Las redes sociales fueron el principal activo político de Javier Milei. Mucho antes de llegar a Casa Rosada, el libertario construyó poder desde internet: viralizó recortes televisivos, convirtió discusiones económicas en tendencia y formó una comunidad digital que funcionó como ejército militante, usina de propaganda y espacio de confrontación permanente con la política tradicional.
Mientras otros dirigentes dependían de estructuras partidarias o de los grandes medios, Milei encontró en X, TikTok, Instagram y los streams una forma directa de instalar agenda y generar identificación. La Libertad Avanza no solo ganó la batalla política en redes: hizo de ese ecosistema su identidad. Por eso, el deterioro que distintos estudios comienzan a registrar en el universo digital libertario representa mucho más que una caída en la imagen presidencial.
Lo que parece empezar a erosionarse es el núcleo central del modelo político y comunicacional que llevó a Milei al poder. Según un informe de la consultora Ad Hoc, especializada en conversaciones digitales, abril consolidó una tendencia negativa para el oficialismo.
El relevamiento detectó un crecimiento sostenido de menciones críticas hacia Milei y figuras centrales de su entorno, incluso en plataformas donde históricamente predominaban las comunidades libertarias. El dato más preocupante para la Casa Rosada no es solo el aumento de la negatividad, sino la pérdida de capacidad para revertirla. En otras palabras: las redes dejaron de responder automáticamente a los estímulos del oficialismo.
El “efecto boomerang”
La lógica de confrontación que durante años fortaleció a Milei —la denuncia permanente contra “la casta”, la superioridad moral y la política entendida como batalla cultural— empezó a volverse en contra del propio Gobierno cuando aparecieron denuncias y contradicciones internas.
Uno de los casos más mencionados en redes fue el escándalo $LIBRA, una polémica vinculada a supuestas irregularidades financieras y denuncias que involucraron a dirigentes y operadores cercanos al oficialismo. El impacto digital fue especialmente fuerte porque golpeó uno de los pilares narrativos libertarios: la idea de transparencia y diferenciación ética frente a la vieja política.
Algo similar ocurrió con Manuel Adorni, investigado judicialmente por presunto enriquecimiento ilícito y cuestionado por viajes al exterior financiados con fondos públicos. El funcionario quedó en el centro de la tormenta política luego de presentarse en el Congreso para brindar su primer informe de gestión en medio de las denuncias. La dinámica terminó generando una inversión del discurso oficial: cada ataque contra “la casta” comenzó a ser respondido por usuarios que señalan contradicciones dentro del propio espacio libertario.
“Cuando un gobierno construye legitimidad desde la superioridad moral, cualquier inconsistencia se amplifica mucho más rápido”, explicó un consultor político especializado en análisis digital.
Sin voz ni vocero
La caída de Adorni no representa únicamente el desgaste de un funcionario. Para muchos analistas simboliza la crisis de comunicación que atraviesa el oficialismo. La encuesta de Zentrix muestra que el vocero presidencial es hoy el dirigente con peor imagen dentro del Gobierno: acumula un 73,9% de valoración negativa y apenas un 17,5% de imagen positiva.
Durante meses, Adorni fue una pieza central de la maquinaria digital libertaria. Sus conferencias diarias, frases virales y enfrentamientos con periodistas funcionaban como combustible para las cuentas oficialistas y los influencers libertarios. Pero ese esquema comenzó a romperse. “Se quedó sin voz y sin vocero”, sintetizan analistas que siguen la evolución del ecosistema digital libertario.
El vocero presidencial es hoy el dirigente con peor imagen dentro del Gobierno: acumula un 73,9% de valoración negativa y apenas un 17,5% de imagen positiva.
La frase apunta a una crisis más profunda: el Gobierno perdió gran parte de los comunicadores que ayudaban a sostener el clima favorable en redes durante la campaña y los primeros meses de gestión. Las Fuerzas del Cielo, influencers libertarios y cuentas militantes que antes defendían automáticamente cada movimiento de Casa Rosada, hoy muestran menor capacidad de coordinación, menos impacto y menos volumen.
A eso se suma otro fenómeno: Milei ya no expone su figura como antes. El Presidente redujo notablemente su presencia en entrevistas no alineadas y concentra sus apariciones en medios o streamings donde el formato está más controlado. Sin embargo, incluso esos recortes —que antes circulaban masivamente de manera positiva— dejaron de viralizarse con la misma potencia.
Dentro del ecosistema libertario reconocen además que la comunicación presidencial perdió espontaneidad. Milei prácticamente dejó de utilizar sus redes como lo hacía durante la campaña y hasta su estilo agresivo en X aparece más administrado y menos orgánico. Según especialistas en comunicación política, eso debilitó uno de los atributos que más conexión generaba con sus seguidores: la sensación de autenticidad permanente.
El problema para Casa Rosada es que tampoco aparecieron nuevos voceros capaces de capitalizar políticamente las intervenciones presidenciales. Cuando Milei protagoniza entrevistas o discursos polémicos, muchas veces el contenido queda encapsulado en la crítica o el ridículo viral, sin una estructura digital sólida que transforme esos momentos en épica política, como ocurría en 2023.

La caída en redes también se refleja en las encuestas
El deterioro digital ya empieza a aparecer en los estudios de opinión pública. Un relevamiento nacional de Management & Fit mostró que la imagen positiva de Milei cayó diez puntos en apenas dos meses: pasó de 39,8% en febrero a 29,8% en abril. En paralelo, la valoración negativa escaló hasta 47,6%, mientras que la desaprobación de la gestión alcanzó el 54,3%, el nivel más alto desde el inicio del mandato libertario.
Los datos adversos también golpean directamente al Presidente. Según Zentrix, Milei acumula un 59,3% de imagen negativa, casi nueve puntos más que en marzo. El informe sostiene que la desaprobación presidencial está atravesada por “una doble dimensión”: el desgaste económico —marcado por la pérdida de poder adquisitivo y la inflación— y el deterioro simbólico vinculado a la erosión de la credibilidad política.
La imagen positiva de Milei cayó diez puntos en apenas dos meses: pasó de 39,8% en febrero a 29,8% en abril.
El contexto económico aparece como un factor central. La inflación volvió a posicionarse como la principal preocupación social con el 28,3% de las menciones. El dato adquiere relevancia porque la inflación de marzo alcanzó el 3,4%, el registro más alto de los últimos doce meses según el INDEC, luego de varios meses donde el Gobierno había logrado mostrar desaceleración de precios como principal bandera económica.
La inflación de marzo alcanzó el 3,4%, el registro más alto de los últimos doce meses según el INDEC.
Además, más de la mitad de los encuestados aseguró tener dificultades para cubrir gastos mensuales y un 22,4% afirmó que ya no puede afrontar su situación económica personal. Otro dato que preocupa al oficialismo surge de la consultora Zentrix: el 66,6% de los consultados considera que el gobierno de Milei “terminó siendo parte de la casta”, precisamente el concepto sobre el cual el Presidente construyó buena parte de su identidad política.
Recuperar el territorio donde nació políticamente
La gran incógnita para La Libertad Avanza es si este desgaste digital representa una crisis pasajera o el inicio de un cambio más profundo en la relación entre Milei y su comunidad online. Las redes sociales fueron el gran diferencial político del libertario frente a la dirigencia tradicional. Allí construyó liderazgo, volumen e identidad cuando todavía era marginal dentro del sistema político.
Pero internet también tiene una lógica despiadada: la velocidad con la que construye poder suele ser la misma con la que lo erosiona. Con las elecciones legislativas de medio término cada vez más cerca, el oficialismo enfrenta un desafío inédito: recuperar la iniciativa en el terreno donde nació políticamente.
La pregunta que empieza a atravesar al Gobierno ya no es solo económica o electoral. También es digital: si todavía conserva la capacidad de volver a dominar la conversación pública o si el ciclo de hegemonía libertaria en redes comenzó definitivamente a agotarse.
TR/VDM






