«Siento en mis manos venir la luz entera de la mañana»: es la última línea del sexto poema de Hecho de Estampas, el segundo poemario de Jacobo Fijman, publicado en 1930. Doce años después, el 2 de noviembre de 1942, allanaron el altillo de Avenida de Mayo 1276, barrio de Congreso, donde vivía. «Tengo el agrado de dirigirme a VS para manifestarle que el sujeto Jacobo Fijman ha sido remitido por la Policía de la Capital Federal a este Hospicio por hallarse afectado de alienación mental…», decía el parte judicial. El «hospicio» era el neuropsiquiátrico Borda.
Más acá en el tiempo, Enrique Symns. Si el currículum de Fijman se resume a poeta, artista plástico e integrante del grupo Martín Fierro, el de Symns es su nombre propio. En una una Cerdos&Peces opinó que un error de los periodistas era –es– que cuando querían hablar de salud mental en vez de entrevistar al loco buscan la nota con el psiquiatra. Fijman murió en el Borda, en absoluta soledad, de un edema pulmonar. A Symns lo remató una diabetes. Ambos vanguardistas, ambos locos.
La cuestión es que de la locura sé muy poco. Intuyo que como la mayoría.
Tema Libre cumple hoy, domingo, su quinta salida consecutiva en La Pluma. Mi trabajo como editora de esta sección consiste en elegir una palabra y pensar quién tiene algo para decir. (Voy a repetir «palabra» porque ninguno de los sinónimos me gusta, perdón). Hay un punto de contacto entre palabra y autor, pero sólo eso: un roce. Me interesa el testimonio, la asociación que puede hacer quien escribe. La primera persona es la potencia de la época. Acá estoy, esto soy, yo escribo.
Mi segunda tarea como editora es convocar a los autores que -esto me encanta- no necesariamente trabajan «de escribir». Una vez que recibo el texto arranca un ida y vuelta con el objetivo de lograr un texto que nos conforme a los dos. Para mí es todo un privilegio leer y devolver. Y una alegría publicar sus trabajos. Cuando todo se habla -y todos hablan- en Tema Libre están los que dicen.
Y hoy la palabra es «locura». En la línea Fijman y Symns, y a través de las docentes de El Cuaderno Azul, pedí a las internas del pabellón San Juan del hospital neuropsiquiátrico Moyano que escriban qué es para ellas la locura. Locas hablando de locura: Fijman en su delirio místico; Symns mandándonos a hacer la tarea. No hay edición alguna de mi parte en sus textos. Se publican como vinieron. Son lo que son porque no se pretende calidad literaria -para eso está la Feria del Libro y los concursos millonarios- sino, simplemente, saber.
La salud mental es un tema de este tiempo. Tan actual que el Gobierno quiere modificar la Ley de Salud Mental que fue ya fue actualizada hace, apenas, 16 años años. De «a mí me volvió loco tu forma de ser» a decir «un loco» cuando algo es extraño, enroscado, medio insólito. De «loca de mierda» y «estoy re loco» a, personalmente creo, la locura performática de Instagram y TikTok: una locura mediable, cuantificable.
En el último Tema Libre, Ciro Korol emparentó la locura con la palabra que le había tocado -«negro»– con una experiencia personal durante una internación. Marcelo Bielsa se ganó el apodo de «Loco» en sus épocas de entrenador de inferiores de Newell’s: sólo tenía una división a su cargo pero en tiempo sus entrenamientos duraban el equivalente a tres divisiones. Al presidente Javier Milei lo llamaban «Loco» cuando atajaba para su equipo, en el secundario. Así lo diagnostican ahora algunos presentadores de noticias y así lo nombran por lo bajo muchos de quienes lo rodean.
Nada es del todo original. Fijman decía que el mesías era él. Yo no sé que es la locura pero la encuentro en los márgenes, en la expulsión, fuera de la norma. Digo yo, que no sé casi nada de tantas cosas, que la locura con aval social no es locura. Que es es, más bien, un alivio frente a lo malo conocido. Supe después de leer a las internas del Moyano que la locura es el miedo a perder la memoria o escuchar voces o imaginar cosas. O «ser uno mismo»: no debe haber tarea más difícil en este mundo.
VDM






