A pocas horas de que se conozca el nuevo índice salarial del INDEC, correspondiente a julio, la brecha entre lo que los trabajadores esperan cobrar y lo que efectivamente perciben es cada vez más profunda. Mientras las pretensiones salariales ya se ubican cerca de los $ 2 millones mensuales, los últimos datos oficiales disponibles muestran que el ingreso promedio de los asalariados registrados se encuentra bastante por debajo del millón y medio.
Según un relevamiento de Bumeran difundido esta semana, el salario pretendido promedio en septiembre se ubica alrededor de los $ 2 millones mensuales, aunque con diferencias importantes según el rubro. Minería, Petróleo y Gas encabeza el ranking con una pretensión media de $2.278.436, seguida por Ingeniería Civil y Construcción, con $2.092.070, y Administración, Contabilidad y Finanzas, con $2.061.864.
También superan los $ 2 millones las pretensiones en el área de Ingenierías, con $2.018.897. En el extremo inferior, Atención al Cliente, Call Center y Telemarketing registra una expectativa promedio de $1.062.810, mientras que Gastronomía y Turismo llega a $1.108.224.

Por el contrario, el último informe de distribución del ingreso del organismo estadístico oficial, correspondiente al primer trimestre de 2026, estimó que el ingreso promedio para los asalariados registrados alcanzó el $ 1.375.143. En tanto, para quienes no tenían descuento jubilatorio, el ingreso promedio fue de apenas $ 731.150.
La distancia entre ambas cifras es significativa: el salario pretendido promedio de unos $ 2 millones se encuentra aproximadamente 45% por encima del ingreso medio de los asalariados registrados informado por el INDEC.
Y frente al trabajador sin descuento jubilatorio, la diferencia es todavía más profunda: la pretensión salarial duplica ampliamente ese ingreso promedio.
Cambiar de trabajo implica recalcular expectativas
La diferencia también aparece al mirar el mercado laboral desde otra perspectiva. Un informe de C-P Consultora citado por Infobae analizó las transiciones laborales a partir de paneles de la Encuesta Permanente de Hogares y encontró que quienes pasaron de un empleo asalariado privado registrado a uno no registrado tuvieron una caída promedio de 13,9% en sus ingresos reales.
Para quienes pasaron del empleo registrado al cuentapropismo, la pérdida promedio llegó al 27,8% real. En sentido inverso, quienes pasaron de un empleo no registrado a uno privado registrado tuvieron una mejora real promedio de 31,6%.
El dato resulta relevante porque muestra que la discusión salarial no pasa únicamente por cuánto se pide en una búsqueda laboral, sino también por qué tipo de empleo se consigue y qué nivel de ingresos permite sostener.

En paralelo, el mercado laboral continúa mostrando una fuerte heterogeneidad. Los datos del INDEC indican que la remuneración promedio de los asalariados registrados supera ampliamente a la de quienes trabajan sin descuento jubilatorio, una diferencia que se suma a la pérdida de derechos y cobertura asociada a la informalidad.
Así, se hecha por tierra el discurso del presidente Javier Milei en el cuál aseguró que los salarios informales “literalmente volaban”. Nueva contradicción de un Gobierno que asegura que el periodismo miente y que “la única realidad son los datos”.
En definitiva, mientras el Gobierno de Javier Milei sostiene su discurso sobre la recuperación de los ingresos y la mejora de las condiciones del mercado laboral, los datos muestran una economía en la que todavía existe una distancia considerable entre el salario que se necesita, el salario que se pretende y el salario que efectivamente llega al bolsillo.
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