Canadá jugará este año su tercer Mundial de la historia. El primero fue México 1986, el Mundial de Diego Maradona. El segundo llegó recién en Qatar 2022. El tercero será en 2026, clasificado por ser anfitrión junto a Estados Unidos y México. Entre aquella selección semiprofesional de los años ochenta y el equipo actual hay mucho más que cuarenta años de diferencia. Y quizá la mejor manera de entender esa transformación sea empezar por Maradona porque Diego también dejó una huella en Canadá.
El colega Nicolás Zuberman recuperó en 2021 una escena perdida en la historia del fútbol, lejos del Estadio Azteca, de Nápoles, de la Paternal y de la Bombonera. El 12 de septiembre de 1996, Maradona jugó en Toronto el último partido de su carrera fuera de Argentina.
Raúl “Lalo” Maradona jugaba para el equipo Toronto Italia, en una liga local todavía semiprofesional. Diego había anunciado su retiro después de los cinco penales errados en forma consecutiva en 1996 y buscaba -como si eso fuera posible- un poco de paz. Hasta que viajó a Canadá para visitar a su hermano y ahí le organizaron un partido homenaje. Cerca de ocho mil personas fueron al Birchmount Stadium para ver al equipo de estrellas de la liga canadiense contra el Toronto Italia. Diego y Lalo jugaron juntos con la número 10.
El director canadiense Adrijan Assoufi recuperó esas imágenes décadas después en el documental Diego’s Last Dance. Ahí aparece un Maradona lejos del centro del mundo, haciendo goles olímpicos en una cancha modesta de Toronto mientras hinchas canadienses invaden el campo para abrazarlo.
“En el Ártico, en una pequeña radio, las comunidades inuit escucharon los goles de Maradona durante el Mundial 86. Es una locura”, contó Assoufi. La frase parece exagerada hasta que se entiende algo fundamental: el fútbol en Canadá existía mucho antes de Alphonso Davies, figura de la actual Selección. Sólo que todavía no tenía estructura, dinero ni visibilidad.
Semiprofesional y regreso en la primera fase
En 1986, Canadá jugó su primer Mundial y perdió los tres partidos sin convertir goles. Aquella selección tenía un perfil completamente distinto al actual. Era una Canadá mucho más anglocéntrica, más blanca y todavía profundamente conectada con la inmigración europea de posguerra.
El fútbol canadiense de entonces estaba compuesto por futbolistas semiprofesionales y ligas pequeñas, muy lejos del nivel de las grandes potencias. “La nómina del Mundial 86 era de jugadores semiprofesionales -resume el periodista colombiano Daniel Vázquez, quien vive hace 15 años en Canadá-. La principal diferencia es que hoy tiene jugadores que están en la élite. Alphonso Davies en Bayern Munich y Jonathan David en Juventus”.
En Qatar 2022, la selección canadiense fue probablemente un reflejo del mosaico multicultural que el país construyó durante las últimas décadas. De los 26 jugadores convocados, siete eran inmigrantes de primera generación y doce eran hijos de inmigrantes.

Jonathan David nació en Brooklyn, Estados Unidos, en una familia haitiana. Alphonso Davies nació en un campo de refugiados en Ghana, hijo de padres liberianos que escaparon de la guerra civil. Ismaël Koné nació en Costa de Marfil. Milan Borjan nació en la ex Yugoslavia. Stephen Eustáquio es hijo de portugueses. Jonathan Osorio tiene raíces colombianas. Richie Laryea, ghanesas. Kamal Miller, jamaicanas. Atiba Hutchinson, trinitenses.
Canadá se transformó, así, en una selección hecha de refugiados, hijos de inmigrantes africanos, caribeños, portugueses y latinoamericanos. Una selección imposible de explicar sin la política migratoria canadiense de las últimas décadas.
“En los 90 empieza la inmigración fuerte y empiezan a construir infraestructura para jugar todo el año. Esa es otra razón por la que el fútbol creció”, explica Vázquez. “Antes el deporte estaba muy marcado por las estaciones: en verano se jugaba fútbol y en invierno hockey sobre hielo”, agrega.
La historia de Alphonso Davies, reflejo del cambio
Davies nació el 2 de noviembre de 2000 en Buduburam, un campo de refugiados en Ghana. Sus padres habían escapado de Liberia durante la segunda guerra civil. “Mis padres me hablaron de la guerra que se estaba librando en Liberia. En esa situación sólo hay dos opciones: o formar parte de la guerra o huir”, contó el futbolista alguna vez.
La familia vivió cinco años en el campo de refugiados hasta ingresar al Programa de Reasentamiento de Refugiados de Canadá, creado en 1978, que recibió cientos de miles de personas durante las últimas décadas. En 2005, la familia Davies fue una de ellas. Primero se instalaron en Windsor y luego en Edmonton.
Mientras sus padres trabajaban, Alphonso empezó a jugar al fútbol en una escuela católica. Una maestra notó su talento y lo ayudó a ingresar en una academia gratuita. Después llegaron los Whitecaps de Vancouver, la MLS y el salto a Europa. Sin embargo, Davies nunca dejó de hablar de su condición de refugiado.
“Es muy importante eliminar el estigma que rodea a los refugiados. Como futbolista, hace poco sufrí racismo. Es duro, no sólo por mi color de piel, sino también por haber sido reubicado. Nunca olvidaré de dónde vengo y quiero que mi historia dé esperanza e ilusión a otros refugiados para que digan: si él pudo hacerlo, yo también puedo”, dijo.
Jonathan David, otra de las figuras de la Selección de Canadá y actual delantero de la Juventus de Italia, es otra cara de esa misma inmigración. Nació en Nueva York, hijo de haitianos. A los pocos meses se mudó a Haití y luego emigró a Canadá cuando tenía seis años. Empezó en ligas locales de Ottawa hasta que se convirtió en uno de los delanteros más importantes de Europa.

Como muchos futbolistas del plantel canadiense, David podía elegir otras selecciones, pero su elección marca de alguna forma lo que sucede hoy en Canadá: una Selección construida sobre inmigración reciente y diversidad cultural.
Más rápido el fútbol que la infraestructura
A pesar de jugar los últimos dos mundiales, el fútbol canadiense sigue creciendo más rápido que sus estadios. Canadá organizará únicamente 13 partidos de los 104: Vancouver recibirá 7 encuentros en el BC Place y Toronto, seis en el BMO Field, pero incluso en esta organización aparecen las limitaciones de infraestructura relacionadas a este deporte.
Toronto debió ampliar la capacidad del BMO Field mediante tribunas temporales para acercarse a las exigencias de la FIFA. El estadio pasará de poco más de 28 mil espectadores a más de 45 mil. Las estructuras metálicas gigantes alrededor del estadio generaron críticas y debates estéticos, aunque las autoridades aseguraron que cumplen todos los estándares de seguridad.
También hubo discusiones sobre otras sedes. Montreal aparecía como candidata natural, pero finalmente quedó afuera por cuestiones de costos y de infraestructura.
Cuando Diego jugó aquel amistoso perdido de 1996, el fútbol canadiense todavía parecía periférico. Un deporte de inmigrantes, jugado a la sombra del hockey, que crecía lentamente en barrios multiculturales.
Canadá años después del Mundial 86, Canadá sigue siendo un escenario secundario del fútbol global, pero sus jugadores comienzan a pisar fuerte en las ligas europeas más importantes. Serán ellos los que jugarán su tercera Copa del Mundo. Y lo hará con una selección construida por hijos de inmigrantes y refugiados que encontraron en el fútbol una manera de contar otra historia del país.
DC/VDM






