Por primera vez y de manera sorpresiva, el exministro de economía Hernán Lacunza anunció su intención de competir por la Presidencia en 2027. El exfuncionario de Mauricio Macri reclamó una identidad propia para el PRO ante La Libertad Avanza y utilizó el último informe de la Fundación Pensar para profundizar sus diferencias con el Gobierno, especialmente sobre el impacto social del programa económico.
Confirmó que aspira a convertirse en el candidato presidencial del PRO para las elecciones de 2027. La definición, realizada durante una entrevista con Eduardo Feinmann en A24, lo posiciona como el primer dirigente del macrismo que formaliza una precandidatura nacional y, al mismo tiempo, reabre el debate sobre el futuro liderazgo del partido fundado por Mauricio Macri.
«Me gustaría ser candidato a presidente del PRO», respondió Lacunza al ser consultado sobre sus aspiraciones políticas. Aunque aclaró que aún resta tiempo para la definición de candidaturas, sostuvo que mantiene «vocación por lo público y por la política» y consideró que el espacio debe construir una alternativa propia frente al oficialismo.

El economista planteó que el PRO comparte con el gobierno de Javier Milei buena parte de la agenda económica, pero marcó diferencias de fondo en materia institucional. «El PRO tiene que tener una opción independiente del Gobierno, no con La Libertad Avanza, con la cual tenemos afinidades en el plano económico, pero diferencias en el plano institucional y político», afirmó. También sostuvo que «le va a hacer bien al país que haya opciones de corte liberal, pero con otra jerarquía institucional», en una crítica directa a uno de los aspectos que considera más débiles de la administración libertaria.
La decisión de Lacunza altera el escenario interno del PRO en un momento en que el partido todavía debate cuál será su estrategia para 2027. Mientras un sector encabezado por gobernadores y dirigentes territoriales explora acuerdos con La Libertad Avanza, otro insiste en preservar una identidad propia y competir con una oferta diferenciada.

Según trascendió en el propio partido, Lacunza conversó previamente su decisión con Macri y con otros referentes nacionales como María Eugenia Vidal, Fernando de Andreis, Jorge Triaca y Guillermo Dietrich. En el entorno del expresidente interpretan que la aparición de nuevos postulantes fortalece al partido, aunque aclaran que todavía no existe una definición sobre quién encabezará finalmente la propuesta presidencial.
El lanzamiento también coincide con los movimientos políticos del expresidente. En los últimos meses endureció su posicionamiento frente al Gobierno nacional. Ratificó que el PRO tendrá candidato propio en 2027 y desde entonces viene desarrollando la gira federal «Próximo Paso», una recorrida por distintas provincias junto a gobernadores y dirigentes aliados que muchos interpretan como la construcción de una eventual candidatura presidencial o, al menos, como una demostración de liderazgo interno.

La postura expresada por Lacunza en televisión encuentra respaldo en el documento que publicó para la Fundación Pensar este lunes, el principal centro de estudios del PRO.
Allí, el exministro reconoce los avances del programa económico en materia de estabilización, pero advierte que el desarrollo sostenible requiere equilibrar tres dimensiones simultáneamente: estabilidad económica, bienestar social y continuidad institucional.
«Tras décadas de andar errante, el norte importa. Pero también el camino», resume el economista antes de advertir que numerosos programas económicos exitosos en sus comienzos terminaron fracasando por ignorar los costos sociales.
El informe sostiene que la inflación descendió y que la economía inició una recuperación, aunque remarca que ese crecimiento presenta profundas desigualdades sectoriales. Mientras el agro, la energía y la minería muestran un fuerte dinamismo, las actividades manufactureras, la construcción y buena parte del comercio continúan atravesando dificultades y concentran la mayor parte del empleo urbano.
Entre los datos destacados, Lacunza señaló que el salario real promedio cayó 3,5% entre 2023 y 2025. También que desaparecieron alrededor de 310.000 puestos asalariados formales, mientras que creció el empleo informal y el trabajo independiente. También cuestionó la apreciación cambiaria al advertir que el salario promedio medido en dólares pasó de aproximadamente 730 a 1.300 dólares en apenas dos años, una evolución que —según plantea— no estuvo acompañada por un aumento equivalente de la productividad y afecta la competitividad de numerosos sectores productivos.

El economista también dedicó un extenso apartado al ajuste fiscal. Si bien considera inevitable el ordenamiento de las cuentas públicas tras la elevada inflación heredada, sostiene que los costos recaen sobre amplios sectores sociales y cuestiona la idea de que el recorte pueda concentrarse únicamente sobre «la casta».
«Del otro lado de cada línea del presupuesto hay jubilados, maestros, médicos, policías, empleados públicos, beneficiarios sociales, pacientes y alumnos. Personas», escribe.
Asimismo, advierte que entre fines de 2023 y mediados de 2026 los jubilados perdieron alrededor de 15% de poder adquisitivo, los empleados públicos un 17% y los docentes universitarios un 26%, mientras que la inversión en obra pública cayó hasta representar apenas el 0,3% del PBI.
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