Desde que asumió la conducción del bloque libertario en el Senado, Patricia Bullrich construyó una arquitectura de poder para trabajar los proyectos del gobierno de Milei: un grupo de 44 senadores no kirchneristas (los 21 propios de La Libertad Avanza, 3 del PRO, unos 10 radicales y otro puñado de bloques provinciales) que le permitía tener quórum propio y aprobar las leyes del Ejecutivo sin necesidad de negociar con el peronismo. Con ese número, en lo que va del año, Bullrich se había anotado triunfos como la Reforma Laboral, la modificación a la Ley de Glaciares y el Presupuesto 2026 en extraordinarias. La sesión de esta madrugada, que le dio media sanción a una versión reducida a la mitad de la ley de inviolabilidad de la propiedad privada, dejó una certeza incómoda para el oficialismo: ese bloque de los 44 ya no existe como tal.
La primera gran señal llegó el miércoles, cuando el Gobierno tuvo que retirar el capítulo que eliminaba los límites a la compra de tierras por extranjeros, después de que los gobernadores de Tucumán, Neuquén y Misiones bajaran el pulgar y arrastraran a sus senadores. Pero lo más revelador pasó ya con la sesión en marcha: para la medianoche, también cayó el capítulo de manejo del fuego, el segundo pilar de la ley de Federico Sturzenegger. Ahí quedó expuesto que ni siquiera con la mitad del proyecto ya afuera, Bullrich lograba sostener a los que hasta hace poco eran aliados confiables. Se le desprendieron Alejandra Vigo (Provincias Unidas), Maximiliano Abad, Flavio Fama y Daniel Kroneberger (UCR), Beatriz Ávila (Tucumán, alineada con Jaldo), Julieta Corroza (Neuquén, con Figueroa) y Flavia Royón (Salta, con Sáenz). También los dos santacruceños de Moveré, Natalia Gadano y José María Carambia, le soltaron la mano al Gobierno.

Sin embargo, la dificultad para avanzar con este proyecto que acumuló 18 versiones distintas y cuatro sesiones fallidas y la negativa de varios aliados a la eliminación de las PASO ya comenzaron a mostrar pistas sobre la fragilidad de este grupo de trabajo. Mientras tanto, los gobernadores no le esquivan a las noticias que muestran la caída de la imagen del gobierno en las encuestas.
Uno de los detonantes puntuales de la sesión ayer tuvo un nombre propio: Joaquín Benegas Lynch. El senador entrerriano, ya bajo sospecha por ser dueño de una empresa que gestiona ventas de tierras a extranjeros, calificó a los aliados dudosos de «tibios del medio» al arrancar la sesión. La frase cayó tan mal que los dos senadores de Santa Cruz decidieron directamente abandonar el grupo de WhatsApp de los 44 senadores no kirchneristas y le avisaron a Bullrich que tampoco acompañarían el capítulo del fuego. La propia jefa de bloque había pedido, en la reunión previa a la sesión, que nadie hiciera declaraciones «elocuentes» porque los votos ya estaban asegurados. Benegas Lynch no le hizo caso.
Bullrich, en la mira de Casa Rosada
El desgaste no fue solo numérico. Ni Karina Milei, ni Diego Santilli, ni el propio Sturzenegger se hicieron presentes en el Senado durante la sesión, dejándole a Bullrich la responsabilidad completa de sostener un proyecto que terminó sin pies ni cabeza.
La propia senadora hizo una autocrítica poco habitual al día siguiente: «Esta ley vino un poco endiablada (…) fue difícil la comunicación de este proyecto«, reconoció en Radio Rivadavia, y explicó que el escándalo de Manuel Adorni y el Mundial le habían robado dos sesiones clave y semanas enteras para explicarle la ley a la sociedad. «Salió el 50% de la ley, el otro 50% no salió. Así es la democracia«, resumió.

Las reformas que vienen: lo que más preocupa al Gobierno
Lo que hace especialmente delicado este quiebre es el momento en que ocurre. Fuentes de gobierno hicieron correr la versión de que se maneja la posibilidad de frenar otro proyecto ómnibus de Sturzenegger, que buscaba desregular sectores como las farmacias y el mercado del libro, ante el temor de que corra la misma suerte.
Y el desafío inmediato es mucho más grande: Bullrich necesita reconstruir ese bloque de los 44 para aprobar la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y el nuevo proyecto de Inocencia Fiscal, dos de las prioridades legislativas que el propio Javier Milei definió para lo que resta del año. El problema, según reconoce el propio oficialismo, es que la docilidad que mostraron los aliados y los gobernadores durante el primer semestre del año empieza a quedar atrás, justo cuando se acercan las discusiones electorales de cara a 2027. Del otro lado, en el peronismo cercano a La Cámpora y el Frente Renovador, reconocieron a La Pluma la figura de Sergio Massa como un negociador clave en la votación de ayer. 
Como contracara, Bullrich sí logró anotarse una jugada a su favor: consiguió que el pedido de voto remoto de Anabel Fernández Sagasti y Flavio Fama se frenara en comisión, evitando sentar un precedente sobre sesiones virtuales que, en el futuro, podría terminar jugándole en contra al propio oficialismo si alguna vez necesita ese mecanismo para cubrir la falta de quórum.
JD/CM










