El hombre de los US$ 30.000 millones juega al ajedrez en un club de Almagro, pierde tres de cuatro partidas. Le canta el cumpleaños a una de las jugadoras, pero no come torta, solo prueba la comida que sus empleados le llevan. Va a la cancha a ver el Superclásico y comparte cenas en su mansión de Barrio Parque, donde vive con su marido, exvicepresidente de un fondo buitre, y sus dos hijos. Es vecino de Susana Giménez.
Dicen que el hombre llegó a la Argentina para escapar del impuesto a los multimillonarios que quiere imponer California, en Estados Unidos, y que busca un “refugio” ante la Tercera Guerra Mundial. Pero también dicen que el magnate que no cree en la democracia está buscando terreno fértil para cultivar sus negocios con la Inteligencia Artificial y con Parlantir, su empresa, un riesgo grave por el cruce de bases datos ciudadanos para la videovigilancia, la seguridad y la defensa del poder estatal. Y la Argentina de Javier Milei le promete frutos.
Hace dos meses que Peter Thiel vive en la Ciudad de Buenos Aires. Comparte la calles de Barrio Parque con las estrellas del universo local, entre ellas, Susana Gimenez. Llegó con su su esposo, Matt Danzeisen –exvicepresidente del fondo buitre BlackRock y su socio en la empresa– y con sus dos hijos, que ya comenzaron a cursar en algún secreto colegio porteño.
Además de cenar con Javier Milei en la Quinta de Olivos, a Thiel le gusta recibir a economistas liberales en su mansión, por la que pagó US$ 12 millones. Un caserón de 1.600 metros cuadrados diseñado originalmente por el arquitecto argentino Alejandro Bustillo. Les habla del anarcocapitalismo y de la existencia de un “Anticristo”. Incluso, señaló a la ecologista Greta Thunberg como su representación en la tierra.

Thiel alterna cenas con funcionarios libertarios y con integrantes del “círculo rojo”. Comió con el asesor presidencial Santiago Caputo y también visitó la casa del ministro desregulador Federico Sturzenegger, donde probó pollo al curry y flan con dulce de leche. Estuvieron el canciller Pablo Quirno y empresarios como Marcelo Mindlin, presidente de Pampa Energía. En otras de las noches, se reunió con Marcos Galperin, dueño de Mercado Libre, además del titular de la corporación IRSA y hombre más rico del país, Eduardo Elsztain.
También recibió a Juan Grabois, quien entró a su mansión el miércoles 3 a las 9.10 de la mañana, reveló el periodista Juan Luis González en la revista Noticias. Dos semanas antes, León XIV, el Papa que sucedió al mentor del dirigente peronista, había presentado su primera encíclica, “Magnifica Humanitas”, en la que abiertamente planteaba “desarmar la IA, sustraerla de la lógica de la competencia militar e impedirle el dominio sobre lo humano”.
«Thiel está sentado en pilas y pilas de millones de dólares y, como Galperín, se sienten oprimidos porque el Estado les dice que no pueden hacer lo que quieren. Por eso tienen utopías escapistas, como por ejemplo irse a Marte, pero si el Estado nortamericano no les pone mucha plata es todo chamuyo», había declarado Grabois, recordó la publicación. El diputado nacional por Fuerza Patria se retiró después de más de tres horas de charla.

Pero perdió en el ajedrez
En medio de sus oscuros planes, Thiel tiene gestos que simulan sencillez, como ir a jugar a ajedrez en Almagro. Estuvo en el Círculo de Ajedrez Torre Blanca dos días, pagó los $ 10.000 de inscripción y participó de torneos. Acompañado de sus empleados de seguridad, sacó solo 1,5 puntos de los 4 que disputó y abandonó el torneo.
Mientras estuvo ahí se sumó al festejo colectivo de cumpleaños de una de las jóvenes ajedrecistas. Aplaudió, cantó, pero rechazó la porción de torta. Según relató Infobae, comió alimentos que le llevaron sus empleados.
El hombre que fue denunciado por Amnistía Internacional por suministrar productos y servicios de inteligencia artificial al ejército y a los servicios de inteligencia israelíes para las acciones militares en Gaza a través de Parlantir, recorre oficinas gubernamentales, despachos empresariales y, también, las calles porteñas.
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