Carlos Díaz llegó a la vida de Diego Maradona un mes antes de la muerte. Es, junto a Leopoldo Luque y Agustina Cosachov, uno de los más comprometidos en este juicio en el que intentan establecer las responsabilidades médicas entorno al fallecimiento del futbolista. «Todos queríamos lo mejor para Maradona», dijo y explicó en qué situación estaba Diego: «Policonsumidor, bipolar y con trastorno de la personalidad». Habló con la velocidad de un fórmula 1: «Un país entero se ponía de rodillas frente a él. Y a él, una copa de vino lo ponía de rodillas».
No termina de quedar claro para qué era el dispositivo de internación domiciliaria: si para que Maradona se recuperase de la cirugía por el hematoma subdural o para rehabilitarlo del consumo de alcohol. En realidad sí está claro, el problema es que cuesta asumirlo. «El día que conocí a Maradona me recibió con una copa de vino en la mano», contó Díaz. El psicólogo tiene cantidad de títulos encima y los enumeró al principio de la declaración: másters y trabajo en barrios vulnerables de La Matanza y San Martín. «Yo detecté que Maradona tenía un real deseo de cambio», aseguró.
Se va develando, en este juicio, que más que afecciones cardíacas, su problema era de salud mental. «Se aislaba, se encerraba o se quedaba en el huevito», dijo Díaz. Ese tipo de información la consiguió luego de aquella primera entrevista cuando empezó a hablar con los convivientes del futbolista, Maximiliano Pomargo, cuñado del manager Matías Morla, y Jonathan Espósito, el sobrino de Diego. «Tenía un sueño irregular. Se despertaba a las seis de la mañana y volvía a dormirse. Es normal cuando se mezcla alcohol con psicofármacos«, siguió.

Dijo que acordaron con Luque y Cosachov hacer un chequeo general. Así fue que Diego terminó en la clínica Ipensa y de allí, a la Clínica Olivos, donde lo operaron de un hematoma subdural. Días fue a verlo en dos ocasiones. La primera vez, Maradona estaba dormido y la segunda, demasiado somnoliento. «Mi participación activa fue en la reunión donde se decidió la internación domiciliaria. Estábamos en pleno Covid y no era posible pensar en un dispositivo grupal. Yo enfaticé en el abstencionismo. Nada de alcohol», agregó.
El psicólogo remarcó que el acompañamiento es fundamental en este tipo de procesos y remarcó que «la familia siempre cooperó» aún cuando «había fricciones». También cuestionó los chats que los acusadores ofrecen como prueba, dice que están fuera de contexto. «‘Pasar la pelota’ como dice el chat que mostraron es que el paciente tome decisiones respecto del tratamiento. En el caso de Diego, darle el celular para que él elija a quien quiere ver. En el caso de la familia es haberle propuesto a Gianinna hacer una lista de gente para que vaya a verlo o pedir que los jugadores del ’86 le hagan videollamadas. Si la familia no esta alineada no funciona«.
Maradona se instaló el 11 de noviembre en la casa del Tigre y estuvo de buen humor hasta el 18, según varios testigos. «El 18 de noviembre fue un punto de quiebre. Diego los echó a todos», detalló Díaz. También hizo referencia a ese día Verónica Ojeda. Dijo que ese día él se acercó a la puerta plegable que separaba la cocina de la habitación. Escuchó que Maradona le gritó: “No es el momento, no es el momento”.
Aprovechó Díaz para volver a reclamar por los chats, descontextualizados: «Recortan que yo escribí ‘era un monstruo mal’ pero no muestran que abajo puse «irritabilidad propia de la fase depresiva del trastorno bipolar». Al psicólogo lo acusan de haber aislado a la familia entre el 18 y el 23 de noviembre. Díaz dice que estas enfermedades son crónicas, que el estado de ánimo en los pacientes puede ser oscilante y que hay que darles espacio. También desmintió el «para no quemarnos», una frase que aparecen en el chat. Quiso aclarar que la primera no fue escrita «en un sentido legal». En el contexto de encierro por la pandemia, él y Cosachov -con quién tenía más contacto- tenían mucha demanda en cuanto a salud mental.
Dos días después, el 21, Pomargo envía una foto al grupo con este mensaje: “Bueno, acá Diego salió de la habitación”. Almorzaban, Diego sonreía. Aparecía el alivio. Pero el día siguiente a la mañana, Pomargo reportó: “La noche estuvo complicada. Diego tenía ganas de tomar, me pidió si podía darle un vaso de cerveza”. Díaz quedó preso de la regla que había impuesto -dar espacio-, y el 21 y 22 le escribió a Pomargo y a Espósito: «Si Diego habilita mi presencia, voy». Pero Diego no habilitaba. Entonces cambió la estrategia. Acordó con Cosachov ir juntos el 25. Cuando llegaron a la casa de Tigre, Maradona ya no tenía signos vitales.

El psicólogo no aceptó preguntas más que de su abogado, Diego Olmedo. Consultado acerca de cuál fue la «ganancia» que obtuvo por la muerte del futbolista, Díaz respondió: «Todo fue pérdida económica y emocional, más que nada de mi familia. Lo que me da impotencia es que estaba convencido por lo que había evaluado que el paciente quería estar sobrio. Diego Maradona arrancó consumiendo y terminó su vida con 23 días limpios. Me parte el alma eso».
VDM






