El Presidente la invitó. Ella aceptó. Después de todo, obediente, Javier Milei realizó todos los ajustes y aún mucho más de lo que le pidió el Fondo Monetario Internacional.
“Tengo el agrado de anunciar que a fin de mes recibiremos en la Argentina a la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, quien visitará nuestro país invitada por el presidente Javier Milei”, tuiteó el ministro de Economía, Luis Caputo. Se espera que llegue el 28 de julio y se quede cerca de 48 horas.
Pero la visita no es casual, ni mucho menos común. La jefa del Fondo no viaja personalmente casi nunca a ver a un acreedor. La mayoría de los vuelos los realiza con motivo de foros internacionales. De hecho, el último registro de una titular del organismo en Argentina se dio en ese marco: Christine Lagarde visitó Buenos Aires con motivo del G20 en 2018, cuando gobernaba Mauricio Macri, aquel hombre que confesó estar enamorado de la política francesa.
«Marca alineamiento y apoyo accionario. No es común«, resaltó un ex ministro de Economía consultado por La Pluma Diario. «No hay necesidad de que venga, es inédito. Nunca viaja la directora gerenta, sino que manda a otros funcionarios de rangos menores», coincidió otro exfuncionario que supo manejar el Palacio de Hacienda de la avenida Hipólito Yrigoyen 250, y que consideró la actitud del Gobierno como «un gesto de subordinación«.
Pero en el caso local se conjugan otros elementos. Argentina es el principal acreedor del Fondo, por lo que todos sus titulares se juegan su legado dependiendo de cómo resulten las gestiones con el país número uno del mundo (en deudas impagables). De ahí el interés. Y, por otro lado, Caputo no tiene garantizados los dólares necesarios para devolver el crédito al FMI ni a los privados para 2027. La conferencia que dio este lunes dedicada a decir que sí tiene el dinero intentó convencer a los inversores, pero el riesgo país sigue por encima de los 400 puntos básicos, los dólares no están y ningún deudor que tiene la plata tiene que realizar una exposición para asegurarlo. De hecho, al ministro no le gusta dialogar con la prensa: la última vez que habló en público había sido en Casa Rosada cuando, con cara enojada y el exvocero Manuel Adorni al lado, trastabilló al ser consultado por los sobresueldos que están acusados de cobrar los funcionarios.

Entra en juego para la visita de Georgieva el deseo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por defender el modelo de la motosierra, que sirve de vitrina al mundo junto al financiamiento de la oleada de derecha que empezó a golpear en América. Y la nación del norte maneja el poder de veto en el organismo. Posee cerca del 17% de los votos, mientras que los estatutos del FMI exigen una supermayoría del 85% para aprobar decisiones clave. Entonces, ningún cambio estructural o financiero importante puede avanzar sin la aprobación estadounidense.
Algunos economistas vinculan la visita de Georgieva con la que realizó en abril de 2025 el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent. En ese momento se había reunido con el Presidente y Caputo. Su agenda se centró en sellar una alianza geopolítica, reafirmar el respaldo al programa con el FMI y consolidar el interés por los recursos estratégicos de Argentina, que Milei le garantizó.
A cambio de esta entrega, Trump le arrojó un salvavidas que le permitió dar vuelta las elecciones legislativas nacionales y le dio aire para sobrevivir hasta el verano. En septiembre de ese año, el Tesoro estadounidense anunció un posible swap de monedas por hasta US$ 20.000 millones para evitar una nueva corrida cambiaria. En diciembre, el Banco Central informó la liquidación de este intercambio de divisas, donde utilizó finalmente US$ 2.500 millones, que luego fue devuelto a Estados Unidos junto a una importante ganancia financiera para Trump. Y, en tercer lugar, en a principios de 2026, el Tesoro le vendió a Argentina US$ 808 millones en DEGs (Derechos Especiales de Giro), lo que facilitó el pago de los intereses pautados con el Fondo.
La expectativa es que Georgieva también le lance una soga para fondear a Casa Rosada de cara a las elecciones presidenciales de 2027. Después de todo, la reforma a la carta orgánica del Banco Central que Milei anunció esta semana con tanta vehemencia consiste en un histórico reclamo del propio FMI. Donde Argentina no pueda disponer de política monetaria salvo que cumpla con los condicionamientos del propio Fondo. Como, por ejemplo, conseguir superávit fiscal.
De hecho, su agenda filtrada por el Gobierno indica que se centrará en revisar los avances del programa económico, consolidar el respaldo político y analizar la reforma del BCRA. Como desde el comienzo del mandato, en Argentina pareciera que gobierna Donald Trump a través del FMI. Sólo que ahora ya no lo disimulan.
EO






