Ni siquiera la disociación de la atención que provocó el Mundial logró descomprimir las incomprensiones internas que el gobierno de Javier Milei arrastra desde su concepción. Las internas aumentaron a pasos agigantados a medida que avanza la gestión. Esta vez, los reflectores volvieron a enfocar a Patricia Bullrich y Victoria Villarruel, las dos mujeres fuertes del oficialismo que, pese a compartir lugar de trabajo, no se pueden ni cruzar. Las últimas peleas escalaron con potencia y se transformaron en una preocupación para la Casa Rosada.
La secuencia de los movimientos de la senadora reflejan el nivel de preocupación del Gobierno ante ese equilibrio inestable. Mientras la mesa política que encabeza Karina Milei deliberaba cómo llevar adelante las negociaciones con los gobernadores para aprobar la reforma política y la ley de Propiedad Privada, Bullrich dejó la Casa Rosada y se dirigió al Senado, donde la titular de la Cámara la esperaba para tener una cumbre que pactaron días atrás para intentar acordar un cese del fuego que les permita mantener una convivencia digna más allá de los destratos públicos.
Según confiaron fuentes cercanas a ambas dirigentes, el encuentro tuvo lugar en el despacho de Villarruel y se extendió por poco más de una hora y media. Luego del escándalo que significó la filtración de su chat privado, las mujeres acordaron no dar a conocer el contenido de la charla que, pese a llevarse adelante, no logró barrer las tensiones entre senadora y vicepresidenta.

El encuentro, además, se dio en el marco de la presentación de una denuncia penal que realizó Cristian Larsen, jefe parlamentario de Bullrich, contra Mario “Pato” Russo, titular de los asesores de Villarruel. El bullrichista denunció penalmente al villarruelín por supuestas amenazas luego de una conversación vía chat que compartieron días atrás, en la que el vocero de la senadora se habría sentido expuesto por un comentario que el consultor le hizo durante el intercambio. La denuncia cayó en el juzgado del juez Marcelo Martínez de Giorgi y, según dijeron desde el entorno de Russo, el sociobiólogo aún no fue notificado sobre la misma.
El conflicto entre ambas comenzó desde que la ex ministra de Seguridad dejó su lugar en el Ejecutivo y pasó al recinto, donde Villarruel, pese a estar completamente apartada de la gestión nacional por decisión expresa de Javier Milei, sigue teniendo un poder fundamental. Con este marco, desde el inicio las damas de hierro libertarias batallaron solapadamente para mantener y adquirir el control del recinto, instancia que hasta el momento ninguna de las dos se pudo coronar como ganadora.

La semana pasada, mientras el grueso de la sociedad festejaba el emocionante triunfo de la Selección, que venció en un histórico 2 a 1 a Inglaterra en la semifinal del Mundial, la senadora y la presidente del cuerpo tuvieron un altercado virtual que terminó filtrado en los medios. En la conversación, la vice le achacaba a la ex ministra macrista la insistencia por sesionar el jueves siguiente al triunfo futbolístico, instancia que el oficialismo quería utilizar para aprobar el proyecto de Propiedad Privada que, finalmente, será tratado luego del cuarto intermedio el próximo 6 de agosto. “Viven en Narnia, mientras cierran pymes todos los días y la gente no tiene para comer”, habrían sido los dichos de Villarruel según las filtraciones a la prensa.
El intercambio entre ambas siguió varios minutos, que incluyeron fuertes acusaciones mutuas, y culminó con la sugerencia de Bullrich de que la vice renuncie a su cargo. Al día siguiente, en tanto, la titular del bloque de La Libertad Avanza utilizó su cuenta de Twitter para redoblar una vez más la apuesta. “Millones de argentinos nos votaron para transformar la Argentina. El que llegó con este proyecto y no está dispuesto a defenderlo, debería dar un paso al costado”, disparó. La vice, por su parte, se llamó a silencio y desde su entorno sólo se limitaron a criticar las filtraciones de una conversación privada.

Si bien la relación entre las damas está en su peor momento, lo cierto es que la tensión se arrastra desde hace tiempo. Voces al tanto de los albores de La Libertad Avanza, en tanto, dan cuenta de un episodio que detonó para siempre la relación entre ambas. Según cuentas dirigentes que están desde el comienzo en el oficialismo, mientras se estaban repartiendo los ravioles que cada uno de los miembros del por entonces neonato gobierno, Villarruel había solicitado para sí, como condición sine qua non para aceptar ser la compañera de fórmula de Milei, el manejo político del Ministerio de Seguridad y de Defensa. Se dice, incluso, que la por entonces candidata a vice mantuvo encuentros con embajadores e importantes miembros el círculo rojo para dar a conocer aquella noticia, instancia que no fue bien recibida dentro del entorno del libertario.

El Pacto de Acassuso, con el que Mauricio Macri y Karina Milei concretaron el acuerdo electoral que les permitió arrebatarle el balotaje a Sergio Massa, obligó a la hermana presidencial a barajar y dar de nuevo en la repartija de lugares y le quitó a la castrense el control de las áreas que le habían prometido. Esta situación enfureció a la católica nacionalista, que desde ese momento comenzó a tramar su operativo separatista del ecosistema que rodeaba a su compañero de fórmula, al que intentó -sin éxito- cooptar para sí en desmedro de los deseos de su secretaria general. “Pobre jamoncito”, supo retratar a la perfección la presidenta del Senado.
TS/CM










