Falta menos de un mes para su llegada, pero la operación a la que fue sometido en Roma y el diagnóstico de un adenocarcinoma pulmonar instalaron una incertidumbre creciente sobre la posibilidad de que concrete su visita en noviembre. Aunque la Santa Sede sostiene oficialmente los preparativos, tanto en el Gobierno como en la Iglesia son pocos los que confían en que el cronograma original pueda cumplirse sin modificaciones.
La gira está prevista entre el 6 y el 17 de noviembre e incluye Uruguay, Argentina y Perú. El tramo argentino contempla actividades entre el domingo 8 y el miércoles 11. Sin embargo, el estado de salud del pontífice, de 71 años, obliga a evaluar si estará en condiciones de afrontar un recorrido internacional que implica vuelos prolongados, numerosos traslados y una agenda de celebraciones religiosas y encuentros institucionales.
Fuentes del Gobierno reconocen en privado que resulta “muy probable” que el viaje se cancele. La definición, esperan, llegará desde Roma. Por ahora, ningún anuncio oficial confirmó una suspensión o postergación, pero la distancia entre el discurso público y las expectativas reservadas de algunos funcionarios deja en evidencia la fragilidad del cronograma.

El propio presidente Javier Milei admitió que su administración está dispuesta a modificar las fechas. “Si la situación demanda un corrimiento en la fecha, nosotros estamos disponibles a hacer los ajustes necesarios”, afirmó en una entrevista con Radio Mitre. El canciller Pablo Quirno, en tanto, remarcó que la prioridad es la salud del Papa y que el Gobierno debe esperar una decisión de la Santa Sede.
En la Casa Rosada nadie se anima a hablar de suspensión sino que el término empeñado es el de la postergación, que sigue en línea con el deseo del Santo Padre de visitar el país que expresó hasta horas antes de su intervención.

León XIV fue operado el martes 13 en el Hospital Policlínico Gemelli de Roma. Durante la intervención le extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho, donde se detectó un adenocarcinoma, un tumor maligno que se origina en las células glandulares del tejido pulmonar.
La cirugía concluyó sin complicaciones y el pontífice no necesitó permanecer en terapia intensiva. El parte médico difundido este viernes indicó que los análisis de sangre y una radiografía de tórax confirmaron una “mejora constante” de su estado general.
El Papa continúa con fisioterapia respiratoria y ya puede realizar sus actividades cotidianas de manera independiente. Además, celebró una misa en una estancia habilitada en el décimo piso del hospital y agradeció los mensajes de apoyo que recibió de periodistas acreditados ante la Santa Sede.
Los signos iniciales son alentadores, pero no alcanzan para despejar las dudas sobre su agenda internacional. Todavía deben conocerse los resultados de las evaluaciones posteriores a la cirugía y determinarse si necesitará tratamientos complementarios. La evolución inmediata del posoperatorio no equivale necesariamente a estar en condiciones de afrontar una gira de casi dos semanas.

Por el momento, el Vaticano informó que las audiencias quedaron suspendidas hasta el martes 20 de octubre y que el período posoperatorio previsto es de siete días. La recuperación y los controles médicos de las próximas semanas serán determinantes para establecer si León XIV puede retomar una actividad de semejante exigencia.
El tiempo de recuperación después de una cirugía pulmonar depende de la extensión de la intervención, la condición física previa, la función respiratoria y la aparición de posibles complicaciones. En estos casos la rehabilitación suele incluir ejercicios respiratorios, movilización progresiva y controles médicos.
La exigencia que la gira le asume al Papá no consiste únicamente en viajar. El itinerario contempla vuelos internacionales, traslados frecuentes, actos multitudinarios y jornadas de trabajo que requieren resistencia física. En Perú, además, están previstas actividades en Cusco, a unos 3.400 metros de altura, y en Pucallpa, una ciudad de clima cálido y húmedo.

Por eso, incluso si la recuperación continúa sin complicaciones, la decisión no dependerá solamente de que León XIV pueda caminar o retomar sus actividades habituales. Los médicos deberán evaluar si está en condiciones de soportar el esfuerzo de la gira, siendo este tema un asunto completamente secundario frente a la necesidad de conservar la salud del Sumo Pontífice.
La incertidumbre también alcanza al calendario argentino. Para facilitar la organización de la visita, el Gobierno estableció tres jornadas especiales: el lunes 9 de noviembre como feriado nacional; el martes 10 en la Ciudad de Buenos Aires y Córdoba; y el miércoles 11 en la provincia de Buenos Aires. También se difundió que el martes 10 sería feriado bancario nacional.

Si el Vaticano anuncia una postergación o cancelación, la administración de Milei deberá resolver qué hacer con esas fechas. El viaje no puede considerarse suspendido por anticipado y los feriados no se modifican automáticamente ante un eventual cambio de agenda. Para dejar sin efecto el esquema vigente, el Gobierno deberá comunicar formalmente la decisión correspondiente.
La planificación de una misa multitudinaria en Palermo, una visita a Córdoba y otra a Luján explica el alcance territorial de las medidas adoptadas. Sin embargo, sostener los preparativos sin certezas sobre la llegada del pontífice obliga a los funcionarios a trabajar con escenarios alternativos.
Este cuadro abrió un escenario inesperado para el Gobierno frente al creciente foco de tensión política que se gestaba con la Iglesia. En la Casa Rosada, el viaje se había transformado en un desafío por las diferencias con la Iglesia en materia social y por la posibilidad de que el paso del pontífice por el país dejara imágenes difíciles de administrar para Javier Milei.

Desde el anuncio del recorrido, la relación entre el oficialismo y la Conferencia Episcopal estuvo atravesada por diferencias en torno a la discapacidad, la asistencia social y el papel del Estado. La Iglesia cuestionó los recortes impulsados por la administración libertaria y reclamó que las políticas públicas garanticen la continuidad de las prestaciones para las personas con discapacidad. El punto de mayor tensión se alcanzó hace dos semanas tras la peregrinación a Luján.
La visita papal iba camino a convertirse en una caja de resonancia de los conflictos sociales que el Gobierno intenta mantener fuera del centro de la agenda. Las diferencias también alcanzaron la organización institucional de la gira. Las tensiones entre la Casa Rosada y la Iglesia por algunas de las actividades previstas, entre ellas la visita al Cottolengo Don Orione y al complejo penitenciario de Villa Devoto. A eso se sumaron las discusiones en torno a la presencia de funcionarios y dirigentes políticos en los actos, incluida la invitación a la vicepresidenta Victoria Villarruel y Cristina Kirchner.
En ese marco, una postergación permitiría al Gobierno ganar tiempo y evitar, al menos por ahora, una visita que podía exponer sus contradicciones frente a los reclamos de la Iglesia. También era una cita esperada por sectores de la oposición y la CGT para impulsar su agenda de demandas y dotarlos de mayor legitimidad.
La posibilidad de que el viaje no se concrete en noviembre modifica el escenario para una administración que debía combinar el operativo de recepción con una relación cada vez más tirante con las autoridades eclesiásticas.
AL/CM










