Hay una cualidad que ni el paso del tiempo, los cambios de partidos, ni las ambivalencias de sus discursos le quitaron a la personalidad de Patricia Bullrich. Con una capacidad de adaptación que los carnívoros más voraces del mundo animal miran con recelo, la presidenta del bloque de La Libertad Avanza en el Senado mantiene siempre entrenada suma destreza inerte a su historia política: no importa cuál sea la circunstancia, la ex Montonera siempre cae de pie.
La semana pasada la ex ministra de Seguridad pateó el tablero libertario cuando en una entrevista en vivo exigió explicaciones a Manuel Adorni sobre el crecimiento exponencial de un patrimonio que el jefe de gabinete todavía no puede justificar. La jugada cayó como un bombazo puertas adentro de un cada vez más inestable gobierno, azotado por sus propias internas e inconsistencias.

El viernes pasado, durante la áspera reunión de gabinete que Javier Milei encabezó por sólo media hora, el presidente les hizo saber a sus ministros que no tiene ninguna intención de soltarle la mano a su jefe de gabinete y reafirmó ante los presentes que es él quien toma las decisiones. “Al que no le gusta, se puede ir”, habría sido el ultimátum. Con esa muestra flaca de poder el presidente y su entorno más íntimo pretendían dar una lección adoctrinadora. Lo que nunca contaron fue con la rebeldía intrínseca de Pato.
Como si la escalada del miércoles pasado no hubiese sido suficiente, una semana después la ex ministra no sólo no mostró arrepentimiento público sino que se animó a redoblar la apuesta. “Yo ya lo dije, ya lo expresé. Me parece que con una vez alcanza las cosas, mi posición fue clara, es clara. Ahora es el jefe del gabinete el que estará analizando y trabajando sobre su declaración jurada de bienes”, sostuvo en una improvisada conferencia de prensa desde el Senado.

Quienes la conocen de cerca hacen saber que Bullrich tiene ganas de ser. Lo que nadie se atreve a asegurar bajo juramento es si sus ambiciones podrán sólo circunscribirse a la siempre amigable Ciudad de Buenos Aires. Meses atrás, cuando la campaña por la primera senaduría del territorio porteño la tenía como protagonista de todas las encuestas locales, la por entonces ministra se entusiasmó con la posibilidad de competir en 2027 por la jefatura de gobierno que desde hace casi dos décadas el PRO custodia con celosía. En aquel momento, todas las mediciones que llegaban a los despachos de campaña de la ex macrista devolvían un número de aprobación superior al 50%, índice que la llevó imponerse en los comicios del año pasado por sobre el resto de las propuestas.
Con este escenario, Pato no pudo más que emocionarse y desde fines del 2025 instruyó a sus laderos a tejer, todavía en silencio, un escenario que le permitiera competir el próximo año. Con el aval silencioso de Karina Milei, quien nunca soportó los movimientos separatistas de la ex ministra pero maneja mejor que su hermano el arte del pragmatismo, Bullrich inició recorridas y se mostró en varias oportunidades con Pilar Ramirez, la principal espada del karinismo en la Ciudad, para mostrar cohesión en el territorio para nada enemigo.
Poco a poco, Ramírez y Bullrich se convirtieron en el terror de Jorge Macri. El jefe de gobierno porteño no sólo sabe de la ambición de la hermanísima por pintar de violeta el país, también es víctima de un modelo de gestión fundado por su primo, Mauricio Macri, que comienza a hacer agua en más de un escalafón. En endurecimiento del discurso del PRO, una exigencia que solicitan los continuos focus groups que piden en Uspallata, es sólo una muestra de la búsqueda del espacio amarillo por retener a su histórico votante.

Al vuelo propio que la ladera de Karina muestra en la Legislatura porteña, esta semana Bullrich se sumó con duras críticas contra la gestión jorgemacrista. Días atrás, la senadora visitó Santiago de Chile donde se encontró con el alcalde Mario Desbordes para conocer de primera mano su gestión. “Santiago es un ejemplo de una ciudad que crece y no se queda frenada en lo que Buenos Aires no logra avanzar: la limpieza, los subtes, el tránsito o los impuestos distorsivos. Ese es el camino”, posteó la ex ministra junto a una foto con el chileno.
Las comparaciones, sin embargo, no se quedaron allí. Con un video publicado en sus redes sociales, Bullrich apuntó directamente contra el gobierno macrista. “La semana pasada, cuando estuve en Santiago de Chile, vi el nivel de inversión que hicieron para conectar la ciudad y mejorarle la vida a la gente. Y solo en 50 años. Acá, en cambio, seguimos discutiendo parches. Un servicio que funciona mal, líneas que no conectan y una Ciudad donde moverse de punta a punta es cada vez más complicado. Mientras otras capitales avanzaron, Buenos Aires perdió el ritmo”, lanzó. Los dichos le valieron una larguísima respuesta de parte de Jorge Macri, quien se metió en su propio berenjenal hablando de la nunca iniciada construcción de la Linea F de subtes.

Con Adorni caído en desgracia y ya sin posibilidad alguna de competir, los laderos de Bullrich reconocen que la senadora está haciendo todo el camino necesario para ser candidata a jefa de gobierno el próximo año. En las próximas semanas, por caso, hará nuevas recorridas por barrios importantes de la Ciudad -el viernes pasado se dejó fotografiar por Villa Lugano- con el objetivo de mostrarse a los vecinos y, con un método similar al adoptado por el ya lanzado Horacio Rodríguez Larreta, escuchar sus demandas para mejorar la Ciudad.
Pese a la exposición, desde su entorno advierten que aún no habrá ningún lanzamiento oficial. “Falta una vida todavía”, dicen en su círculo para justificar la calma. Sin embargo, la serenidad con la que elige moverse la titular de La Libertad Avanza en el Senado no hace más que despertar sospechas sobre un posible segundo intento por acceder a la presidencia en 2027, en un espacio nuevo y sin el paraguas de los Milei. Las versiones sobre un encuentro privado entre Bullrich y Mauricio Macri horas antes de la gala de la Fundación Libertad no hicieron más que potenciar los rumores que dentro del propio gobierno ya se hicieron eco.
Los números, reconocen, le dan. Bullrich es desde hace tiempo la única competidora en imagen positiva que tiene Javier Milei, una preocupación para la hermanísima quien ya pidió domesticar a la fiera. Del otro lado del mostrador, ya conocedores del filo de la guillotina karinista, los armadores de Bullrich se apresuran a negar toda posible traición. Pero no hay peor ciego que el que no quiere ver.
TS/CM






