Yenderlin Cabarza, de 13 años, llegó con fracturas a emergencias desde la zona más golpeada por los devastadores terremotos en Venezuela. Entre los 188 muertos -cifra que podría aumentar en las próximas horas- están la madre de Yenderlin y su tío, que la protegió con su cuerpo del derrumbe. Como ella, muchos menores de edad llegan solos a pedir atención médica. Calculan que en la zona del desastre, al norte del país, hay 38 mil desaparecidos.
El conteo de heridos se elevaba hacía la noche a 1.500. Inquieta la cantidad de personas que podrían estar debajo de los escombros. Desde La Guaira, la zona más afectada, se escuchan pedidos de ayuda para agilizar la remoción de material y encontrar sobrevivientes. “Hay personas que están ahorita sufriendo con sus familiares tapiados”, dijeron los vecinos.
Los casos se repiten y los mensajes son desesperantes. «Mi casa se cayó completa, perdí familia, se murió mi suegra, tengo a mi hija desaparecida», le dijo Jean Alexander Capote, 48 años, residente de Catia la Mar a la agencia AFP. El operativo oficial se mezcla con el trabajo de rescatistas improvisados, vecinos que ponen sus manos para buscar vida entre los ladrillos desechos.

Hay quienes van por las calles gritando los nombres de las personas desaparecidas y quienes encuentran cadáveres entre los hierros retorcidos. Un futbolista argentino que estaba concentrado junto a su equipo en Caracas pide ayuda de manera desesperada. Se llama Lucas Trejo y busca a Yanina Maranella, su esposa, y los hijos de ambos, Aarón y Ainhoa. La familia vive en Playa Grande, lugar calificado como «zona de desastre». El edificio se desplomó.
«Le damos gracias a Dios porque estamos vivos, pero hay personas que están ahorita sufriendo con sus familiares tapiados, con sus familiares pisados que no los pueden sacar. Fue terrible. Todo, todo se desplomó», relató Yilsmaris Blanco, vecina de Catia la Mar, una de las localidades más afectadas. En esa zona, los terremotos que tuvieron 39 segundos de diferencia, destruyeron decenas de edificios.
Larry Rojas, otro de los afectados de esa ciudad en la que había 200 torres residenciales, resumió lo que viven en una sola frase: «No tenemos nada, ahorita no tenemos nada, ni siquiera fuerza, ni valor para meternos ahí, imagínate tú».
«Necesitamos que vengan a ayudarnos. Hay gente viva ahí, hay gente muerta«, le dijo a la agencia francesa Paola Sanoja, de 31 años, que busca a un familiar. Según la crónica desde el lugar, decenas de personas se arremolinan alrededor de los edificios que quedaron de pie en medio del tránsito colapsado.
«Lo que hace falta es ayuda, más que todo con los equipos técnicos, los equipos que están en Caracas, que saben qué (herramientas) usar, que pueden venir a ayudar aquí a La Guaira, que se vengan», pidio José Pacheco, jefe de operación del Grupo de Rescate Unido de Venezuela. El socorrista de 52 años, dijo que jamás, en sus tres décadas de trabajo vio “algo parecido».
CDB / VDM





