En la Cámara de Diputados aguardan con cautela la visita de Manuel Adorni. Se presentará el próximo 29 de abril para cumplir, por primera vez, con el requisito que establece la Constitución para el jefe de Gabinete: brindar informes sobre la gestión del gobierno ante una de las dos cámaras del Congreso una vez por mes. El ministro coordinador decidió hacerlo con tardanza, porque juró el 5 de noviembre. También como una forma de confirmar su continuidad en el cargo mientras arreciaba el escándalo que lo azota desde que decidió llevar a su esposa Bettina Angeletti en el avión presidencial a la «Argentina Week» en Nueva York. Se acerca el momento de cumplir con esa decisión política.
Sólo pasaron a un segundo plano, porque dentro del oficialismo hay internas peores que siguen escalando, pero hubo un áspero debate sobre la conveniencia de llevar en forma presencial al ministro en medio de la tormenta. También analizaron la alternativa de que responda por escrito y así evitar un recinto controlado por la oposición que buscará demolerlo para capitalizar sus errores no forzados.
Pero finalmente Adorni asistirá. Estará acompañado desde el palco de invitados por el presidente Javier Milei y su hermana Karina. Ambos confirmaron su presencia hace un mes, cuando los dos avalaron que su ministro redoblara la apuesta para demostrar que no dejaría el cargo en medio de la tempestad. Ahora faltan 10 días para el último miércoles de abril y la Casa Rosada diseña la defensa pública para una sesión informativa que, posiblemente, registre picos de rating y se configure como un verdadero examen político para el futuro del ministro coordinador.

Desde que estalló el escándalo hay broncas sobre las directivas que salieron de la Rosada apenas todos regresaron de Nueva York. Una parte del bloque libertario no tiene ganas de cargar con Adorni. «No podemos ni comunicar. Si salimos a hablar en algun lugar te corren con los departamentos, los viajes, el «deslome» que dijo Manuel y la interna», se lamentó un legislador de LLA.
El malestar es peor entre los macristas aliados, aunque tienen un diferencial. Tienen el cuero más curtido porque les tocó afrontar situaciones similares durante la presidencia de Mauricio Macri. Desde los problemas del Correo con el patriarca Franco al curro de las autopistas y las internas. Patricia Bullrich, por ejemplo, ofrendará su lealtad a los hermanos Milei hasta que le convenga y la sombra de Adorni no le conviene a nadie. Por eso se queja en privado entre los pasillos del Senado y sólo banca si se lo piden. Algo parecido le pasa al ministro del Interior, Diego Santilli. Se aferra a su rosca con las provincias y a la búsqueda de alguna agenda positiva que comunique gestión.
Temores y desconfianzas libertarias
El oficialismo ahora tiene una bancada con 95 voluntades, pero en sus entrañas la gran mayoría prefiere que Adorni conteste por escrito. «Si sigue en el cargo a fin de mes, lo mejor sería que postergue todo o que mande por escrito, pero ya todo parece tarde», definió un escudero aliado que deambula por la Cámara Baja mientras se quejaba de la visita. Sin embargo, una alta fuente parlamentaria de LLA aseguró que «las explicaciones sobre el caso, las tendrá que dar en la Justicia, pero más allá de eso, nosotros queremos que venga a cumplir con el informe que le exige la Constitución», detalló.

El mensaje busca ordenar el río revuelto de la interna libertaria, acelerado por el escándalo Adorni. Apunta a disciplinar las pocas ganas que tienen los integrantes del bloque de «seguir afrontando una lluvia ácida en los medios por un error del Ejecutivo», graficó otro locuaz integrante del bloque que conduce el cordobés Gabriel Bornoroni, que responde a Karina.
La decisión de resguardarse en el cumplimiento del artículo 101 le sirve al Gobierno como un parapeto institucional ante la incertidumbre y el temor de que empeore el caso. Se cumplió hace poco el primer mes de la crisis y esta semana que terminó es la primera vez que, dentro del Gobierno, advierten que parece aflojar el goteo de malas noticias diarias que proviene de Comodoro Py. El diagnóstico es provisorio y por momentos parece más relacionado al microclima que se respira en el dispositivo de poder libertario que en los datos de la realidad.
Del autoconvencimiento al contraataque
«Al menos afloja la aceleración y eso no es poco en medio de este escenario», se contentó con resignación otro diputado de LLA que se animó a hablar con La Pluma y contar el clima de zozobra que respira el bloque. Recuerda que desde el 10 de diciembre pasaron del crecimiento de la bancada y la euforia de la victoria legislativa de octubre, a la hiperactividad del período de extraordinarias y el estupor posterior a los primeros desaciertos del ministro coordinador. El escándalo no sólo licuó el envión de la victoria electoral de octubre, sino que le quitó la iniciativa al oficialismo cuando el Gobierno no logra repuntar con alguna agenda positiva.

La sesión informativa del 29 no sólo será importante para Adorni. El titular de la Cámara Baja, Martín Menem, también tiene otro examen en la conducción del recinto y del debate. No será un trámite, sino una batalla discursiva con revoleo de acusaciones y sospechas. Quizás reedite el nivel de tensión que se vivió durante la última Asamblea Legislativa, pero con un oficialismo que va a la defensiva y con el riesgo de que el escándalo se traslade a la sesión.
Los libertarios se pintan la cara para enfrentar el vendaval. Corren versiones sobre un contraataque de Adorni contra quienes le pregunten sobre sus bienes, sus viajes y el caso judicial que lo investiga. Tal como lo hizo su antecesor, Guillermo Francos, con el caso Libra, posiblemente Adorni se escude en lo mismo: que no podrá aportar algunos detalles porque esta siendo investigado por la Justicia.
«Ellos van a dañar, romper y raspar», pronosticó un diputado de la bancada oficialista sobre la ofensiva que esperan de la oposición. Cerca de Menem se preparan para un escenario embravecido. Creen que el único atenuante es que «no tienen ninguna alternativa para proponer y que quedan a merced de eso». Del otro lado del ring, en las bancadas opositoras y los aliados esquivos creen que cambió el clima de la conversación dentro del Congreso. Estiman que el oficialismo afronta una crisis de credibilidad autoprovocada, con una mala gestión de la crisis los mantiene en el mismo pantano desde hace cinco semanas. Para esa lectura, al Gobierno todavía le quedan diez «larguísimos días» para llegar.
CM






