Javier Milei volvió a utilizar la evolución de los salarios informales como un argumento sólido para defender el rumbo económico de su Gobierno. Durante el 62° Coloquio de IDEA, el Presidente aseguró que los salarios reales “tuvieron un aumento del 60%” desde que asumió, específicamente en el sector informal, y sostuvo que ese segmento es el que está “absorbiendo los cambios estructurales”.
La afirmación pone el foco en una variable real: los ingresos de los trabajadores informales crecieron con fuerza. Pero, al igual que en otras oportunidades, el planteo presidencial se concentra en el porcentaje de recuperación y deja en segundo plano el dato que permite saber qué significa realmente esa mejora para el bolsillo de los trabajadores.
La última información disponible de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC muestra que, durante el primer trimestre de 2026, un trabajador asalariado sin descuento jubilatorio tenía un ingreso promedio de $ 731.150 mensuales. En cambio, el ingreso medio de un asalariado que sí contaba con descuento jubilatorio alcanzaba los $ 1.375.143. La diferencia entre ambos ingresos era de $ 643.993 mensuales.
Medido de otra manera, por cada $100 que recibía en promedio un trabajador registrado, un asalariado sin descuento jubilatorio obtenía alrededor de $53. Es decir, después de la recuperación que Milei destaca, el ingreso promedio del trabajador informal todavía representaba poco más de la mitad del correspondiente a un trabajador registrado.

El dato que Milei repite
No es la primera vez que el Gobierno pone el aumento de los salarios informales en el centro de su discurso económico. La explicación oficial sostiene que este segmento estaría capturando parte de los beneficios de los cambios implementados por la administración libertaria y que, a medida que avance la transformación de la economía, esos trabajadores podrían incorporarse al mercado formal.
En IDEA, Milei volvió sobre esa interpretación y vinculó la evolución de los ingresos con las transformaciones estructurales que impulsa su Gobierno. Según planteó, los trabajadores informales están esperando para decidir si pasan a la formalidad de acuerdo con los resultados del proceso económico y político.
Pero hay una diferencia importante entre decir que un salario aumentó mucho y decir cuánto gana finalmente el trabajador. El ejemplo de los datos del INDEC permite verlo con claridad. Si un ingreso parte de un nivel muy bajo, una suba porcentual elevada puede coexistir con un salario que continúa muy por debajo de otros trabajadores.
Por si fuera poco, la informalidad también implica que el trabajador queda fuera de los aportes jubilatorios asociados al empleo registrado y de una serie de derechos laborales vinculados a esa relación de trabajo. El debate sobre la evolución de los ingresos, por lo tanto, no puede quedar reducido a una comparación porcentual.

Los informales y sus aumentos salariales
Los datos más recientes del Índice de Salarios del INDEC muestran, además, que los ingresos del sector privado no registrado vienen aumentando a un ritmo superior al de los trabajadores privados registrados.
En julio de 2026, el índice salarial aumentó 3,9% mensual para los trabajadores privados no registrados, contra 2,3% para los privados registrados. En el acumulado interanual, el índice general de salarios registró una suba de 36,2%.
El problema aparece cuando ese porcentaje se presenta como si describiera por sí mismo la situación salarial de los trabajadores.
Una recuperación que todavía no cerró la brecha
La insistencia de Milei sobre este indicador forma parte de una defensa más amplia de su programa económico. Ante los empresarios reunidos en IDEA, el Presidente pidió “paciencia” y sostuvo que los procesos de crecimiento demandan tiempo. También defendió las reformas y la apertura de la economía como mecanismos para aumentar la productividad y los salarios.
En ese marco, la evolución del salario informal funciona como una de las cifras que el Gobierno utiliza para mostrar los efectos de su programa. Pero mirar solamente el porcentaje de aumento deja afuera el nivel salarial y, sobre todo, la distancia respecto del empleo registrado.
Los salarios informales pueden haber aumentado con fuerza y, al mismo tiempo, seguir siendo sustancialmente más bajos que los formales. Esa es la parte del relato que Milei oculta.
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