Pocos dirigentes hablan con frontalidad sobre su propio espacio como Eduardo Valdés lo hace en el peronismo. En diálogo con La Pluma Diario, dice sin rodeos que el PJ no puede ignorar a Cristina sin traicionar su propia historia y advierte que Dante Guebel no es peronista ni pastor. Tanto él como la vicepresidenta Victoria Villarruel son inventos ajenos al movimiento, opina el diputado. Dice también que las PASO deben existir y que solo Javier Milei las quiere eliminar porque le conviene. Desde su punto de vista el gobierno practica la necropolítica: «Deciden quiénes viven y quiénes mueren», en alusión al colectivo de discapacidad y jubilados, dos de los más afectados por la «motosierra profunda».
En 1992 Valdés perdió dos familiares en el atentado a la Embajada de Israel y vincula ese episodio directamente con la política exterior de Carlos Menem, trazando desde ahí una línea hasta el alineamiento de Milei. Se identifica en otra orientación, la del Papa Francisco, a quien conoció desde que era arzobispo de Buenos Aires y con quien compartió años de trabajo diplomático en el Vaticano.
Abogado nacido en Córdoba, estudió en la UBA y completó maestrías en Relaciones Internacionales en Murcia y Georgetown. Fue convencional constituyente en 1994 —donde conoció a Néstor y Cristina Kirchner—, jefe de Gabinete de la Cancillería con Rafael Bielsa y embajador ante la Santa Sede entre 2014 y 2015. Organizó las cuatro reuniones entre Cristina y Francisco en 2015, la visita de Maradona al Vaticano y el encuentro del Papa con dirigentes de La Cámpora. Es diputado nacional por CABA desde 2019. Tiene un bar en Almagro con estatuas en tamaño real de Perón, Evita, Alfonsín, Tita Merello y el Papa Francisco.

—¿Cómo define la situación actual del gobierno?
—Me parece que le picaron el boleto al gobierno. Lo de Adorni es una continuidad de una forma de trabajo. No es distinto de lo que pasó con Espert, no es distinto de lo que pasa con Reidel —que era el presidente de Nucleoeléctrica, íntimo de Milei, imputado esta semana por gastos millonarios con tarjetas corporativas en discotecas, peluquerías y free shops en el exterior— y no es distinto de lo que pasa con $LIBRA ni de otras tantas cosas. En estos dos años se ha notado un proceder. Y me parece que esto es muy parecido a algo que la sociedad argentina conoce bien: empezaron con los jubilados, y como yo no era jubilado no dije nada. Siguieron con las personas con discapacidad, y como yo no era persona con discapacidad no dije nada. Siguieron con los estudiantes universitarios, con los docentes, con los médicos, con el personal de salud, con los periodistas… Pero fue tan absurdo el comportamiento de los que gobiernan que hoy están en el nivel más bajo de popularidad. Y es muy difícil que puedan remontar esto, ni siquiera con la situación económica. Hay un gran descrédito de parte de la sociedad.
—¿Es esto lo que advierte Bullrich? Toma distancia del gobierno para jugar sola… ¿o volver con Macri?
—No creo que vuelva con Macri. Nunca le he visto volver al lugar donde estaba antes. Primero militó en la Juventud Peronista, después pasó al menemismo directamente. De Menem pasó a la Alianza, apoyando a De la Rúa antes de que llegara al gobierno. Después estuvo con Carrió, después con Macri, después con Milei. Y ahora estamos viendo esto con Bullrich. Una más y van…
—En su momento, también el Frente de Todos supo tener una fuerte interna, de hecho pareciera que el peronismo sigue fragmentado hoy, sin un liderazgo claro visible. ¿Cómo lo van a resolver?
—En el peronismo los liderazgos tienen que emocionar, producir eso en las personas. Yo al menos siempre he visto que el ingrediente de la emoción es muy importante para quien conduce. Y yo siento que sigue emocionando Cristina, que está impedida de ser candidata, pero eso no significa que se la tire a un costado. Yo no comparto con estos espacios políticos o sindicales que para hablar a la sociedad necesitan ignorar a Cristina. Me parece muy poco peronista eso.
—¿Se refiere a lo que hace Axel Kicillof, que trata de desmarcarse de La Cámpora?
—Yo no sé si Kicillof es la persona que lo hace. Yo tengo aspiración y esperanza de que Kicillof va a encontrarse con Cristina. Porque Kicillof genera. Fui al acto de la CGT y estamos hablando de un acto que se supone reclamaba por los derechos laborales. Y la verdad que la persona que más derechos laborales le ha dado en el siglo XXI a los trabajadores es Cristina Fernández de Kirchner. Ignorarla me parece un gesto de no defensa de los derechos laborales. Porque si con eso creen que el gobierno los va a escuchar mejor, se equivocan. El gobierno practica lo que el Papa Francisco denunció como la cultura del descarte. Y para ellos, los trabajadores son descartables, como son descartables las personas con discapacidad y los jubilados. Entonces frente a eso nos tenemos que juntar los que creemos en los derechos laborales. Y por eso no puede ser que sea más fácil para un dirigente sindical fotografiarse con un pastor pentecostal que hablar de la realidad política argentina que incluye a Cristina como la principal referente de los derechos laborales en el siglo XXI.
— ¿Habla de Dante Guebel y a cierto sector del sindicalismo que lo está acompañando o apoyando?
—Exactamente. No entiendo la justificación. Y además ponen imágenes del Papa Francisco junto a alguien que practica la teología de la prosperidad, que es lo inverso de la teología del pueblo que practica Francisco… La teología de la prosperidad dice que el objetivo es ser rico y que el que no es rico es un estúpido. Eso se llama la teología de la prosperidad. Dante Guebel incluso dijo en un reportaje con Luis Novaresio que ni siquiera era pastor, cosa que yo dudo, y que ni que era peronista. La teología del pueblo dice: abracémonos con los que necesitan tierra, techo y trabajo, y trabajemos para que cada uno tenga esa dignidad. Son dos cosas completamente opuestas.

—Entiendo. Pero ¿no cree que algunos nombres como Guebel, Brito, incluso Villarruel, son esas estrategias para atraer al desencantado de Milei y debilitarlo?
—Para practicar mi identidad peronista, que no tiene nada que ver con la antítesis y la praxis de Milei, no tengo que hacerme neo-mileísta. Yo, sinceramente, soy más peronista que nunca. Y admito que hemos cometido errores y no los volveremos a cometer. Pero de ahí a abdicar de mi historia… yo soy peronista sin beneficio de inventario. El peronismo tiene 80 años de vida y le ha dado felicidad al pueblo, no es que le ha dado tristeza al pueblo argentino. Desde Juan Perón hasta Alberto Fernández inclusive, me lo pongo a cargo. Y me parece que en el debe y el haber somos los que hemos practicado los derechos sociales con mayor intensidad. Y de eso se trata volver ahora.
—Hay dos nombres que sí suenan más fuerte dentro del peronismo. Sergio Uñac, al parecer, con el visto bueno de Cristina y la reaparición de Sergio Massa. ¿Son candidatos posibles para 2027?
—No soy quién para objetar a Sergio Uñac, que ha sido un gobernador importante de la provincia de San Juan, es senador nacional actualmente, integrante del bloque Unión por la Patria. Y Sergio Massa ha sido candidato a presidente en nuestro espacio. Tiene todas las posibilidades de que si quiere ser candidato de vuelta lo sea. Pero entre todos, no ignorando a las referencias más importantes. Y no inventando personas que no existen en la historia del peronismo, que ni siquiera se dicen peronistas.
—Hablando de las PASO: ¿qué podría pasar si avanzara la iniciativa de eliminarlas? Hay dirigentes incluso no peronistas que dicen que es una estrategia del gobierno para desordenar a la oposición, pero también hay un desencanto social que se ve en la baja participación en las primarias.
—Es muy simple. Cuando hay que discutir un liderazgo, cuando tienen que surgir nuevos liderazgos, las PASO son indispensables. Cuando hay liderazgos ciertos, a veces no es necesaria la PASO. Pero las PASO deben existir. Si los movimientos políticos tienen hoy la discusión de liderazgo que tienen, se resuelve con una PASO. ¿Por qué las vamos a eliminar? El único sector político que está diciendo que no a las PASO es Milei, porque entiende que las PASO le pueden perjudicar a él. Es el único. No lo escuché al PRO, no lo escuché a los radicales, no lo escuché al peronismo. Me parece que es más un juego mezquino del mileísmo que una realidad que se necesita en el sistema político. Igual que el financiamiento: yo soy de los que creen que el financiamiento debe ser público. No me gusta el financiamiento privado. La democracia tiene que ser ecuánime y la ecuanimidad la dicta el Estado Nacional, no el que acepta más fondos, no el más rico que le pone plata al que quiere que defienda sus intereses, como puede suceder con Mercado Libre y Milei.

—Alberto Fernández empezó a tener una reaparición pública. ¿Sigue hablando con él? ¿Existe el albertismo como corriente dentro del peronismo?
—Yo inauguré una línea interna dentro de ese gobierno que llamé «frentetodismo al palo». Jamás estuve de acuerdo en armar ningún ismo. Yo creía que en la unidad entre presidente y vicepresidenta estaba la solución de nuestro espacio político. Nunca me habrás visto armando el albertismo porque lo discutía con él mismo. Ahora, no lo veo a Alberto Fernández con aptitud electoral, no creo que él lo haya planteado. Se está defendiendo de la cuestión judicial. He leído que la Cámara de Casación lo sacó de la cancha en el tema de los seguros, le dictaron la falta de mérito. Me parece bien que vaya resolviendo esa situación. Lo creo un hombre honesto, no lo creo un delincuente. Y yo hablo con él. En estos tiempos que muchos se borran, yo hablo. Hablo con Cristina, hablo con Alberto. Quiero ir a ver a Julio De Vido a la cárcel. No puedo. Pero creo que esa gente es honesta. Me gustaría que los juzguen jueces imparciales. No puede ser imparcial un juez que aparece jugando al fútbol en la casa de su denunciante. O después cuando apelan, quien lo juzga es el juez que va a jugar al pádel en la casa del mismo denunciante.
—¿Cree que la justicia es macrista o mileista? Hay causas abiertas —$LIBRA, ANDIS, Adorni— de las que se cuestiona si avanzan o no.
—Yo tengo obligación de creer en la justicia. Y cuando veo falta de imparcialidad, lo digo públicamente. En el caso de las causas contra este gobierno, creo que están avanzando. Algunas más rápido, otras no tanto. Pero quiero creer que va a haber justicia. Porque si no, ¿para qué me levanto todos los días y trato de construir? Tengo obligación de creer.
—Hay otro conflicto que está muy lejos pero que forma parte de una nueva discusión nuestra: la guerra en medio oriente tiene a quienes defienden a Palestina y a quienes hacen lo propio por Israel ¿Cuál es su posición, la que le gustaría que tuviera el país si mañana vuelven a gobernar?
—Tuve la suerte de ser embajador en el Vaticano cuando sucedieron cosas que me parecen indispensables de recordar. Vi al Papa Francisco viajar a Palestina y a Israel, juntarse con Mahmud Abás, presidente de la Autoridad Palestina, y con Shimon Peres. Lo que él quería que sucediera —un abrazo en el Muro de los Lamentos— no pudo concretarse en ese momento porque Abás necesitaba más tiempo. Pero veinte días después del regreso del Papa, los dos pudieron encontrarse en el Vaticano y pedir juntos por la paz. Eso fue en 2014. Yo creo que es indispensable el respeto a Palestina y a su integridad territorial, así como Israel merece tener la tierra que le fijó Naciones Unidas en 1967, esa y no más. Lo que está sucediendo en Gaza hoy es una matanza, es una crueldad. No comparto este mundo de violencia, este mundo de que el que la tiene más grande invade otro país.

—¿Y qué consecuencias trae el giro geopolítico de Milei de defender a rajatabla las causas de Estados Unidos e Israel?
—Me llevás a un tema muy caro para mis sentimientos. En 1992 se produjo el atentado a la Embajada de Israel. Yo tenía dos familiares, tíos abuelos míos, Lidia Garzón Gordillo de Duarte y su hermano Ricardo, que estaban durmiendo la siesta en un edificio lindante con la Embajada, en la calle Arroyo. Ese edificio fue destruido. Y hasta el día de hoy la Corte Suprema no ha dictado fallo. Pero eso fue consecuencia de que Menem había integrado la alianza de invasión a Irak que lideraba George Bush, en el mismo momento en que Yitzhak Rabin, primer ministro israelí, estaba firmando la paz con Yasser Arafat en Oslo. Y dos años después vino la segunda bomba, la de la AMIA. ¿Por qué tenemos que participar nosotros ahora de una situación en la que deberíamos ser lo que Argentina ha sido históricamente: un país que predicó la paz? Tenemos dos premios Nobel de la paz. Saavedra Lamas, en los años 30, por haber intercedido entre Bolivia y Paraguay para lograr la paz. Deberíamos seguir siendo eso. Yo vi de cerca al Papa Francisco mediar cuando Barack Obama le pidió que intercediera para reabrir la embajada entre Cuba y Estados Unidos. Lo vi convocar al ex presidente Uribe y al presidente Santos, ir a Colombia y firmar la paz con las FARC. Lo vi caminar hacia Ciudad Juárez y rezar una misa en la frontera entre México y Estados Unidos para impedir que Trump construyera el muro. De esa escuela vengo: la lucha activa por la paz, no solo la prédica. No es una escuela religiosa: es una escuela laica de práctica de convivencia de los seres humanos, sean musulmanes, sean judíos, sean cristianos, sean agnósticos.
—¿Esa mirada cambió con el nuevo Papa en el Vaticano?
—No, no creo. Y si no, veamos lo que está sucediendo: el nuevo Papa ya levantó la voz exigiendo la paz y la no intromisión de Estados Unidos en asuntos de otros países. Tienen estilos distintos, que es diferente a tener convicciones distintas.
—Por último, hay una situación alarmante que es la del colectivo de discapacidad, que encima ahora tienen un proyecto de ley del gobierno para revisar las pensiones. El oficialismo dice que esas pensiones por discapacidad pasaron de 70.000 a 1.200.000 en los últimos años y que eso exige auditorías. Del otro lado, el colectivo acusa maltrato y discriminación. ¿Qué opina sobre este escenario?
—Este gobierno practica la necropolítica: los que gobiernan deciden quiénes viven y quiénes mueren, la necropolítica. Este gobierno practica eso, quiénes son los que van a vivir muy bien y quiénes muy mal. Están aumentando los suicidios en Argentina, es público. El colectivo de las personas con discapacidad es el más atacado por este gobierno, al punto que llegaron a escribir en un decreto que eran «idiotas». La sociedad está resistiendo. Y le digo a los que hablan del número de pensiones: según un censo que hizo la entonces vicepresidenta Gabriela Michetti, que no tiene nada que ver con mi pensamiento político, el 12% de la población argentina en 2016 o 2017 eran personas con discapacidad, es decir unos casi 6 millones de personas que tendrían derecho a tener una pensión. Y si no la tienen es por los trámites que les exigen los burócratas para que nunca accedan. Un millón y medio es nada al lado de la totalidad. Y ni te digo la cifra actual con los problemas económicos que hay hoy, porque la principal causa de la discapacidad es la desnutrición.
JD/CM






