Su papá aparece en canciones. A veces, mientras conduce, Gianinna piensa en voz alta. Dice: «Bueno, necesito que me des una señal». Y la radio se tilda en ese tema de Los Piojos. Llanto, estacionar, balizas. La radio es un disco rayado. Y ella, incrédula frente al volante pero no tanto como para suponer que es un casualidad, siente su presencia. «Se manifiesta», dirá Gianinna. Maradona obra de maneras misteriosas.
Vía Zoom. Día de semana. Varios medios, entre ellos La Pluma, conversa con Gianinna Maradona. Su ventana dice Iphone de Ninna. Oímos a la perra que la ladra, el termo que se apoyo en la mesa, el chick de las uñas cuando junta las manos como si rezara. Ella fue la primera en declarar en el nuevo juicio por la muerte de su padre. Hay ocho acusados -siete en este proceso-, todos trabajadores de la salud, por el delito de homicidio simple con dolo eventual, que implica una pena de entre 8 y 25 años de cárcel. Gianinna, sin embargo, cree que «falta gente en este juicio» y habla de «el plan de Matías Morla».
«Para mí son todos responsables, algunos más que otros. (Leopoldo) Luque quiere instalar que no era su médico, pera la voz cantante, decía muy orgulloso que era ‘el médico de Maradona’. Él tiene que asumir la responsabilidad de lo que hizo y no hizo. Él manejaba el equipo, a (Agustina) Cosachov y a (Carlos) Díaz. Luque se tendría que haber retirado si era muchísimo para él», apunta Gianinna.

El acta de defunción fijó la hora de muerte a las 13.15, pero no es posible de determinar en qué momento exacto ocurrió. Ese dato es determinante para saber cuál de los dos enfermeros estaba a cargo del turno, si Ricardo Almirón, del turno noche, o Gisella Dahiana Madrid, que arrancaba a las siete. «Antes de irse el enfermero no chequeó sus signos vitales y la que llegó tampoco. Dicen que no los dejaban entrar… No pueden decir que estaba con vida porque lo vieron de lejos«, sigue. En la cadena de responsabilidades, Gianinna va de mayor a menor.
Pero también habla de «el plan de Morla» y nombra a Matías Morla, representante de Maradona; Vanesa Morla, hermana del representante; Maximiliano Pomargo, secretario de Maradona y cuñado de Morla. «Él manejaba los hilos. (El psicólogo) Díaz llega por Morla, Luque también. Si no era el jefe de esa banda, ¿por qué está metido en las conversaciones? Además, Luque recibía un sueldo y le daba un diezmo a Morla. Hay cosas que son insostenibles», insiste Gianinna.
Los herederos de Maradona denunciaron en la Justicia a Morla y a dos tías -Rita y Claudia que son querellantes, como ellos, en el juicio por la muerte- por la apropiación de 21 marcas cedidas por el futbolista el 20 de marzo de 2020, año de su muerte: “Maradona”, “Diego Maradona”, “Diego Armando Maradona”, “La mano de dios”, entre otras. Morla irá a juicio junto con Pomargo, la escribana Sandra Iampolsky y Sergio Garmendia, quien fue designado como administrador de la marca. Se les imputa el delito de defraudación por administración fraudulenta. Morla tenía el poder de firma de su representado y se cree que con la pantalla de las tías se cede a sí mismo las marcas.
«A ellos no les servía que mi papá esté en un neuropsiquiátrico porque se les caían un montón de negocios. De Maradona dependían un montón de familias. Estaba asociado a ‘plata’. A Luque le pedían algo, había una bajada de línea, para no perder el control. Porque se le caían un montón de cosas a Morla. A él algo le dice Pomargo porque Luque le responde ‘ya las convencí’ o ‘ya aceptaron’«, apunta Gianinna. Ella sabe de internaciones. Cuando cumplió 15 años su padre no asistió. Desde la clínica donde estaba internado le dijeron que era «para que aprenda».

Hay otro nombre que sobrevuela en cada audiencia, y en los audios y chats que se ofrecen como prueba, también en fotos: Jonathan Espósito, hijo de Mary, una de las hermanas de Maradona; con lo cual sobrino del futbolista y primo de los hijos de Maradona. La Pluma quiso saber sobre este vínculo, dado que Espósito fue uno de los convivientes en la casa del Tigre. Tampoco está imputado en el juicio por la muerte del futbolista.
Es que lo había declarado al Tribunal. El día del cumpleaños de su padre, el 30 de octubre de 2020, antes del festejo a cancha llena en Gimnasia y Esgrima de La Plata, y antes de la operación por el hematoma subdural, antes del traslado a la casa de Tigre, antes de la muerte, visitó a su padre en la casa de Branden. Dijo que su papá estaba solo, demasiado abrigado en un día de calor, sentado frente a un fogón, aislado del murmullo y el gentío.
Contó Gianinna que se acercó, que tenía la ropa sucia, que su padre la miró y le tiró los brazos, así como hacen los bebés. Que lo abrazó, lo arropó, que quiso llevarseló a su casa. «Y lo miré a mi primo, le pedí ayuda para levantarlo. Quería llevarlo conmigo, a casa. Pero no, mi primo no me ayudó. No me ayudó»: un relato de la desilusión frente a un trío de jueces.
“Mi primo nos había dicho tanto a Dalma como a mí que mientras él esté cerca a mi papá no le iba a pasar nada y que confiemos. Y después, cuando pasa todo, nosotros nos enteramos de que él cobraba un sueldo para estar ahí. Entonces claramente no estaba de nuestro lado. Jony también tenía una bajada de línea. Es un golpe, me duele, porque no me lo esperaba”, cuenta Gianinna y recién entonces, se angustia. La angustia, igual, no la vence.
VDM






