El presidente Javier Milei salió al cruce del historiador Yuval Noah Harari en el debate sobre la regulación de la inteligencia artificial (IA) y defendió la idea de otorgar personería jurídica a las empresas gestionadas por estos sistemas. Según planteó, esa medida no implica abrir la puerta a escenarios apocalípticos, sino brindar un marco legal que permita el desarrollo de nuevas tecnologías.
“Otorgar personalidad jurídica a las compañías de IA no significa lanzar el Día del Juicio de Terminator”, afirmó el mandatario, al responder a las advertencias del autor de Sapiens a través de un tuit en inglés de la Oficina de la Presidencia. Para Milei, ese marco legal equivale a ofrecer “el refugio que James Watt necesitó hace 200 años”, en referencia al inventor escocés asociado al desarrollo de la máquina de vapor y a los inicios de la Revolución Industrial.
Milei consideró «inesperada» la preocupación expresada por Harari y sostuvo que la personalidad jurídica es una herramienta ampliamente probada en el derecho comercial. En ese sentido, recordó que el propio historiador destacó en sus escritos la importancia de la responsabilidad limitada como uno de los inventos más relevantes para la organización económica moderna.
Asimismo, argumentó que, si las empresas controladas por IA representan riesgos mayores que las tradicionales, la necesidad de darles un encuadre legal se vuelve todavía más importante. “Preferiría tener un patrimonio contra el cual reclamar si una IA me defrauda, que no contar con ninguna protección”, planteó al responder a los temores sobre posibles fraudes, vacíos legales o conductas abusivas.
Para reforzar su postura, Milei apeló a una referencia clásica de la ciencia ficción. Recordó la historia de Yo, Robot (1950) de Isaac Asimov, en la que un candidato político es sospechado de ser un robot y sugirió, con ironía, que una inteligencia artificial podría resultar más disciplinada, honesta y previsible que muchos dirigentes humanos.
Official response from President Javier G. Milei. https://t.co/h3U9zIgoIZ pic.twitter.com/z5R15HCCqg
— Oficina del Presidente (@OPRArgentina) June 18, 2026
También rechazó las advertencias más distópicas sobre el futuro de la IA y las comparó con los miedos que despertó la Revolución Industrial. Según sostuvo, aquel proceso multiplicó la producción global y transformó la economía mundial, pese a las tensiones y costos sociales que generó durante su desarrollo. En ese análisis, remarcó que este fue un proceso que llevó tiempo en consolidarse: «No fue de un día para el otro. Entiendo que la velocidad de cambio hoy es mucho más rápida y algo vertiginosa pero la construcción del capital requiere de tiempo y recursos».
Además, el Presidente planteó que la expansión de la inteligencia artificial podría reducir las barreras de entrada en numerosos sectores de la economía y favorecer la aparición de más empresas, en lugar de concentrar el mercado en unos pocos actores. En esa línea, consideró que una compañía de IA con personalidad jurídica estaría sometida a las mismas reglas, obligaciones y controles que cualquier otra sociedad comercial.
Por último, Milei cuestionó la comparación de Harari con la Compañía Holandesa de las Indias Orientales y aseguró que los abusos históricos de esa época fueron posibles por la intervención estatal. A su juicio, una empresa autónoma sometida a reglas claras, con activos embargables y posibilidad de ser disuelta, no escapa al control de la ley, sino que queda plenamente alcanzada por él.
Qué había dicho Harari sobre la regulación de la IA
El escritor había planteado en su columna para el Financial Times: «El año pasado, la organización sin fines de lucro Palisade Research, con sede en Berkeley, publicó un estudio que mostraba hasta dónde llegan los modelos avanzados de IA para lograr sus objetivos. Al jugar contra un potente motor de ajedrez, los modelos de OpenAI y DeepSeek de China recurrían con frecuencia a hacer trampa si parecía que iban a perder. Al manipular el entorno del juego, podían alterar el resultado a su favor. Ahora imagina que el “juego” es la competencia empresarial y que el “entorno del juego” es tu país».
Harari sostuvo que «Milei es un político muy audaz, y su determinación por mejorar la situación económica de Argentina es encomiable». Sin embargo, consideró como un riesgo que «las corporaciones de IA estarán en posición de convertirse en expertas en lagunas legales y arbitraje regulatorio». Al operar sin la intervención de ningún ser humano, el autor de «Sapiens y «Nexus» explicó que la máxima sanción para que una persona no haga algo ilegal -la cárcel- no aplica para la IA.

«Que Buenos Aires sea para la inteligencia artificial lo que Ámsterdam fue para la era de la navegación: el lugar donde la imaginación jurídica estuvo a la altura del momento tecnológico y cambió el mundo», concluye la columna de Milei. Con esto se refería a la fundación de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (Dutch East India Company), la cual «liberó el potencial completo del capitalismo» gracias a la desregulación.
«Cuando la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales capturó Jayakarta en 1619, la incendiaron y construyeron una nueva ciudad en su lugar. La llamaron Batavia, y se convirtió en la sede de un extenso imperio asiático administrado por la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales», marcó el historiador. En esa línea, dijo que los historiadores se refieren a esta compañía como «una entidad política dirigida por una empresa privada, no para el beneficio de sus súbditos, sino para el de sus accionistas». Entonces, los países que apuntan a este modelo serían Estados de IA, «contra las cuales sería aún más difícil rebelarse».
«Milei aspira a convertir Buenos Aires en una nueva Ámsterdam. Sin embargo, corre el riesgo de convertirla en una nueva Batavia», sentenció Harari.
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