Perder el Congreso es un resultado que «a Donald Trump le serviría«. Así lo definió Ernesto Calvo, politólogo, profesor titular de la Universidad de Maryland y director del Laboratorio Interdisciplinario para Ciencias Sociales Computacionales (iLCSS), en diálogo con La Pluma. Esta idea se desprende de que el presidente de los Estados Unidos está en sus últimos dos años de mandato, no puede ser reelecto y, en su lectura, nunca usó al Congreso para aprobar leyes, ni en su primera gestión ni con mayoría propia en esta. «Tener un Congreso opositor, a diferencia de otros políticos, en realidad le sirve».
Es una mirada respecto de lo que anticipan las encuestas para las elecciones de medio término de este martes en EE.UU. Trump llega con 31% o 32% de aprobación en las últimas mediciones de Reuters/Ipsos, el nivel más bajo de sus dos mandatos, y con los demócratas 12 puntos arriba entre los votantes registrados (47% a 35%) en la encuesta de mediados de octubre. Polymarket les asignaba 95% de probabilidades de quedarse con la Cámara de Representantes y 73% de ganar el Senado.
Calvo recordó que en los últimos 60 años casi todos los presidentes perdieron bancas en estas elecciones y que las excepciones fueron Bill Clinton en 1998 y George W. Bush después del 11 de septiembre. Su pronóstico es una Cámara demócrata y, posiblemente, un Senado demócrata, aunque las encuestas dan allí una ventaja mínima y «está lejos de saberse qué va a pasar».

Santiago Alles, director de las licenciaturas en Ciencia Política y Gobierno y en Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés, llegó por otro camino a un escenario parecido de conflicto. Para él, Trump perderá la iniciativa legislativa y no hay motivos para que los demócratas cooperen con un presidente del que tienen incentivos para diferenciarse, con la elección presidencial adelante. Sin embargo, destacó que un resultado adverso puede consumirle la energía y la atención al Gobierno.
Inflación, nafta e Irán: los republicanos que se quedan en casa
Para Calvo, el factor que más pesa en estas elecciones es la inflación, y lo hace de una forma particular: «No incide cambiando votos, incide haciendo que los republicanos se queden en la casa». Según explicó, en Estados Unidos hay muy pocos votantes que cambian de partido, de modo que espera más participación demócrata, menos republicana y un triunfo opositor por esa vía. El golpe podría sentirse sobre todo en los estados del sur y entre los obreros del Medio Oeste que Trump había ganado en su primera elección.
La movilización ya se ve en los números. Más de 54,8 millones de estadounidenses votaron antes de la jornada electoral, frente a unos 45,9 millones en las legislativas de 2022, según el Laboratorio Electoral de la Universidad de Florida.

Alles lo describió como un combo: el primer componente es la insatisfacción con los resultados económicos, donde Trump prometió bajar la inflación y, aunque su gestión económica era uno de sus mejores frentes en el primer mandato, hoy los votantes la evalúan mal. El segundo es la guerra con Irán, que Estados Unidos e Israel iniciaron el 28 de febrero. Le pega al presidente dentro de su propia coalición porque el retiro de los conflictos en el exterior fue una de sus líneas más consistentes, y además empujó los precios de la energía en una sociedad donde casi todos se mueven en auto.
El tercer factor es la política migratoria, que según Alles rompió la relación con bloques de votantes, en particular los hispanos, y hoy tiene más rechazo que aprobación. A eso suma un problema de fondo: la desaprobación de Trump es transversal a todas las áreas de política pública, y eso hace difícil «encontrar dónde setear la conversación».
Investigaciones, juicio político y el «señor del veto»
Con la Cámara en manos demócratas, Alles espera que la oposición use los mecanismos de control del Congreso: audiencias, interpelaciones a distintas áreas del Gobierno y, sobre todo, pedidos de juicio político. No porque tengan chances de prosperar, ya que no van a tener la mayoría necesaria en el Senado, sino porque obligan al Gobierno a desviar su atención. Le parece un escenario probable, dado que en el primer mandato de Trump los demócratas impulsaron dos juicios políticos.

La Casa Blanca se prepara para esa pelea. Según informó Reuters, el vicejefe de Gabinete Stephen Miller y el director de presupuesto Russell Vought trabajan desde abril en estrategias para gobernar por la vía ejecutiva en inmigración, aranceles, vivienda y gasto público. Trump anticipó en el podcast Pod Force One del New York Post que se convertirá en «el señor del veto«. Pero una mayoría demócrata tendría herramientas que un decreto no puede neutralizar, como las citaciones y los pedidos de documentación.
Calvo agregó otro elemento: las denuncias de fraude. «Lo va a denunciar aún si gana«, dijo, y sostuvo que no lo haría por indignación sino como herramienta de negociación. Señaló que el Departamento de Justicia ya viene tomando acciones en esa línea. En la víspera de la votación, la Corte Suprema rechazó un pedido de la Casa Blanca para impugnar unas 20.000 boletas por correo de California.
La duda que plantea Calvo es qué hará el Partido Republicano. Si lo considera un «pato rengo» y lo empieza a atacar, Trump se debilita y queda un presidente agresivo pero con poco poder de destrucción. Si decide heredar el trumpismo, dijo, puede salir fortalecido y los dos años que vienen pueden ser muy complicados. También anticipó que universidades, estudios de abogados y ONG se distanciarán del Gobierno y aprovecharán el espacio que ganan a medida que se acerca el final del mandato.
Milei, el FMI y el «prestamista de última instancia»
Los dos analistas coinciden en que el vínculo político entre Trump y Milei no cambia con el resultado. Para Calvo, la región giró a la derecha y Milei es uno de los casos más emblemáticos de alineamiento con el trumpismo, así que la derrota en las urnas «no cambia la ecuación». La pregunta sobre si este es el principio del fin de la ola derechista, que circula en algunos despachos de la Casa Rosada, no encuentra en él una señal en ese sentido. Alles lo planteó en términos parecidos: Trump seguirá viendo en el Gobierno argentino a alguien dispuesto a seguir «obedientemente» la estrategia de Estados Unidos para la región, y Milei seguirá viendo en Trump a un líder que lo representa.

Lo que sí puede cambiar es el margen de Washington. Calvo señaló que, con un Trump sin el apoyo de su partido y a dos años del final, la presión que puede ejercer sobre organismos internacionales como el FMI es menor, igual que su interés en ayudar a gobiernos aliados en América Latina.
Para Alles el riesgo es económico. «La situación política-económica de la Argentina se sostiene en esta relación», dijo. «Trump rescató dos veces al gobierno argentino el año pasado y el programa económico depende de que el gobierno republicano sea el principal prestamista en última instancia. Si el mercado empieza a leer que ese prestamista no va a estar, puede generarle inestabilidad a Milei en un contexto de mala situación económica y baja aprobación«, sumó. Calvo, en cambio, relativizó el efecto sobre los mercados de Estados Unidos, donde el nivel de ruido es tan alto que, a su juicio, no hay un correlato claro entre el resultado y la economía.
El respaldo financiero más fuerte fue el swap por USD 20.000 millones que anunció el Tesoro estadounidense en octubre de 2025, que algunos legisladores norteamericanos cuestionaron. Un Congreso con más presencia demócrata tiene facultades para supervisar ese tipo de decisiones y podría sumar controles sobre futuras asistencias. El acuerdo comercial anunciado en febrero de este año, por su parte, todavía debe atravesar su tratamiento institucional.
La promesa de ayuda sigue en pie en el discurso. Hace poco más de un mes, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo que su país desembolsaría un nuevo préstamo si hacía falta ante turbulencias financieras. En el Gobierno creen que una derrota de Trump no tendrá impacto real en las elecciones argentinas del año próximo. Pero no hay garantías de que la ayuda se cumpla si el resultado no es favorable.
JD/CM










