El 83% de los argentinos trabaja hoy de manera totalmente presencial, mientras que solo el 5% lo hace de forma virtual. Asimismo, solo el 8% elegiría esta última opción, mientras que aquellos que se presentan en la oficina prefieren un término medio, es decir, un sistema híbrido.
Los factores que determinaron la vuelta de la presencialidad son varios, comenzando por la cultura corporativa, cuyo crecimiento en los últimos años devino en una modalidad de trabajo más cercana a lo tradicional. En ese sentido, el interrogante está en si los empleadores podrán volver a este sistema sin repetir los errores del pasado.
La modalidad home-office, si bien ya presente hace más de 10 años, aceleró su crecimiento en 2020, cuando el mundo se vio amenazado por el Covid-19. En ese momento, la pandemia parecía haber cambiado el rumbo del sistema de trabajo. En la actualidad, la tendencia cayó en picada.
Un informe reciente de Resume Builder —realizado sobre casi 1000 líderes empresariales en Estados Unidos— anticipa que una de cada tres compañías planea eliminar por completo el trabajo remoto en 2026. Asimismo, casi la mitad espera que su personal asista al menos cuatro días por semana a la oficina. En cuanto a las razones, 64% menciona el “espíritu de equipo”, 62% afirma que el trabajo cara a cara acelera resultados y 45% busca justificar el costo de oficinas ya contratadas.
Desde el punto de vista del empleado, esto no significa una buena noticia. Un estudio elaborado por la Comunidad de Mujeres en Negocios de UdeSA reveló que el regreso intensivo a la presencialidad, además de incrementar el cansancio de las personas, no mejora los niveles de productividad. El 86% señala que el trabajo remoto tiene un impacto positivo en el bienestar general, el 88% considera que la presencialidad eleva el cansancio semanal o que el 78% se percibe más productivo trabajando en remoto, entre otros.
La solución, ¿el modelo híbrido?
En Argentina, el modelo híbrido es el que predomina -según la consultora PwC se eleva al 69%-, aunque bajo ciertas reglas estructuradas y límites desdibujados.
El trabajo virtual trajo mayor autonomía para los empleados, al mismo tiempo que les ahorró tiempo de traslado. Sin embargo, de la misma forma expuso sus flaquezas, desde «teledisponibilidad» permanente y dificultad para desconectarse hasta una sensación de vigilancia, implícita o explícita. Esto repercute a nivel físico y mental, ya que provoca estrés, ansiedad y agotamiento.
Mientras tanto, existen consecuencias negativas en la dinámica de trabajo: jornadas extendidas difíciles de auditar, horas extras discutidas, diferencias en la interpretación de turnos, problemas para validar asistencia en esquemas híbridos y tensiones en la liquidación bajo convenios complejos.
Sin embargo, la respuesta no será unilateral para los empleadores, ya que hay un 9% de talentos que renunciaría si se le exigiera volver a la presencialidad total y un 53% que comenzaría a buscar otro empleo con mayor flexibilidad.
MM/EO





