El nuevo juicio por la muerte de Diego Maradona tiene una dinámica diferente al que terminó anulado. En éste se permiten los contrainterrogatorios, es decir, que las partes pueden preguntar a los testigos propuestos por la parte contraria. Las preguntas son rudas e incisivas, van rápidas como pelota de squash. Y si bien en todas las audiencias hubo, el contrainterrogatorio de Francisco Oneto al perito que dirigió la autopsia de Maradona, Carlos Cassinelli, generó un efecto: el de poner en duda a una eminencia de la medicina forense. A Oneto lo preparó Leopoldo Luque, su defendido, el neurocirujano imputado en la causa.
Cassinelli -36 años de servicio, más de 8.000 necropsias- había dado una lección de anatomía. Con detalle y mientras se exhibía en la sala un video filmado cámara en mano de la operación de autopsia sobre el cuerpo, explicó al Tribunal qué pasó en el organismo del futbolista en la agonía. La conclusión: un edema agudo de pulmón generó un paro en un corazón con insuficiencia crónica. El cuerpo se llenó de líquido y todos los órganos se agrandaron. De ahí, la hinchazón, visible sobre todo en el abdomen.
Venía impecable Cassinelli hasta que se topó con Oneto, el último en contrainterrogarlo, el abogado de Luque. Preguntó a Cesarini si esa hinchazón era producto de la acumulación de líquidos; el perito respondió que al menos la del abdomen, sí. Oneto arremetió: «¿Usted dijo haber hecho la maniobra de Godet?». De inmediato Cassinelli respondió que sí, que la hizo en el lugar del hecho. Entonces el abogado pidió pasar el video de la autopsia en el lugar del hecho, es decir, el examen visual y táctil que le practicaron al cuerpo en la habitación de la casa de Tigre. Ya la habíamos visto, pero bueno.
El signo de Godet es una técnica de exploración que sirve para detectar edema, o sea, acumulación de líquido. Consiste en apretar la piel con los dedos y si se marca un pocito -el signo de Godet- hay retención de líquido. Vemos el tramo del video: Cassinelli y sus colegas repasan con las manos el cadáver. Pero Cassinelli no aprieta la piel.
Y si no aprieta, no hay signo, y si no hay signo, entonces no hay edema, tal como concluyó. El médico dice que apretó la muñeca derecha. Oneto le hace notar que el fotógrafo forense no tomó la foto. «Y si el pocito es tan importante como dice usted, el fotógrafo no tomó la foto…», opinó el abogado.
Ahora el signo de Godet queda perdido entre la indignación de Cassinelli, que no puede creer que lo cuestionen, y Oneto, que lo pisa: «¿Lo hizo o no, el signo de Godet?». Cuando le pregunte cuánto dura la marca que deja la maniobra, el forense dirá -con desgano- «quince minutos, depende». De vuelta: «¿Y usted hizo el signo de Godet en las extremidades inferiores? Porque dijo que sí…». Pero en el video Cassinelli no presiona ni piernas ni pies.
Luque, mientras tanto, iba sacando tomos de Medicina de su bolso. Los apilaba al lado de los apuntes de su abogado. Y le tiraba datos al oído: edición tal, autor tal, cita en tal página. Siguió Oneto pero con otra maniobra: el signo del témpano. Como el de Godet, tiene la finalidad de detectar edema. «Usted dijo que había hecho el signo del témpano y no lo hizo. ¿Es correcto?». Cassinelli, descubierto: «Es correcto».
«Doctor, el corazón: ¿dice que es una miocardiopatía dilatada o dice que es un corazón hipertrofiado, que no es lo mismo?», pincha Oneto. Cassinelli se esfuerza en ser claro, el abogado lo interrumpe. Interviene Fernando Burlando: «Es una barbaridad lo que están haciendo, está la víctima acá. Es irrespetuoso y maleducado. Merece una sanción». Alberto Gaig, presidente del Tribunal, advierte al abogado. Oneto pide que lo sancionen. El forense dice que existen miocardiopatías con pared adelgazada y pared dilatada. Tensión en la sala. Faltan un par de rounds.
Hay revoleos literarios con el peso del corazón. Oneto propone a Vincent Di Maio, reconocido médico legista. El forense dice que no está de acuerdo con Di Maio -a esta altura ya no nos acordamos que escribió Di Maio sobre el peso del corazón-, dice que lo contradice al reconocido-médico-legista y además lo dice como diciendo: sí, me la banco ¿Y qué? Sería gracioso si esto no fuera un juicio donde se intenta esclarecer si alguien mató a Maradona. Y si lo mataron, cómo. O si la muerte lo visitó dormido, como a muchos mortales.
Que si el líquido era espeso o fluido, si fue producto de la cirrosis. Todo aquello fue apenas una introducción. Coacheado por Luque, su abogado defensor tomó carrera para la estocada final:
Oneto: Ustedes encontraron a la víctima boca arriba.
Cassinelli: Así es.
Oneto: ¿Usted podría explicar el concepto de ortopnea?
Cassinelli: Es la dificultad respiratoria de un paciente que está acostado.
Oneto: Y que tiene insuficiencia cardíaca.
Cassinelli: Sí.
Onetto: Es decir que con insuficiencia cardíaca no podría haber muerto acostado.
Cassinelli: No.
De esa forma, Oneto impuso la tesis de la defensa: que la muerte fue súbita y que Maradona no arrastraba ningún cuadro que debiera ser atendido.
«La técnica del contrainterrogatorio fue buena. El contenido que logró, no. Y las conclusiones de los peritos son irrebatibles. No hay que ser experto para ver la hinchazón de la panza de Maradona. Ocurrió una falla de bomba que terminó en una falla multiorgánica», desestimaron desde la Fiscalía.
En los pasillos judiciales suele decirse que «la primera regla del contrainterrogatorio es que no descubre nada nuevo, pero revela lo que pretende ser ocultado«. En los mismos pasillos también se dice que «el peso probatorio de un escarbadientes en un caso que tiene atención mediática puede lograr la peor de las condenas«.
VDM






