La inédita decisión de Lula Da Silva de retirar a su embajador en Buenos Aires y rebajar al mínimo la relación diplomática con la Rosada desató una catarata de reacciones en el espectro político, tanto desde el propio Gobierno como desde los principales referentes del kirchnerismo y del massismo.
Patricia Bullrich fue la primera voz oficialista de peso en pronunciarse tras conocerse la rebaja diplomática.
En un posteo en X, apuntó contra Lula: «El 3 de julio de 2025, el presidente Lula visitó a la presidiaria Kirchner en su casa-cárcel para respaldarla políticamente. La Argentina no respondió con un gesto diplomático».
El 3 de julio de 2025, el Presidente Lula visitó a la presidiaria Kirchner en su casa-cárcel para respaldarla políticamente.
Argentina no respondió con un gesto diplomático. Porque los intereses de los Estados están por encima de las actividades políticas de los gobiernos de… pic.twitter.com/bI0kVBcuXu
— Patricia Bullrich (@PatoBullrich) August 5, 2026
Y agregó: «Los intereses de los Estados están por encima de las actividades políticas de los gobiernos de turno. Lamentablemente, parece que Brasil elige otro camino».
En Radio Mitre, relativizó los insultos de Milei y acusó a Lula de doble estándar: «Es una exageración. Lula vino a la Argentina, visitó a Cristina y nadie le dijo nada. En agosto de 2023 recibió a Sergio Massa y le dijo que quería que sea el próximo presidente. Apoyó a Arce, a Boric, a Petro». Y cerró: «¿Por qué él lo hace y no quiere que otros lo hagan?».
Más tarde, en LN+, pidió que Brasil «no se victimice» y trazó un paralelismo con un antecedente previo: «Cuando Alberto Fernández dijo que los brasileños venían de la selva, Lula se quedó mudo».

No fue la única reacción del Gobierno. La cancillería argentina ya había respondido con un comunicado en el que acusó a Brasil de «aislarse» por «cuestiones puramente ideológicas», mientras la oposición volvió a cuestionar a Javier Milei por poner en riesgo el vínculo con el principal socio comercial del país, en medio de la peor crisis bilateral de las últimas décadas entre ambos Gobiernos.
«La República Argentina toma nota de la decisión adoptada y lamenta su decisión de continuar aislándose del resto de la región por cuestiones puramente ideológicas», planteó la Cancillería en su respuesta, en la que además remarcó que el país «nunca respondió a una diferencia política con acciones de carácter institucional».
El comunicado fue compartido por el canciller Pablo Quirno, que apenas unos días atrás había intentado bajarle el tono a la crisis: «Por nuestra parte, no hay posibilidad de romper relaciones. No vamos a llevar esto al nivel institucional», había asegurado, en una previsión que la propia Brasilia terminó desmintiendo con la rebaja diplomática.

El vocero presidencial, Adrián Ravier, también salió a bajarle el dramatismo al episodio: sostuvo que «las diferencias ideológicas entre ambos presidentes no tienen como intención alterar las relaciones diplomáticas ni comerciales» y que las declaraciones del jefe de Estado «forman parte de sus convicciones políticas», en un intento por despegar el plano personal del institucional.
El propio Milei, lejos de bajar el tono, redobló la apuesta en varias entrevistas: explicó que basa sus acusaciones contra Lula en que la condena que pesaba sobre el brasileño fue anulada por un «error administrativo» de la Justicia de ese país, sin llegar a demostrar en ningún momento su inocencia.
Y agregó, desafiante: «Mientras yo sea presidente, mientras yo esté vivo, nadie de afuera va a meterse en las elecciones brasileñas», en una nueva señal de que no piensa moderar el tono pese a la reacción de Itamaraty y al costo diplomático ya evidente.
La catarata de agravios sobre el mandatario brasileño se inscribe en la apuesta diplomática que Milei está desplegando a nivel regional: en las antípodas de Lula, el presidente emprenderá esta noche un viaje a Ecuador y Colombia para visitar a dos de sus principales aliados en Sudamérica.
Tras la visita a Lima para la asunción de Keiko Fujimori en Perú, el argentino presenciará en Colombia este viernes la toma de posesión de Abelardo De la Espriella, el candidato que venció a Iván Cepeda, poniendo fin a la gestión progresista hasta ahora encarnada en el presidente saliente Gustavo Petro. Antes, Milei hará una escala en Ecuador para reunirse con Daniel Noboa, otro de los mandatarios con los que mayor afinidad.

La oposición vuelve a la carga
En un comunicado, el PJ había calificado a los dichos de Milei de «una vergüenza para la historia de la integración regional e inadmisibles en la boca de un presidente de la nación» y sostuvo que la Argentina atraviesa «la página más negra de la política exterior» con Brasil.
El Frente Renovador de Sergio Massa advirtió, en un comunicado firmado por dirigentes de todo el país, que «de la relación con Brasil dependen miles de PyMEs, industrias y empleos argentinos» y que «la falta de respeto al principal socio comercial del país no es un exabrupto menor, es un costo económico concreto» que terminan pagando trabajadores y empresas.

El diputado massista Alexis Guerrera había sido más directo todavía: «Cada agravio de Milei no lastima a Lula, lastima a la industria, al comercio y a los trabajadores argentinos que dependen de esa relación bilateral». El propio Massa, por su parte, celebró que «los que laburan» con el espacio «entiendan la interacción de la producción argentina con Brasil».
Las críticas no se limitaron al peronismo. Maximiliano Ferraro, diputado de la Coalición Cívica, atribuyó la responsabilidad de la crisis al accionar del Gobierno. Además, propuso que «si Milei no va a disculparse ni a rectificarse, debe hacerlo el Congreso de la Nación en nombre de toda la República y así poder restablecer las relaciones normales con Brasil».
BRASIL: SI EL PRESIDENTE NO SE DISCULPA DEBE HACERLO EL CONGRESO EN NOMBRE DE TODOS LOS ARGENTINOS.
Los agravios personales de Milei contra Lula terminaron provocando una de las crisis diplomáticas más graves de las últimas décadas con Brasil. El llamado a consultas, el…
— maxi ferraro (@maxiferraro) August 5, 2026
Simultáneamente, crece la preocupación por el potencial impacto económico de la crisis. Un relevamiento de la Fundación Encuentro estimó el costo potencial del conflicto en 44.767 millones de dólares, una cifra que combina el intercambio comercial anual con el stock histórico de inversiones brasileñas en el país.
Brasil, principal socio comercial del país, concentra el 14,7% de las exportaciones argentinas y es el origen del 24,3% de las importaciones, en un intercambio bilateral que en 2025 alcanzó los 31.195 millones de dólares.
El anuncio que desató la crisis
El Gobierno de Brasil había confirmado el martes que reduce el vínculo diplomático con la Argentina al nivel de «encargado de negocios» y que su embajador, Julio Bitelli —ya llamado a consultas desde fines de julio—, no regresará a Buenos Aires «por tiempo indeterminado». Es una medida sin precedentes en la relación bilateral.
La decisión fue comunicada por el canciller brasileño Mauro Vieira al embajador argentino en Brasilia, Daniel Raimondi. El detonante final fue la seguidilla de entrevistas de los últimos días —con Majul, Feinmann y Trebucq—, en las que Milei volvió a llamar a Lula «ladrón» y «presidiario».
JL/CM










