnología y alimentos, entre los principales problemas
El informe encuentra diferencias importantes según el tipo de insumo. En energía eléctrica, Argentina aparece con precios superiores a los de cuatro de los cinco países comparados. En combustibles, los valores locales también son más elevados que en tres de las economías analizadas.
La situación tampoco mejora en algunos componentes vinculados a la economía del conocimiento. Los salarios de programadores y los espacios de coworking son más baratos en cuatro de los cinco países analizados. El servicio de internet, en tanto, resulta más económico en dos de esas economías.
En alimentos aparece otra de las contradicciones: mientras el azúcar resulta más barata en Argentina, la harina es más cara que en cuatro de los cinco países comparados.

Los neumáticos muestran una situación intermedia. Chile y Paraguay tienen precios inferiores a los argentinos, aunque la diferencia con los demás países se redujo respecto de años anteriores.
En esa línea, el informe introduce un matiz relevante frente a la fotografía general. La distancia de precios con los países de la región se viene reduciendo. En julio de 2025, la brecha promedio con Brasil, Chile y Paraguay era de 5,8%, mientras que un año después había descendido al 2,2%. En paralelo, la diferencia promedio con Uruguay y Estados Unidos pasó del 42,5% al 36,4% durante el mismo período.
El desafío que la apertura todavía no resolvió
El dato plantea una tensión central para el programa económico de Milei. La administración libertaria avanzó con una fuerte reducción de controles y una mayor exposición de las empresas argentinas a la competencia externa, bajo la premisa de que esa presión debería incentivar una baja de costos y una mejora de la productividad.
Pero la apertura por sí sola no elimina los costos estructurales que enfrenta la producción local. Si una empresa argentina debe competir con productos brasileños, chilenos o paraguayos mientras afronta mayores costos en determinados insumos y servicios, la diferencia de productividad no necesariamente puede resolverse mediante una simple reducción de precios.
En ese sentido, el propio informe de la Fundación Mediterránea plantea que todavía son necesarias “reformas adicionales” y posiblemente más tiempo para completar el proceso de ajuste de precios relativos.
La reducción de la inflación y la convergencia de algunos precios pueden mejorar las condiciones para producir, pero el relevamiento muestra que Argentina todavía arrastra una estructura de costos que la deja en desventaja frente a sus principales competidores regionales.
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