Nicolás Taffarel, masajista de Diego Maradona, puede jactarse de algo: que Maradona nunca lo haya rechazado durante la internación domiciliaria, como sí sucedía con los enfermeros, acompañantes terapéuticos o Leopoldo Luque. En la mañana del 24 de noviembre de 2020, el día anterior a la muerte, Taffarel –«Taffa» o «Taffita», para Diego- entró en la habitación de la casa del Tigre y quiso animarlo: «¿Qué hacemos hoy, Diez? ¿Querés entrenar? ¿Tomamos unos tereré?». Maradona llevaba dos días encerrado, a oscuras. «‘No, no. No quiero nada, Taffita, ya está. Ya está’, me respondió. Eso fue lo último que me dijo», declaró esta mañana el masajista.
Audiencia 32. Empieza a cerrarse el segundo gran bloque en el que organizaron este debate: cómo fueron esos 14 días de internación domiciliaria en la casa del Tigre. Taffarel visitó a Maradona todos los días entre el 12 y el 24 de noviembre, menos dos domingos (el 15 y el 22). A Diego le gustaba que le masajeara los pies.
«Estaba hinchado. Le habían cortado el diurético», dijo el masajista a los jueces durante el interrogatorio del fiscal Patricio Ferrari. Según su relato, Maradona era propenso a la retención de líquidos y solía tomar un diurético. Ese tipo de fármaco se utiliza además para regular la presión arterial y la insuficiencia cardíaca. Taffarel dijo que que fue la enfermera -posiblemente Dahiana Madrid, imputada en este juicio– le contó que ya no lo tomaba. Pero no recordó, si es que alguna vez lo supo, quién había indicado que cese la administración de ese medicamento.
El testimonio es relevante para la acusación pública: parte de la tesis de la fiscalía es que el cuadro de Diego se resolvía con un diurético. Sencillo, pero nadie que formara parte del dispositivo de atención dedicado a Maradona atendió.
Para Taffarel, lejos de revertirse esa situación, «la hinchazón se gravó». A modo de ejemplo, contó a la jueces que Diego usaba una pulserita roja con un ojo azul, «y la tenía incrustada en la piel». Aseguró, también, que dio aviso a Luque, neurocirujano y amigo personal Diego, imputado en esta causa. Oímos un audio en el que el masajista le dice «tienen que venir todos los días, Leíto». Luque le responde que la hinchazón «ya va a pasar», que lo que quisiera saber es por qué Maradona no quiere levantarse de la cama.
De acuerdo a su testimonio, no sólo Luque estaba al tanto, sino Verónica Ojeda, madre del menor de los Maradona; Jonathan Espósito, sobrino de Diego, y conviviente; y el secretario Maximiliano Pomargo. Habló además de los cambios de humor -«Diego tenía días; a veces estaba bien, a veces no»- y también físicos -«Diego tenía cambios en su cuerpo día tras día»-.
Esa última mañana, la del 24, Taffarel se movió en la oscuridad de la habitación de Maradona. Una ventana tapiada con durlock; otro ventanal detrás del cortinado blackout. El inodoro portátil. Las gasas, el algodón y las cintas hipoalergénicas en una mesita. Y Diego boca arriba en la cama, que no quería comer ni higienizarse. Taffarel se agachó para saludarlo. Bastó un reflejo de luz para que el masajista viera que el estado físico de Maradona no había cambiado. Igual que una semana atrás, seguía con los ojos enterrados en la cara. El martes anterior a ése había usado una imagen menos feliz para comunicárselo a Luque: «Tiene los ojos como una teta».
VDM










