En tiempo récord, el ministro de Economía Luis Caputo le pidió la renuncia al secretario de Coordinación de Infraestructura, Carlos Frugoni. La decisión, que llegó después de que una investigación periodística en la que Santiago Fioritti y Nicolás Wiñasky revelaron que el ahora saliente funcionario tiene siete departamentos en Miami sin declarar, es más que un mero movimiento en pos del cuidado por la imagen del presidente. Expone, además, nuevas diferencias de resolución entre las cabezas del Ejecutivo y sus subordinados.
Según dejaron trascender desde las arcas de Economía, la salida de Frugoni fue acordada a inicios del fin de semana y dialogada de primera mano entre el ministro, Javier y Karina Milei, quienes dieron el visto bueno para designar a Fernando Herrmann como nuevo secretario y a Mariano Plencovich como secretario de Transporte. Tal como lo hizo semanas atrás la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, quien se desprendió de su jefe de gabinete luego de que se diera a conocer que tomó un crédito en el Banco Nación, el enroque en el ministerio buscó cortar de cuajo la sangría que inauguró la investigación del eyectado funcionario, circunstancia que está lejos de ser replicada por el propio jefe de estado a casi dos meses del inicio del Adorni gate.

Este miércoles, Manuel Adorni visitará la Cámara de Diputados para brindar su primer informe de gestión en medio del escándalo que lo tiene como principal investigado en una causa por enriquecimiento ilícito. Por primera vez en la historia, el presidente acompañará a su jefe de gabinete a cumplir con la tarea que dispone la norma constitucional que regula la actividad del ministro coordinador, en una nueva muestra de apoyo irrestricto a su ex vocero pese a los deseos desesperados de los propios para dejar ir al deslomado. En un acto que ni los más cercanos saben justificar, los hermanos presidenciales están lejos de dejar ir a su funcionario estrella y, por el contrario, se enfocan a mover una agenda legislativa que está muy lejos de arrancar.
Este lunes, la mesa política del Ejecutivo se reunió en Casa Rosada para conocer de primera mano el poroteo de apoyos de los aliados para aprobar la ambiciosa reforma política que Javier Milei anunció mientras todavía se encontraba de gira por Israel. Oficialmente, quien está a cargo de sondear a los opositores dialoguistas es la titular del bloque de La Libertad Avanza en el Senado, Patricia Bullrich, quien desde hace semanas está en contacto con sus pares dentro de la Cámara para escuchar sus contraofertas para acompañar con sus votos. Pese a los entusiasmos oficialistas, no todo pareciera marchar acorde al plan.
Desde el anuncio del envío del proyecto, varios actores que supieron moverse como aliados dentro del parlamento empezaron a marcarle la cancha al oficialismo. Este lunes, por caso, el gobierno recibió dos fuertes embates que dejan a la vista que, al menos por ahora, los votos para aprobar la reforma siguen sin aparecer.
El titular del bloque PRO en Diputados, Cristian Ritondo, advirtió que el espacio amarillo todavía no tomó una decisión sobre la postura frente a la eliminación de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), uno de los puntos más sensibles de la reforma. “No tiene por qué ser blanco o negro, puede haber primarias y que no sean obligatorias, o puede haber primarias y que no participen aquellos que tiene lista única”, dijo el legislador quien supo cultivar un vínculo más que fluido con el Salón Martín Fierro.

Los dichos del bonaerense, en tanto, fueron más medidos que el de su compañero de banca, Fernando de Andreis, quien directamente descartó el acompañamiento del PRO a la eliminación de las Primarias. “No pasa”, dijo contundente el ladero de Mauricio Macri, al tiempo que advirtió la importancia de esta instancia en la discusión por la elección ejecutiva. En el gobierno acusaron recibo y adelantaron que se sentarán a negociar con el partido amarillo, que en las próximas horas tendrá un encuentro en la sede de Balcarce 400 para fijar una postura unificada que se plasmará en un documento público.
Al PRO se sumó, llamativamente, el siempre oficialista Osvaldo Jaldo. El gobernador de Tucumán se separó de la ambición del gobierno y advirtió como un error la jugada del oficialismo. “Es una herramienta de ordenamiento dentro de los partidos políticos, permite hoy que cualquier ciudadano de la provincia que quiera ser candidato legítimamente se puede presentar y competir dentro de su espacio. Entendemos que eliminarlas es en perjuicio de todos los partidos políticos pero fundamentalmente de los ciudadanos, porque votan y quieren participar”, sostuvo en conferencia de prensa.
La dura embestida de Jaldo, sin embargo, no es aislada. Desde hace tiempo, en varias provincias hicieron saber a los interlocutores del oficialismo que la eliminación de las PASO es un punto en el que no están dispuestos a ceder. Para los jefes territoriales la existencia de esta herramienta es fundamental para lograr consolidar su poder y control dentro de sus respectivas comarcas, por lo que eliminarla supondría “un tiro en el pie”, como analiza un gobernador en off the record.

Es en este punto que el ministro del Interior, Diego Santilli, entra en acción. Tanto Javier como Karina Milei le dieron el visto bueno al ex macrista para que se siente a negociar con los gobernadores, a quienes tentarán con la posibilidad de acoplarse a la Boleta Única de Papel y sumar el ya famoso casillero de “lista completa” que les permita un efecto arrastre que tiende a beneficiar a quienes cierren acuerdos electorales con el oficialismo nacional. La idea, hasta ahora, parecería no entusiasmar a muchos mandatarios.
Con esta circunstancia, desde el gobierno ya dan por descontado que el tratamiento de la reforma se retrasará más de lo esperado y no son pocos los que advierten que la misma recién podría ser tratara recién a fines de mayo. Los menos optimistas, incluso, llegan a hablar de “después del Mundial”, situación que complica aún más los planes puesto que la Cámara Electoral exige que todo cambio de esta índole se ejecute con al menos un año de anticipación del llamado a elecciones.
Como sea, en el gobierno insistirán en cumplir sus planes y desde varios despachos se desliza que los Aportes del Tesoro Nacional para las provincias volverán a ser una buena moneda de cambio. En los territorios, por su parte, advierten que ya no son tan fáciles de seducir. La baja de la imagen presidencial en las encuestas y la degradación que día a día sufre el gobierno por la perpetuidad del escándalo del jefe de gabinete no ayudan. Y una vez que los gobernadores huelen sangre, las fieras son difíciles de parar.
TS/CM






