El Congreso entró desde este lunes en el receso invernal con un dato que resume el semestre: de los casi veinte proyectos de reforma que el Gobierno prometió enviar, solo cinco fueron convertidos en ley. En marzo de este año, Javier Milei había anunciado, ante el recambio legislativo que le dio a La Libertad Avanza el doble de bancas, «el Congreso más reformista de la historia» y nueve meses ininterrumpidos de reformas estructurales.
Lo que iba a ser una pausa de dos semanas para el oficialismo llega, además, en medio de la pelea más grave que se conozca hasta ahora entre la vicepresidenta Victoria Villarruel y la jefa del bloque libertario en el Senado, Patricia Bullrich. El conflicto escaló el fin de semana a la Justicia: Mario «Pato» Russo, principal asesor de Villarruel, fue denunciado por amenazas por Cristian Larsen, secretario parlamentario del bloque oficialista. La causa quedó en manos del juez federal Marcelo Martínez de Giorgi, el mismo que días atrás apartó a los querellantes de la causa $Libra poco después de que el Senado aprobara el pliego de su esposa, Ana María Juan, como jueza federal de Hurlingham.

El detonante de esta ruptura fue la filtración de un chat privado entre Villarruel y Bullrich, ocurrida la misma tarde en la que Argentina le ganó a Inglaterra y clasificó a la final del Mundial. En el entorno de la vicepresidenta apuntan a Bullrich como quien filtró la conversación, en una interpretación de una jugada para «dar un mensaje contundente a sus jefes en la Casa Rosada», según afirmaron a La Pluma. Del lado de la jefa de bloque niegan haber sido la fuente directa, aunque admiten que la conversación completa circuló en un chat con senadores del propio bloque libertario. «Hacer eso y entregárselo a los periodistas es casi lo mismo», reconoció un senador oficialista a La Nación.
El cruce público no se hizo esperar. Bullrich escribió en X, sin nombrarla: «El que llegó con este proyecto y no está dispuesto a defenderlo, debería dar un paso al costado». Villarruel respondió acusándola de recurrir a «métodos usuales de la casta». Puertas adentro, la tensión venía in crescendo desde antes: la vicepresidenta había demorado semanas el giro a comisión del Súper RIGI y decidió terminar con la práctica de reemplazar senadores en las comisiones solo para garantizar quórum, algo que generó fuerte malestar en el oficialismo. Para el entorno de Villarruel ya no hay margen de reconciliación.
Lo que quedó frenado en el Senado
Ese clima de guerra abierta convive con al menos siete proyectos en danza en la Cámara alta, sin contar los pliegos judiciales que todavía deben pasar por audiencia pública. El más resonante es la ley de inviolabilidad de la propiedad privada, que sufrió su cuarto traspié la semana pasada por falta de acuerdo en el capítulo que elimina los límites para la venta de tierras a extranjeros, y que recién podría volver a tratarse el 6 de agosto, junto con la ley Hojarasca. Ese mismo día, Bullrich había anticipado que también quería llevar al recinto la reforma de Salud Mental, pero ni siquiera consiguió la firma del dictamen en comisión.

El Súper RIGI, aprobado por Diputados el 24 de junio, todavía no arrancó su debate en comisión en el Senado. Lo mismo ocurre con la reforma de Zonas Frías, resistida por la propia UCR, aliada del oficialismo. Y la reforma electoral, con la eliminación de las PASO como punto central, solo tuvo una reunión informativa en todo el semestre: el Gobierno ofreció incorporar el sistema de listas colectoras como salida intermedia, pero también fue rechazado por los aliados, que además reclaman tratar Ficha Limpia por separado. Ni el proyecto de reforma a la Ley de Emergencia en Discapacidad ni la derogación del Etiquetado Frontal de Alimentos ni la ley contra la ludopatía digital lograron siquiera dictamen de comisión.
Diputados, con menos ruido pero también en receso
Del otro lado del Congreso, Martín Menem mostró más efectividad en el recinto pese al desgaste que le generó el escándalo patrimonial de Manuel Adorni, gracias al respaldo sostenido del PRO, la UCR y los aliados provinciales. Aun así, el único proyecto con sello libertario completamente trabado en Diputados es la ley de Lobby, que podría sufrir modificaciones antes de poder ser tratada en el recinto.

También sigue sin tratamiento definitivo el Tratado de Cooperación de Patentes, pese a acumular casi tres décadas de demora, a la espera de garantías arancelarias de Estados Unidos.
Con el Mundial ya cerrado —con la derrota de la Selección ante España en la final— el Gobierno vuelve a poner el foco de lleno en el Congreso y en la carrera hacia 2027. En la carpeta de pendientes que todavía no ingresaron formalmente al Parlamento están la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, el «shutdown» al estilo estadounidense y los cambios a la ley de Inocencia Fiscal, con los que el Gobierno busca blanquear los cerca de 170.000 millones de dólares que el Banco Central estima que hay fuera del sistema financiero. A eso se suma la fecha límite del 15 de septiembre para presentar el Presupuesto 2027.
La pregunta que queda flotando para agosto es si Bullrich podrá destrabar la agenda pendiente sin la colaboración, aunque sea mínima, de quien preside la Cámara.
JD/CM









