El ministro de Economía, Luis Caputo, volvió a ubicar al denominado “riesgo Kuka” en el centro del debate económico al asegurar que uno de los principales obstáculos para acelerar la recuperación es el temor de empresarios y ahorristas a un eventual regreso del kirchnerismo al poder. Durante una extensa entrevista en el programa Economía de Quincho, el funcionario mantiene su postura de que la incertidumbre política sigue condicionando decisiones clave del sector privado, especialmente en lo vinculado a la formalización de capitales y la reactivación de inversiones.
“Hay dos temas: las dudas técnicas y el «riesgo kuka», el riesgo a la vuelta del kirchnerismo”, afirmó al referirse al impacto que podría tener el régimen de “Inocencia Fiscal”, la herramienta impulsada por el Gobierno para incentivar la exteriorización de capitales y ampliar la base tributaria. Según Caputo, esa percepción responde más a un “trauma histórico” que a una evaluación racional del presente económico. “Entiendo la psicosis, pero no es correcto pensar que cualquier próximo gobierno puede deshacer todo”, remarcó.
En ese marco, el ministro fue incluso más allá y descartó que una eventual candidatura de Axel Kicillof represente una alternativa competitiva. “El kicillofismo no es una opción ni aunque nos fuera mal, porque ya es un dato para todo el mundo que es el infierno”, lanzó, en una de las definiciones políticas más duras de toda la entrevista. «La gente en Argentina no es sonsa. Entonces, la gente que cree que hay posibilidad de volver al infierno, yo creo que eso es de una soberbia decir eso, o peor, es de una subestimación hacia el pueblo argentino enorme», aseveró.

Por otro lado, Caputo argumentó que el Gobierno ya exhibe resultados concretos que consolidan el rumbo económico: caída de la pobreza, recuperación de indicadores de actividad, crecimiento del crédito al sector privado, récord de exportaciones y mejora en el consumo. “Hoy todos los indicadores muestran que estamos mejor que en noviembre de 2023”, sostuvo, y cuestionó lo que definió como una narrativa pesimista instalada desde algunos sectores del periodismo y la oposición.
Cabe señalar que todavía hay sectores, como el metalúrgico, donde la recuperación pareciera estar todavía muy lejos. De hecho, en el último informe de ADIMRA, el propio titular de la entidad, Elio Del Re, advirtió que la caída de la capacidad instalada se convirtió en el reflejo más evidente de la crisis industrial y remarcó que el sector arrastra retrocesos consecutivos desde 2025, sin lograr recuperar el ritmo de producción previo. En lo que va del año, la baja de actividad ya superó el 6%.
Para el titular del Palacio de Hacienda, la clave para terminar de quebrar esa desconfianza está en sostener el equilibrio fiscal y consolidar un sendero de crecimiento. En ese sentido, afirmó que si la economía logra expandirse entre 6% y 8% anual durante los próximos cuatro años, el Gobierno podría eliminar rápidamente impuestos distorsivos como las retenciones y el impuesto al cheque. “Si la gente se convence, en tres años se fueron la gran mayoría de los impuestos distorsivos”, prometió.
Diferencias con la gestión de Macri
El ministro de Economía también habló sobre las diferencias que existen entre la gestión de Milei y la de Mauricio Macri. En ese sentido, Caputo fue terminante en su definición y remarcó que el actual programa económico es “exactamente lo opuesto” al aplicado entre 2015 y 2019. “Nunca vi un caso más opuesto al de Macri. Nosotros terminamos con el déficit fiscal en el primer mes”, aseguró.

«Hoy ves euforia en la economía real, por invertir en la economía real, y esa es la parte virtuosa de este modelo, hay euforia por invertir en la economía real, hay cero euforia en lo financiero. En lo de Macri fue exactamente al revés», declaró.
Más allá de las definiciones técnicas, el mensaje político de Caputo fue claro: el Gobierno busca convencer al empresariado de que el riesgo de un retorno kirchnerista ya no debe condicionar las decisiones económicas. En otras palabras, para el ministro, la verdadera barrera para acelerar la inversión no está hoy en el tipo de cambio, la inflación o el crédito, sino en la persistencia de un fantasma político que, según insiste, “ya no tiene viabilidad electoral”.
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