Javier Milei está convencido de que su plan económico es un éxito. Cada vez que tiene oportunidad en reuniones de gabinete, encuentros con empresarios, cónclaves en Olivos o eventos especiales, el presidente asegura fervientemente que su política monetaria es la mejor de los últimos 150 años y que su metodología de reducción inflacionaria va a ser lo que empujará la mejora de los salarios. Tan seguro está de su hoja de ruta, que el líder libertario hizo saber a todos sus laderos que no tiene planeado modificar ni un ápice de su esquema y, mucho menos, poner en marcha un “plan platita” para ganar las elecciones.
Por más que el economista esté encomendado al Dios mercado, lo cierto es que la realidad golpea a diario su gobierno. Por obediencia debida y terror de ser eyectados del paraíso, no hay un sólo funcionario que en público se atreva a decir lo que muchos aseguran en privado: si no hay un volantazo, la reelección peligra. Los más experimentados de la gestión libertaria saben de memoria que no hay campaña que sirva si el bolsillo no se activa. Sólo hay una persona con el cuero tan gastado que se atreve a poner la cara para exponer una realidad tan cruda como latente.

La semana pasada, mientras el gobierno se desvivía por instalar la agenda Malvinas como método de salvataje para una gestión asfixiada, Patricia Bullrich se presentó en la Universidad de San Andrés para dar una conferencia ante los alumnos de la prestigiosa casa de estudios donde se dispuso a charlar sobre la situación económica actual. Al ser consultada por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, la titular del bloque de La Libertad Avanza en el Senado encontró su momento ideal para sentar postura y enviar un mensaje a la cúpula del Ejecutivo que ella misma se encargó de divulgar.
“A mi me gustaría más que podamos bajar impuestos para todos. Porque, si no, el que accede al RIGI o Súper RIGI tiene una baja de impuestos, pero hay un montón de empresas, industrias, comercios, servicios tecnológicos, que les cuesta competir porque la Argentina sigue siendo un país con un costo alto”, lanzó sin rodeos la senadora. No fue todo. Además de admitir que dentro de la gestión oficialista saben que “algunos sectores están pasando un momento difícil”, la ex ministra afirmó que le “preocupa muchísimo que esa velocidad esté al ritmo de lo que cada argentino necesita, para que el año que viene sienta que el esfuerzo que hizo tuvo un sentido.”

Los dichos de la ex macrista no varían mucho a los altercados que suele tener con cada vez más efusividad en las reuniones de los martes donde la mesa política se junta a fingir que marcan un rumbo de un gobierno sin gestión. Semanas atrás, Bullrich les dijo a sus compañeros de espacio que la cosa no daba para más y que si no había acuerdos con los gobernadores, debían haber gestos económicos para la gente. La iniciativa fue bancada pasivamente por Santiago y Luis Caputo, quien por su parte afirmó que el modelo económico no tenía más resultados para dar y que la solución ahora debe venir de parte de la política. El área karinista del encuentro, optó por el silencio.
Para Karina Milei, igual que su hermano, el modelo no sólo es el correcto sino que además su plan para someter a los mandatarios provinciales a su lapicera electoral es un éxito que planea relanzar para la contienda del 2027. La secretaria general tiene un punto. En 2025, logró cerrar acuerdos en más de diez provincias y pudo colar sus candidatos en las listas de los oficialismos territoriales. Con ese trasfondo, ahora quiere ir por más y forzar a los caciques a negociar, también, los lugares en los gabinetes provinciales. Una osadía llamativa para un partido que no hace más que juntar los jirones de un gobierno que tiene el gusto culposo de maltratar a los aliados.

Además de estas diferencias, para la hermana presidencial los vicios separatistas de Bullrich son una complicación que pretende resolver con el mayor pragmatismo posible. Incluso si esto significa hacerla enojar. Karina no sólo no está dispuesta a darle el lugar que la senadora cree merecer en la consolidación del armado libertario del próximo año, tampoco aceptará que la ex candidata a presidenta sea quien marque el rumbo del gobierno. Una muestra gratis de esta postura fueron los cuatro meses que los Milei sostuvieron a Manuel Adorni en la jefatura de gabinete pese a las súplicas de la mesa política de desprenderse de él. Aunque con una particularidad: finalmente debieron entregar en bandeja la cabeza del ex vocero. ¿Patricia juega a cansar para anotarse un triunfo a fin de cuentas? En su círculo no lo niegan.

Pese a los gestos resbaladizos de la senadora, desde su entorno niegan rotundamente que esté planificando una campaña electoral para el próximo año ni, mucho menos, romper con el libertario. “Ella es una mujer que tiene años de experiencia en esto. No va a quedarse en silencio si ve que las cosas no van bien, pero eso no significa que vaya a romper ni mucho menos”, jura uno de sus laderos. En el karinismo no le creen. Aunque saben, casi como un chascarrillo gracioso del destino, que igual que ocurre en el peronismo con la figura de Cristina Fernández de Kircher, el año que viene con Patricia no alcanza, pero sin ella no se puede.
En este marco, dentro del gobierno le dejaron en sus manos las negociaciones en el parlamento por la Reforma Electoral con la que pretenden eliminar las PASO. Este martes volverá a reunirse la Comisión de Asuntos Constitucionales, presidida por Agustín Coto, donde el oficialismo pretende enviar gestos con los aliados para garantizar sus votos. La clave estará puesta en los proyectos de Ficha Limpia y algunas declaraciones que exigen los gobernadores. Aunque dentro del oficialismo reconocen que todavía los votos no están, no son pocos los que se entusiasman con lograr la gran hazaña. La duda que recorre varios despachos es la misma: ¿conviene entregarle a Bullrich el triunfo?
TS/CM










