El oficialismo sigue tocando sus propias canciones y pone a todos a bailar al compás de su música. Salvo por el anuncio de la presentación de Cristina Kirchner ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU, no hay hecho político generado por la oposición capaz de torcer la agenda.
La ofensiva libertaria sigue siendo brutal en fondo y forma. Desde la visita de la dueña Kristalina Georgieva, que incluyó paseo por Vaca Muerta y un tanguito con Mora Godoy; pasando por el decreto anti-inmigrantes; el abrazo con Keiko Fujimori, hasta la cadena nacional para anunciar la entrega del Banco Central al Dios Mercado. Todo, a pesar y con las internas a cielo abierto que parecieran escandalizar solo a unos pocos.
Desde la formación geológica de hidrocarburos no convencionales más importante de la Argentina, la foto con mameluco de YPF de la directora gerenta del Fondo Monetario Internacional debería encender todas las alertas. Fue el sobrevuelo de un ave hambrienta sobre uno de los recursos más importantes para el país.

La gestualidad del gobierno durante toda la estadía de la búlgara dejó al desnudo que las decisiones económicas de la Argentina no se toman en la Argentina.
Luego, en principio para disimular la genuflexión y al final de cuentas para profundizar los discursos de odio, racismo y xenofobia, el Gobierno emitió un decreto contra sí mismo. La necesidad y urgencia para expulsar «a todo extranjero que dirigiere o incitare mensajes de odio, discriminación y/o violencia contra el pueblo argentino o sus ciudadanos, por razón de su nacionalidad, así como el ultraje a los símbolos patrios«.
El objetivo del DNU es a dos bandas: sobreactuar argentinidad para encubrir la entrega de soberanía económica y monetaria y dar un paso más en la batalla cultural. Hacerte creer que los problemas que vos tenés y que el gobierno no puede, no sabe, no quiere resolver, son por culpa de los inmigrantes. Más viejo que la escarapela que dicen defender.
El presidente que promueve y agita discursos de odio contra inmigrantes, minorías sexuales y adversarios políticos firmó un decreto para sancionar a los que emitan discursos de odio.
Más allá del sinsentido y la provocación evidente, es dable advertir que si bien el sector que rechaza la postura histórica y constitucional de la Argentina de abrazar a todo aquel que quiera habitar este suelo sigue siendo una minoría, ese reducto xenófobo hoy está en el poder y avanza a paso firme en la región. Nadie debería subestimarlo.
Porque está ahí, latente siempre, el rechazo a la otredad. El problema con el otro distinto, con lo extraño, lo extranjero. Por la complejidad de los fenómenos migratorios en el mundo y a lo largo de la historia -y sino mirá la tragedia de Ceuta esta semana-. Y porque es fácil olvidar y difícil de aprehender que, como enseña Albert Camus, al fin de cuentas, todos somos extranjeros de nosotros mismos.
El Banco Central para los mercados
El otro hecho de capítulo de resignación de soberanía es el proyecto de reforma de la carta orgánica del Banco Central (BCRA). Lejos de quemarlo y dolarizar como prometió en campaña, Javier Milei avanza en el cumplimiento de las órdenes del FMI. El objetivo es atar de pies y manos al gobierno que sea para que no pueda utilizar las herramientas de política monetaria que el BCRA otorga.

Una línea de análisis de estos días en los medios de comunicación giró en torno a la supuesta inutilidad de una cadena nacional, para anunciar algo que «no le cambia ni mejora la vida a la gente». Es cierto que los niveles de interés de las audiencias fueron bajos, con muy poco rating, a pasear de haber sido, precisamente, cadena. Sin embargo, lejos está la iniciativa sobre uno de los intereses restringidos más importantes del presidente (el Banco Central), de haber sido un hecho menor. De avanzar en el Parlamento, sentará las bases de la Argentina para las corporaciones e intereses internacionales.
Porque el planteo de fondo sobre la independencia del Central es ideológico. ¿Debe ser un instrumento para generar políticas de crecimiento, distribución y empleo con conducción política o tiene que ser entregado a los antojos del mercado? En este punto Milei sí muestra coherencia. Con una salvedad: si avanza el proyecto en el Congreso y mantienen en su cargo -salvo remoción con los dos tercios- al actual director del Banco Central, el detalle es que se trata de Santiago Bausili, socio del ministro de Economía Toto Caputo. Pero es solo eso. Un detalle. Como el proyecto para modificar la ley de tierras, claro. Otro detalle.
Pero independencia, soberanía y coso.
SC










