En julio, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró una suba del 2,1%, se aceleró frente al 1,9% de junio y acumuló un incremento del 19,3% en los primeros siete meses del año. En términos interanuales, el aumento llegó al 33,8%. El Gobierno puede mostrar el dato como una inflación sustancialmente menor a la que dejó la gestión anterior. Pero el problema aparece cuando el índice general se contrasta con algunos de los gastos que tienen mayor peso en el presupuesto mensual de las familias: transporte, electricidad, gas, agua, salud, educación y otros servicios.
¿Cuánto aumentaron realmente los precios que enfrentan los hogares argentinos? En esta cuestión aparece una brecha que ayuda a explicar por qué, aun con una inflación oficial que se ubica alrededor del 2% mensual, la percepción de pérdida de poder adquisitivo continúa siendo elevada.

Una inflación promedio que no todos enfrentan
El IPC es, por definición, un promedio ponderado de una canasta de bienes y servicios. Eso significa que no existe una única inflación que afecte de la misma manera a todos los hogares.
Los datos del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA (IIEP-UBA) muestran con claridad esa diferencia. En julio, un hogar promedio del AMBA sin subsidios destinó $ 295.826 para cubrir gastos de energía, transporte y agua potable. Ese monto aumentó 4,6% respecto de junio y fue 53% superior al de julio de 2025.
La diferencia con el IPC es significativa: mientras el índice general registró una inflación interanual del 33,8% en julio, la canasta de servicios analizada por el IIEP-UBA acumuló una suba del 53% en doce meses. Es decir, 19 puntos porcentuales más que la inflación general.
La distancia se vuelve todavía más evidente al observar algunos componentes. Según el mismo relevamiento, el transporte aumentó 73% interanual, la electricidad 48%, el gas natural 39% y el agua 35%.
No se trata necesariamente de una contradicción estadística. Se trata de dos formas distintas de mirar el mismo fenómeno: el IPC intenta medir la evolución promedio de los precios de una canasta representativa, mientras que una familia que tiene que pagar transporte, servicios públicos, colegio y prepaga puede enfrentar una dinámica de precios considerablemente superior.

El problema de los servicios
La política económica de Javier Milei produjo un cambio importante en la estructura de precios relativos. El Gobierno avanzó con la reducción de subsidios y con actualizaciones tarifarias que buscaron acercar el precio que pagan los usuarios al costo de los servicios.
En julio, por ejemplo, se actualizaron nuevamente las tarifas de electricidad y gas y también se incrementaron los impuestos sobre los combustibles. Para la electricidad, el componente de distribución tuvo una actualización del 2,39%, mientras que los costos propios de distribución aumentaron 2,95% en Edenor y 2,76% en Edesur.
En agosto, la presión sobre el presupuesto familiar continuó. La tarifa de gas aumentó 2,99% a nivel nacional y la electricidad en el AMBA tuvo una suba del 1,8%. A eso se sumaron aumentos de transporte y medicina prepaga, entre otros servicios.
El resultado es una economía en la que la inflación general puede desacelerarse mientras determinados precios regulados continúan aumentando a un ritmo considerablemente mayor.
Alimentos, otro frente de presión
Los alimentos tampoco muestran una dinámica completamente alineada con el IPC general.
En los primeros siete meses de 2026, los alimentos y bebidas no alcohólicas acumularon una suba del 20,2%, por encima del 19,3% del nivel general. En julio, además, las verduras, tubérculos y legumbres aumentaron 8,3%, con fuertes incrementos en algunos productos puntuales dentro del Gran Buenos Aires. Esto resulta particularmente relevante porque los hogares de menores ingresos destinan una proporción mayor de sus ingresos a alimentos.

¿El IPC mide menos inflación de la que existe?
La discusión no se limita a la composición mensual de la canasta. Existe un debate metodológico sobre qué canasta utiliza el INDEC para construir el IPC.
La discusión se reavivó durante 2026 a partir de la decisión de no implementar la nueva estructura de ponderaciones basada en patrones de consumo más recientes. Los análisis sostienen que la canasta vigente otorga un peso diferente al que tendría una estructura más actualizada en rubros como vivienda, transporte y comunicaciones.
Por ejemplo, si uno compara la canasta que se mide con una estructura de consumo más reciente, se encuentra con diferencias importantes en la inflación acumulada desde noviembre de 2023. Según esa estimación, el resultado habría sido 466% con la nueva canasta frente a 317% con la vigente, hasta enero de 2026.
Ese cálculo no puede ser presentado como “la inflación verdadera” de la Argentina, porque se trata de una simulación con otra estructura de ponderaciones y no de un índice oficial alternativo. Pero sí resulta relevante para mostrar que la metodología elegida puede modificar de manera significativa el resultado final.
La inflación que importa para el bolsillo
El dato oficial sigue siendo el indicador de referencia y no hay razones para reemplazarlo por una cifra arbitraria. Pero tampoco alcanza con observar exclusivamente el IPC general para entender qué está pasando con el costo de vida.
En julio, la inflación volvió a superar el 2% mensual. La inflación núcleo fue de 1,8%, mientras que los precios regulados aumentaron 2,1% y los estacionales 4,5%. En los primeros siete meses del año, los regulados acumularon una suba de 25,7%, muy por encima del 19,3% del nivel general.
La pregunta, entonces, no debería ser solamente si la inflación bajó respecto de los niveles de 2023 o 2024. La pregunta económica más relevante es cuánto cuesta hoy sostener el mismo nivel de vida que hace un año.
Es ahí cuando los números muestran una realidad menos favorable que la que surge del IPC general: mientras el índice oficial acumula 19,3% en lo que va de 2026, algunos de los gastos que no pueden postergarse -transporte, energía, agua y salud- aumentan bastante más rápido.
La inflación no es solamente el 2,1% que publica el INDEC. Para cada familia, la inflación depende de qué compra, qué servicios utiliza y cuánto de sus ingresos debe destinar a esos gastos. Y en varios de los rubros más difíciles de evitar, el aumento de precios está bastante por encima del promedio.
RM/EO









