Con un nuevo movimiento para salir de un pozo que, por ahora, se sigue ahondando, este viernes Adrián Ravier se presentó como el nuevo vocero presidencial. Tal como estaba previsto, ofreció un discurso leído donde repasó su trayectoria profesional. Con ese estilo formal, el flamante reemplazo comunicacional de Manuel Adorni dio por inaugurada una nueva era en la comunicación del gobierno. Pretenden relanzar la narrativa oficial y superar los tres meses del silencio absoluto que transitan, empujados por la causa judicial que investiga el llamativo crecimiento del patrimonio del jefe de gabinete.
A exactamente siete días del anuncio que hizo Javier Milei para quitarle la comunicación a su ministro preferido, el ahora ex diputado nacional se presentó en el Salón Malvinas Argentinas de la Casa Rosada para hacer su presentación formal ante la prensa acreditada. Tal como adelantó este medio, en el oficialismo buscan dar un vuelco a la comunicación oficial, a la que apuestan por darle un perfil más económico que les permita salir de la encerrona político judicial a la que la oposición y Comodoro Py los tiene acorralado.
Con este escenario, el portavoz confirmó que buscará institucionalizar las conferencias de prensa, tal como intentó hacer Adorni durante su primera etapa al frente de la comunicación. Las mismas se realizarán todos los martes a las 11 en la sala de conferencias de la Casa Rosada y, según él mismo dijo, estarán centradas únicamente en las novedades de gobierno. “No me corresponde, en mi calidad de representante del presidente, entrometerme en las competencias de otro poder de la República Argentina, ya sea el judicial o el legislativo, así como opinar sobre política partidaria ajena a la gestión, ni sobre temas que impliquen una intromisión en la política interna de otro Estado soberano”, sostuvo. El mensaje, sin embargo, ocultaba otro detrás.

Durante toda la gestión de Manuel Adorni, al calor del crecimiento de la interna entre Santiago Caputo y Karina Milei, el vocero se vio acorralado por la prensa acreditada con preguntas que buscaban comprender y conocer en profundidad la dinámica entre el extinto Triángulo de Hierro. La misma dinámica se daba durante el turbulento cierre de listas, en el que Mauricio Macri y el PRO tuvieron un rol menos central del que esperaban, lo que los llevó a desatar una fuerte guerra mediática, con entrecruces que continúan hasta hoy.
Con menor esgrima verbal que su antecesor, Ravier sabe que meterse a resolver esas encrucijadas serían un suicidio comunicacional, muchísimo más en los albores de un año electoral en el que su jefe político buscará ir por la reelección. Por eso, desde el círculo de comunicación oficial confirman que sus conferencias serán muy planificadas y se limitarán a moverse dentro del guión curado que pasará por los ojos del equipo que comandará Fabián Fernández y el asesor presidencial, Santiago Caputo.
La llegada de Ravier, por su parte, llega en medio de la fuerte avanzada que el gobierno nacional tiene para con la prensa acreditada en Casa Rosada desde hace casi dos meses. Por decisión de Javier y Karina Milei, la Casa Militar mantiene un fuerte operativo de seguridad montado únicamente para con los periodistas que ingresan al edificio de gobierno a los que someten a un destrato diario nunca antes experimentado desde la apertura de la misma en 1949.

Después de recuperar su lugar de trabajo tras varios días de restricciones, el pasado 4 de mayo los acreditados se mueven con restricciones de inédito calibre. El organismo dependiente del Poder Ejecutivo a cargo de la seguridad del jefe de estado, utilizó una denuncia fomentada por el líder libertario y ejecutada por el general de brigada, Sebastián Ibañez, para restringir con tintes dictatoriales la circulación del periodismo dentro del edificio de gobierno.
Desde hace más de un mes, todos los acreditados fueron desprovistos de la habilitación de sus huellas dactilares que habilita el ingreso a la Casa por la misma puerta que entran funcionarios y los más de mil trabajadores que caminan a diario el edificio. Desde entonces, los periodistas deben ingresar por la entrada de Balcarce 78, inhabilitada desde hace décadas y que el gobierno decidió volver a condicionar para separar el ingreso de los ciudadanos de primera, que pueden ingresar a su lugar de trabajo con normalidad, y los de segunda, ocultos y moviéndose por la puerta de atrás.
A los excesivos controles -que incluyen la solicitud reiterada del Documento de Identidad por parte de agentes que no pertenecen a las fuerzas nacionales de seguridad, instancia no habilitada por la ley de Seguridad Interior que le garantiza esta potestad únicamente a Policía Federal, Policías Provinciales, Policía de la Ciudad, Gendarmería y Prefectura-, también se incluye la obligatoriedad de utilizar una credencial identificatoria durante toda la estadía dentro del edificio.

Con un escenario de absoluta tensión con los acreditados, Ravier intentó enviar un gesto hacia el periodismo todo. “Concibo al periodismo como un eje central en la democracia de nuestro país. Valoro y reivindico el trabajo del periodista que busca informar, que es independiente y objetivo, que tiene espíritu crítico y hace una presentación ecuánime de los hechos y los datos de la realidad. Aspiro a que construyamos una relación en base a estos principios. Ese es mi compromiso para con ustedes y espero que sea recíproco.”
Luego de sus dichos, los periodistas acreditados le entregaron al flamante funcionario una carta en la que se detalla la situación a la que son sometidos. El vocero prometió resoluciones, aunque como es costumbre, nunca se habla de fechas. Mientras el presidente se encuentra volviendo de Madrid en un viaje que no contó con agenda oficial, los comunicadores que trabajan dentro de la Casa siguen sin poder acceder a datos básicos para el desarrollo de la labor de la cobertura, instancia que pone en jaque el desarrollo democrático.
TS/CM





