Javier Milei descartó la posibilidad de ofrecer cualquier asistencia estatal para los millones de argentinos con créditos impagos, en medio del récord histórico de morosidad bancaria, y recrudeció sus ataques contra Lula da Silva, a quien volvió a calificar de «ladrón y corrupto», en medio del episodio de mayor tensión con el Planalto en las últimas décadas.
En diálogo con Luis Majul en LN+, el presidente cargó contra los endeudados. Alegó que «si dos privados firman un acuerdo y uno no puede cumplirlo, el Estado no debe hacerse cargo de esa deuda», mientras que sobre su par brasileño insistió en que «no es inocente» y que fue liberado por «una falla procesal».
«Pasarle la cuenta a todos los demás me parece que no está bien. Es un problema entre privados», señaló el mandatario aunque aclaró que su gestión «fomenta activamente» la refinanciación entre bancos y deudores que ya no pueden afrontar sus cuotas. En ese marco, aclaró: «no voy a entregar mi reputación y legado histórico haciendo la barrabasada que hizo el kirchnerismo».

La definición llegó horas después de que distintos informes privados y del Banco Central confirmaran que la mora de las familias con el sistema financiero ronda el 12,7%, con picos de casi 15% en préstamos personales, la cifra más alta en 20 años, desde la salida de la convertibilidad. La consultora Equilibra precisó que entre 5,8 y 7 millones de personas registran algún crédito impagos con bancos y billeteras virtuales.
No obstante, Milei atribuyó el fenómeno a «los efectos colaterales de los ataques del kirchnerismo» en referencia a proyectos sancionados por el Congreso en la previa de las legislativas de 2025. En la misma línea, descartó cualquier gesto de asistencia a los afectados de cara al 2027: «Conmigo no, olvídense. No voy a hacer populismo. Voy a morir con las botas puestas».

Nueva embestida contra Lula
El mandatario aprovechó la conversación con Majul para redoblar el ataque contra Lula da Silva y ratificar el tono de sus insultos previos. Tras reiterar las acusaciones de “ladrón, es corrupto», el presidente agregó que a su par brasileño «lo liberaron por una falla en el procedimiento», en referencia a la causa del Lava Jato. El libertario justificó sus embestidas afirmando que «agresivo es que alguien robe: es mucho más leve decirle ladrón al ladrón que el propio acto de robar», dijo ante la mirada de Majul.
Tras tocar un nuevo pico de tensión entre la Rosada y el Planalto, que llevó al llamado a consultas del embajador brasileño en Buenos Aires, Milei aclaró que el trato hacia Lula no es una excepción en su diplomacia: «se enoja porque yo le dije algo a Lula que es verdad. Pero omiten los insultos de Lula y sus ministros, los de Petro, los de Evo Morales, Correa, Pedro Sánchez y su gente. Cuando me insultan a mí, está bien», agregó el presidente.

La mirada puesta en el 27
En un escenario signado por la proliferación de encuestas que dan cuenta de una marcada caída en la imagen del Gobierno y la confianza sobre el rumbo de la economía, el presidente descartó cualquier tipo de turbulencia cambiaria de cara a las presidenciales. “Estamos tomando todas las medidas macro-prudenciales y, si es necesario apretar clavijas, lo vamos a hacer». Incluso, auguró una fuerte recuperación: «con un riesgo país de 500 puntos la economía argentina puede crecer entre 7% y 8%», explicó.
De cara a la elección, Milei descartó cualquier amenaza a su reelección por parte de la oposición: «Mi competidor soy yo mismo. Prometí la motosierra y la cumplí; prometí el equilibrio fiscal y lo logré; prometí bajar la inflación y la bajé», se jactó. Y repasó las cifras que exhibe recurrentemente la Rosada: «prometí hacer crecer la economía y hoy crece cinco veces más que el promedio histórico; prometí bajar la pobreza y saqué a 14 millones de personas de la pobreza», declaró.
Las críticas del presidente no se limitaron al plano regional. Consultado por Majul en torno a la crisis migratoria de Ceuta —tras la viralización de imágenes de miles de marroquíes intentando llegar a Europa desde la ciudad autónoma española en África—, Milei afirmó que el viejo continente «compró todas las estupideces del wokismo».
El mandatario trasladó el diagnóstico a la Argentina. «Cuando quienes llegan no adhieren a la cultura del país, ya no es inmigración: es una invasión». La definición llega días después de que el propio Milei firmara el DNU 681/2026, que habilita prohibir el ingreso o expulsar a extranjeros que difundan «mensajes de odio» contra el país, una medida que la oposición y constitucionalistas cuestionaron por su alcance.
JL/CM










