A Ricardo Almirón, enfermero, lo acusan de no haber revisado a Diego Maradona durante su turno, el de la noche del 24 de noviembre de 2020 y la madrugada del 25, día de la muerte. La imputación indica que los chequeos fueron deficientes, y que omitió signos y síntomas de una insuficiencia cardíaca. Treinta y dos audiencias después de haber iniciado el juicio, Almirón habló al tribunal. Con él todos los imputados hicieron, al menos, descargos aclaratorios.
Del relato del enfermero surge una nueva ventana de tiempo en aquella madrugada fatal: escuchó que Maradona se levantó y lo acompañó al baño. Dijo que fue a las 2.30 am. Lo dejó asentado en el grupo de WhatsApp «Tigre» en el que los enfermeros iban a notificando las novedades de su turno y también lo escribió en las hojas de enfermería. Eso contó a los jueces que integran el tribunal oral 7 de San Isidro, Alberto Gaig, Alberto Ortolani y Pablo Rolón. Sin embargo, los horarios registrados no condicen con las 2.30am.
Reglas de un juicio (y cuestión de fe): los testigos no pueden mentir; los imputados sí. Esta visita al baño es relevante porque si sucedió, la agonía no fue «lenta y larga», como refirió el coordinador de la Junta Médica, Carlos Cassinelli, en coincidencia con otros 16 peritos en un informe que se discutirá en las próximas jornadas. Los expertos calcularon que Diego agonizó «unas doce horas», lo que cubre el turno de Almirón y de la otra enfermera, Dahiana Madrid, también imputada en la causa pero que será juzgada parte.
Vamos con el tema del pis, primero. Almirón contó que acompañó al baño a Maradona a las 2.30 de la madrugada del 25 de noviembre. El enfermero reforzó la escena con detalles: «El paciente (N. de la R.: en referencia a Maradona) volvió a acostarse y lo tapé«. Había un inodoro portátil en la habitación, pero Maradona -según refirieron varios testigos en estas 32 audiencias- nunca quiso usarlo. A él no le gustaban «esas cosas», oímos en el sala.
En el chat «Tigre», en el que se reportaban las novedades de las guardias, el enfermero informó a las 8.03 am una «diuresis +», sin más detalles. Lo hizo una hora y media después de haber terminado su turno. Interrogado por su abogado, Franco Chiarelli, Almirón explicó que no lo hizo inmediatamente después de su salida porque tuvo un problema con el cargador del teléfono y que esperó a llegar a su casa para consignarlo. Puede pasar.
También dijo Almirón a los jueces que esa visita al baño quedó anotada en las hojas de enfermería. La planilla que consta en el expediente, al que tuvo acceso La Pluma, dice: «21 hs. Se administra medicación vía oral indicada y se realiza control de signos vitales. Diuresis+, catarsis-. Continúa descansando». La última anotación es de las 7 de la mañana: «Se realiza cambio de guardia, paciente continúa descansando en forma óptima».
Por tradición -se dijo en el juicio-, los enfermeros completan la planillas al finalizar su horario, un racontto con horas estimadas. Aunque la ida al baño quedó registrada en el lapso que va de las 21 del 24 de noviembre a las 7 de la mañana del 25, y si Almirón no mintió y eso sucedió a las 2.30 am, Maradona no agonizó «doce horas» durante la madrugada.
El cambio de guardia con la enfermera Madrid se hizo, según la planilla, a las 7. También por tradición -se dijo en el juicio- el pase debe hacerse al pie de la cama del paciente. En el caso de Maradona hubo una excepción: como le molestaba que entraran en la habitación a controlarlo, el cambio se hizo en el living de la casa del Tigre. Si Diego agonizaba, al pie de la cama ambos habrían podido notarlo. Si agonizaba y no lo notaron, y es porque les pidieron a los enfermeros que evitasen entrar en la habitación.
Es que habían suspendido los controles de signos vitales durante la madrugada. Oímos un audio en el que Almirón le pregunta a Mariano Perroni, su coordinador, si podían darle a Maradona alguna medicación para dormir, que no podía descansar con las entradas en la habitación para el chequeo. Perroni le responde que le avise a la psiquiatra Agustina Cosachov. Ella lo habla con la coordinadora de cuidados domiciliarios de Swiss Medical, Nancy Forlini. Vuelve la orden a Perroni y de ahí a los enfermeros Almirón y Madrid.
La cadena de mando quedó establecida de esa manera. A Diego no se lo podía molestar de noche. Si hubo una agonía extendida mientras él estaba en la cama, pero se impidió el acceso al control y, por ende, no podían observarlo, ¿de quién es la responsabilidad?
Almirón dijo, además, que a las 6.30 -cuando terminó su turno- se retiró de la casa. Pero que antes de irse, abrió la puerta corrediza de la habitación y vio que Maradona «descansaba en buena forma; con respiraciones rítmicas, sin ninguna anomalía».
Vista de lince la del enfermero. Se supone que la habitación estaba completamente a oscuras porque a Maradona le molestaba la luz. Y la distancia entre la puerta corrediza y la cama, surge del expediente, es dos metros de distancia. Maradona estaba boca arriba, afirmó Almirón, y tapado. Pero él pudo contar 17 respiraciones por minuto en reposo, lo normal.
Una regla no escrita de un juicio: una va a buscar respuestas, pero lo que se lleva son (más) preguntas.
VDM










