La economía argentina atraviesa una etapa en la que la desaceleración de la inflación convive con una fuerte presión sobre los ingresos de los hogares, el consumo y el nivel de endeudamiento. Así lo planteó Anastasia Daicich, directora de la consultora Qualy, durante una entrevista del ciclo de streaming de La Pluma Diario. Analizó la evolución de los precios, el poder adquisitivo, la morosidad de las familias y las empresas, el comportamiento de la actividad industrial y el impacto de las grandes inversiones vinculadas con el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Además advirtió sobre las expectativas sobre el último cuatrimestre del año y qué esperar en materia económica en 2027.
Durante la conversación con los periodistas Ezequiel Orlando y Alan Longy, Daicich planteó que uno de los principales problemas de la economía actual es que la desaceleración de la inflación no se traduce automáticamente en una recuperación de los ingresos.
Al analizar la evolución de los precios, Daicich explicó que el proceso de desinflación no puede evaluarse solamente a partir de una comparación mensual. “El proceso desinflacionario no es un proceso de corto plazo”, sostuvo. Según explicó, Argentina arrastra una dinámica inflacionaria que genera mecanismos de actualización en distintos sectores de la economía. “Cuando vos tenés una cronicidad en el cuadro del paciente, eso lleva tiempo”, graficó tras conocerse el dato oficial de agosto de 1,7%.

Para la directora de Qualy, uno de los elementos que dificulta una reducción más pronunciada de la inflación es la existencia de aumentos que continúan impactando sobre los hogares, la mayoría de precios regulados por el propio gobierno. Entre ellos mencionó las tarifas de los servicios públicos, el transporte, las prepagas y los colegios privados. “Eso ya te pone un piso alto”, explicó al referirse particularmente al proceso de recomposición tarifaria.
A ese escenario se suma, según Daicich, una diferencia entre la evolución de los precios y los salarios. La especialista señaló que mientras distintos gastos de las familias continúan aumentando, los ingresos no necesariamente acompañan el mismo ritmo. En ese contexto aparece uno de los conceptos centrales de su análisis: el salario disponible, entendido como el dinero que efectivamente queda después de afrontar los gastos habituales. “Si vos tenés que pagar los servicios que van teniendo mensualmente un ajuste, tanto aguas sanitarias, energía eléctrica, gas, medicina prepaga, colegio privado en el caso de gente que pueda enviar a sus hijos a colegios privados, digo, el salario disponible va a ser escaso”, sostuvo.
La consecuencia de esta situación, según la economista, es una reducción de la capacidad de consumo de los hogares. Pero además existe un segundo problema: durante el período de pérdida de poder adquisitivo muchas familias recurrieron al crédito para cubrir gastos corrientes. Daicich consideró que la morosidad de las familias no debe analizarse únicamente como un fenómeno financiero. “No es un problema financiero, es un problema de solvencia”, afirmó. Y explicó que muchas personas utilizan el endeudamiento como una forma de completar ingresos que no alcanzan para llegar a fin de mes. “Las familias hoy no están llegando a fin de mes, con lo cual tenés que cubrir parte del ingreso con endeudamiento”, señaló.

En esa línea, la especialista cuestionó las políticas que solamente buscan refinanciar las deudas sin atender el problema de fondo. Si una familia logra reestructurar sus obligaciones, pero mantiene el mismo nivel de ingresos, el problema reaparece. “Sin una política de ingresos va a ser muy difícil que las familias, aun eliminando la deuda, vuelvan a poder endeudarse”, sostuvo.
La situación también se refleja en el consumo cotidiano. Durante la entrevista, Daicich relató una situación que había observado personalmente en un supermercado. “Me ha pasado verlo en el supermercado, pagar 10.000 pesos, la señora decir: ‘Bueno, te pago 10.000 y a ver 50 con la tarjeta’”, contó. Según explicó, no se trataba de la compra de un bien de mayor valor, sino de alimentos. “Estaba haciendo una ingeniería para poder comprar alimentos”, relató. Para Daisich, ese tipo de situaciones muestra que el problema excede las estadísticas financieras y se vincula directamente con la capacidad de las familias para sostener sus gastos básicos.
El deterioro del consumo también tiene consecuencias sobre las empresas. Daicich señaló que la caída de las ventas se prolongó durante varios meses y comenzó a afectar los márgenes empresariales. Al mismo tiempo, las compañías enfrentan aumentos de costos, entre ellos los vinculados con la energía eléctrica, mientras la apertura importadora genera una presión adicional sobre determinados sectores.
Uno de los datos que destacó fue la caída de la producción de bienes considerados básicos. “Nos llamó la atención la caída de la producción de panificados, por ejemplo, que eso es un consumo bastante básico”, explicó. También mencionó el comportamiento de productos como fideos y arroz como indicadores relevantes para observar el estado del consumo. Según su análisis, cuando el deterioro llega a esos segmentos, el problema adquiere una dimensión más profunda porque se trata de productos que habitualmente forman parte del consumo esencial de los hogares.

En paralelo, la morosidad empresarial comenzó a aumentar. Daicich señaló que la mora de las empresas “más que se duplicó”, aunque aclaró que parte de un nivel relativamente bajo. La combinación entre caída de ventas, aumento de costos y dificultades para afrontar créditos comienza a impactar sobre las cadenas de pago.
La especialista también describió una transformación del mercado laboral asociada con el cierre de empresas y la pérdida de puestos de trabajo formales. Según planteó, existe un desplazamiento hacia formas de trabajo independiente y emprendimientos con menores ingresos y menos beneficios laborales.

Otro de los ejes de la entrevista fue el crecimiento económico. Daicich reconoció que existen sectores que presentan un desempeño positivo, especialmente el agro, la minería y Vaca Muerta. Sin embargo, sostuvo que ese crecimiento no necesariamente se transmite al conjunto de la economía. “Tenés una trayectoria muy divergente entre lo que es sectores extractivos de recursos naturales y el mercado interno”, explicó.
En ese sentido, consideró que Argentina no puede depender únicamente de un grupo reducido de actividades. “No podés traccionar una economía con tres o cuatro sectores”, afirmó. Para Daicich, la recuperación requiere fortalecer también las economías regionales, la industria y los sectores orientados al mercado interno.
AL/CM










