El aluvión de reacciones que generó la cadena nacional en la que por primera vez Javier Milei adoptó una postura geopolíticamente estratégica respecto al reclamo por la soberanía argentina en las Islas Malvinas abrió en el gobierno una nueva etapa en la que buscarán que la gestión pase a ser protagonista. Este lunes, el jefe de estado encabezó una nueva reunión de gabinete, la tercera después de ausentarse por diez días de la agenda pública, en la que les pidió a sus ministros que refuercen los esfuerzos y salgan a defender al gobierno que todavía ensaya respuestas para las demandas sobre el aumento de la morosidad y la parálisis económica.
Por más de dos horas, el líder libertario hizo un repaso de los próximos pasos que el oficialismo planea llevar adelante en el reclamo diplomático contra Reino Unido. Además de confirmar que los proyectos para aumentar las sanciones previstas en la Ley 26.659 tendrán como cámara de origen a Diputados, el presidente hizo un orgulloso repaso del impacto mediático y social de su cadena nacional, al tiempo que dio a conocer entre sus ministros que continuará profundizando con las sanciones a empresas y personas jurídicas que operen ilegalmente en las islas usurpadas hace casi doscientos años por la colonia británica. Con esta órden, la reunión de mesa política que tendrá lugar este martes en Casa Rosada sumará al canciller, Pablo Quirno, y el ministro de Defensa, Carlos Presti, para seguir discutiendo los pormenores de esta avanzada.
En el gobierno están convencidos de que con este anuncio no sólo lograrán recuperar el control de la agenda, perdido gracias a una seguidilla de traspiés que inició el ex deslomado jefe de gabinete, Manuel Adorni, y se coronó con la pésima performance legislativa de las últimas semanas. También creen que Milei logrará recomponer el aura de líder y el manto de esperanza de reconstrucción del país que supieron llevarlo en andas hasta el Sillón de Rivadavia. Incluso cuando el escenario diario pareciera indicar lo contrario.

Este domingo la localidad cordobesa de Marcos Juárez, que supo coronarse como el famoso “kilómetro cero” del extinto Cambiemos, la coalición con la que Mauricio Macri llegó a la presidencia, eligió a su nuevo intendente. Después de cincuenta y tres años, el candidato del peronismo logró imponerse en una ciudad de esencia anti-justicialista. El batacazo tuvo como cara visible al intendente electo, Germán Font, quien logró imponerse con más del 45% de los votos en una elección marcada por un fuerte ausentismo consolidado, en mayor medida, por el enojo del electorado con la todavía intendente Sara Majorel, quien no logró mostrar resultados óptimos en su gestión.

Las primeras lecturas del triunfo peronista en la ciudad mediterránea descansaban en advertir un cambio de época y se apresuraron a advertir la posibilidad de traspasar el escenario cordobés al nacional. Sin embargo, dentro del gobierno nacional nunca hicieron foco en estas lecturas y, por el contrario, apuntaron a desacelerar el impacto que tuvieron estos resultados. “Es una estupidez mirar la elección de un municipio como un espejo de lo que puede pasar dentro de un año y medio”, dijo con tono calmo un funcionario al tanto de la estrategia electoral.
En esta misma línea, pese al silencio oficial, el asesor presidencial, Santiago Caputo, utilizó su cada vez más activa cuenta de Twitter para marcar a fuego la política oficial. “Reminiscencias de mediados de ‘22. Falta un año para las elecciones. Diagnósticos apresurados y conclusiones atemporales. La paciencia es una virtud. Para variar, no la ven. Todo marcha acorde al plan”, sostuvo el inquilino del Salón Martín Fierro. La línea fue compartida por varios de los integrantes de la mesa política del oficialismo, que compararon estos comicios con los del 2025 en la Provincia de Buenos Aires. “En septiembre perdimos por 14 puntos y en octubre ganamos el país. Nunca vamos a guiarnos por lo que pasa en un sólo territorio para analizar sobre la situación nacional”, dijo otra fuente.

En este marco, sin embargo, dentro de la Casa Rosada reconocen que el éxito o fracaso de la elección en la que Milei apuntará a conseguir la reelección dependerá en mayor medida a que las mejoras económicas se sientan en el cotidiano de sus propios votantes. Semanas atrás en una de las extensas reuniones de los martes, Luis Caputo hizo particular hincapié a sus compañeros de mesa que el plan económico no tiene más resultados para garantizar y que, desde ahora, el rumbo económico deberá garantizarlo la política.
Fue durante esa charla que el ministro le exigió a los presentes avanzar con los acuerdos electorales con gobernadores, para garantizar el éxito en el Congreso y un escenario de previsibilidad que le permita seguir prometiendo un futuro próspero a cada uno de los inversores a los que les ruega el desembolso de dólares en el país. Karina Milei, ama y señora de la lapicera libertaria, avisó que la estrategia seguirá siendo esperar hasta último momento para sentarse a dialogar, con la idea de que en el apuro y bajo presión los mandatarios cederán más cosas en la negociación. Más de uno se agarró la cabeza.

Como sea, lo cierto es que el oficialismo comenzará a prepararse para lanzar la campaña por la reelección. El primer paso de su lista de tareas será la suspensión de las PASO, con la que el gobierno pretende mantener crispada a la oposición y evitar que la unión les dé la fuerza para imponerse en los comicios. El próximo 15 de septiembre, después de un largo cuarto intermedio, la Comisión de Asuntos Constitucionales comandada por Agustín Coto volverá a reunirse para continuar con el debate que permitirá a La Libertad Avanza, en caso que todo marche acorde al plan, obtener dictamen en las próximas semanas para avanzar con el tratamiento del proyecto en el recinto a inicios de octubre.
Bajo la rigurosa tutela de Karina Milei, el jefe de gabinete, Diego Santilli; el armado nacional Eduardo “Lule” Menem; la senadora y titular del bloque Patricia Bullrich y el vicejefe Ignacio Devitt seguirán estando al mando de las negociaciones con gobernadores y aliados. Del resultado de estas conversaciones dependerá mucho más que sólo el futuro electoral del oficialismo.
TS/CM










