La situación de las pequeñas y medianas empresas argentinas se deterioró durante el primer semestre de 2026 y los principales indicadores relevados muestran un escenario complejo. Una encuesta realizada por la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (APYME) junto con la Universidad Nacional de José C. Paz (UNPAZ) expuso el impacto de la caída de la demanda, la presión sobre los costos, las dificultades para acceder al financiamiento y el avance de las importaciones sobre el entramado productivo.
El relevamiento, elaborado a partir de 152 respuestas empresarias, muestra que el deterioro atraviesa distintas dimensiones de la actividad. El 62,5% de las empresas consultadas aseguró que su situación general empeoró, mientras que el 57,9% registró una caída de sus ventas. Al mismo tiempo, el 60,5% tuvo un resultado económico negativo y el 53,9% redujo su capacidad utilizada.
PyMEs: caída de ventas y capacidad ociosa
La caída de la actividad aparece reflejada tanto en la percepción de los empresarios como en la demanda efectiva. De las 152 empresas relevadas, 95 afirmaron que su situación general empeoró, mientras que 88 señalaron que sus ventas disminuyeron durante el período analizado.
El deterioro también se trasladó a la producción. La encuesta muestra que la mitad de las empresas trabaja con hasta el 50% de su capacidad instalada, mientras que apenas el 8,6% utiliza entre el 76% y el 100% de su estructura productiva. Para APYME y UNPAZ, este nivel de subutilización refuerza el diagnóstico de una demanda insuficiente y de una menor escala de producción.
La rentabilidad tampoco quedó al margen: seis de cada diez empresas tuvieron un resultado económico negativo, mientras que el 53,9% informó una caída de su capacidad utilizada.

El empleo, bajo presión
Uno de los principales focos de preocupación aparece en el mercado laboral. Aunque todavía existe un grupo mayoritario de empresas que intenta sostener sus plantillas, el 36,2% aseguró que redujo personal durante el último trimestre.
Pero el dato que anticipa un escenario todavía más complejo hacia adelante es el de las expectativas: el 33,6% de las empresas consultadas prevé aplicar medidas de ajuste durante el próximo trimestre, que pueden incluir suspensiones, reducción de jornadas, despidos o no renovación de contratos. De esta manera, el deterioro de las ventas y de la rentabilidad comienza a trasladarse al empleo, con un riesgo creciente sobre las fuentes laborales vinculadas al sector.

Importaciones: la mitad de las empresas dice que perdió competitividad
La apertura importadora aparece como otro de los factores que tensionan a las PyMEs. La mitad de las empresas considera que la apertura de las importaciones perjudica su competitividad, mientras que el 57,9% identifica la caída de las ventas como su principal impacto. Según el relevamiento, el eventual beneficio derivado de un menor costo de los insumos aparece relegado frente a la presión competitiva que sufren las empresas en un mercado interno debilitado.
El problema se combina, además, con una fuerte presión sobre los costos. El 63,2% de las empresas afirmó haber sufrido un fuerte impacto por el aumento de tarifas e insumos, mientras que el 53,3% identificó a la energía como el rubro de mayor impacto.
La combinación resulta especialmente compleja para empresas que ya enfrentan una demanda debilitada: mayores costos y competencia importada presionan simultáneamente sobre márgenes que vienen deteriorándose.

Sin crédito: las PyMEs se financian con recursos propios
Otro de los puntos centrales centrales es la dificultad para acceder al financiamiento. Apenas el 7,2% de las empresas consiguió crédito en condiciones favorables, mientras que el 74,3% se financia con recursos propios.
La falta de crédito no responde únicamente a la ausencia de oferta. Entre las empresas consultadas, el 49,3% señaló las tasas elevadas como motivo para no tomar deuda, mientras que la mitad mantiene actualmente algún tipo de deuda financiera vigente.
En este contexto, las decisiones de inversión quedan atadas a la capacidad financiera de cada empresa. Solo el 31,6% realizó inversiones en nueva tecnología, y el 30,9% lo hizo utilizando fondos propios. A su vez, el 44,1% aseguró que no prioriza invertir en el contexto actual.
El escenario también afecta la innovación. Apenas el 6,6% accedió a programas públicos de apoyo, mientras que tres de cada cuatro empresas identificaron al contexto económico como un obstáculo para innovar.
La encuesta también muestra que la crisis no está concentrada exclusivamente en las empresas más pequeñas. Si bien el 66,7% de las pequeñas empresas afirmó que su situación empeoró y el 65,2% tuvo resultados económicos negativos, esos porcentajes se replicaron en las micro y las medianas. En las microempresas, fueron el 59,1% y 56,1%, respectivamente, mientras que en las medianas, el deterioro fue del 58,8%, mismo porcentaje que tuvo resultados negativos.
Una advertencia sobre el entramado productivo
Desde APYME y UNPAZ advirtieron que las decisiones empresarias están condicionadas por la incertidumbre y las dificultades para acceder al financiamiento. En ese escenario, la inversión depende principalmente de los recursos propios, mientras las tasas elevadas desalientan el endeudamiento.
Asimismo, señalaron que la combinación de demanda debilitada, presión de costos y competencia importada reduce los márgenes de las empresas y limita su capacidad para sostener tanto la actividad como el empleo.
Los cinco principales resultados que deja la encuesta son claros: caída de actividad y demanda, capacidad instalada ociosa, empleo bajo presión, financiamiento insuficiente y una creciente tensión sobre costos y competitividad.
RM/EO










