La informalidad laboral continúa siendo uno de los principales problemas del mercado de trabajo argentino. Durante el primer trimestre del año, la tasa de empleo informal alcanzó el 44,2%, lo que significa que más de cuatro de cada diez trabajadores se desempeñan sin estar alcanzados por la legislación laboral, impositiva o de la seguridad social.
Los datos surgen de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y muestran que la precarización laboral afecta especialmente a los trabajadores por cuenta propia. En ese segmento, la informalidad alcanza al 65,2%, mientras que entre los asalariados la tasa se ubica en el 37,9%.
A pesar de ello, los asalariados representan la mayor parte del empleo informal. Del total de trabajadores informales, el 61,5% son asalariados, seguidos por los trabajadores por cuenta propia (35,7%), los empleadores o patrones (2%) y los trabajadores familiares sin remuneración (0,7%). Esta composición responde a que el empleo asalariado continúa siendo la modalidad predominante dentro del mercado laboral, con una participación del 71,8% del total de los ocupados.

La informalidad afecta más a las mujeres
El informe también evidencia una brecha de género. Según los últimos microdatos disponibles de la EPH, correspondientes al cuarto trimestre de 2025, la tasa de informalidad alcanzó el 43% del total de los trabajadores: fue del 41,8% entre los hombres y del 44,4% entre las mujeres.
De esta manera, la informalidad femenina se ubicó casi tres puntos porcentuales por encima de la masculina. Sin embargo, como los hombres representan el 56% del total del empleo, concentran el 54% de los trabajadores informales.
Tener empleo ya no garantiza escapar de la pobreza
El estudio también pone el foco en otra consecuencia de la precarización laboral: el crecimiento del fenómeno de los trabajadores pobres, es decir, personas que, pese a tener un empleo, viven en hogares por debajo de la línea de pobreza.
En el cuarto trimestre de 2025, el 20% de los trabajadores residía en un hogar pobre. Entre quienes se desempeñaban en la informalidad, ese porcentaje se elevaba al 34%, lo que implica que aproximadamente tres de cada diez trabajadores informales vivían en condiciones de pobreza.

La situación resulta aún más crítica al analizar los niveles de ingresos. El 7,2% de los trabajadores informales pertenecía a hogares cuyos ingresos no alcanzaban siquiera el 50% del valor de la canasta básica total. Entre los trabajadores registrados, esa proporción descendía al 1,8%.
A su vez, un 26,5% de los ocupados informales se encontraba en situación de vulnerabilidad frente a la pobreza, con ingresos familiares apenas superiores a la línea de pobreza pero inferiores al equivalente a una canasta y media básica total. Entre los trabajadores formales, ese porcentaje fue del 15,6%.
Los autores del informe concluyen que estos datos reflejan una realidad cada vez más extendida en el mercado laboral argentino: contar con un empleo ya no constituye una garantía para mantenerse por encima de la línea de pobreza, especialmente cuando ese trabajo se desarrolla en condiciones de informalidad.
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