Había tres opciones: que a Diego Maradona lo internaran contra su voluntad para rehabilitarlo del consumo de alcohol, que la internación sea con su consentimiento, que la internación sea domiciliaria. De acuerdo a lo que declaró en la jornada de hoy Dalma, la hija mayor del futbolista, quien alentó atención en una casa fue Leopoldo Luque, neurocirujano e imputado -como otros seis trabajadores de la salud en este juicio- por homicidio simple con dolo eventual, es decir, con responsabilidad penal en la muerte de su padre.
«Swiss Medical (N. de la R.: la prepaga a la que Maradona estaba afiliado) quería una internación en una clínica. Luque nos dice que lo mejor era una internación domiciliaria porque mi papá no iba a aceptar ir a una clínica, y contra su voluntad era más que engorroso. Dudamos. Pero como nos dijeron que la domiciliaria era seria, con equipamiento, enfermeros, acompañantes terapéuticos, ambulancia 24 horas en la puerta… Dos o tres días después nos dimos cuenta de que no había ambulancia, que habían echado a los acompañantes terapéuticos, que los enfermeros tenían muchos problemas para entrar…«, dijo Dalma al tribunal cuando la interrogó la Fiscalía.
Responsabilizó a Luque de sugerir la internación domiciliaria como la mejor opción. Y puso en evidencia que la empresa de salud privada Swiss Medical prometió más que lo que proveyó. El testimonio de Dalma apoya la tesis de la Fiscalía: que Diego estaba sobremedicado y por lo tanto no podía decidir sobre su salud; que Diego «servía más» fuera de un centro de rehabilitación que dentro de uno.
Sobre que «Diego servía» sobrevolaron -una vez más- los nombres del representante del Maradona, Matías Morla; su hermana, Vanesa Morla; y Maximiliano Pomargo, marido de Vanesa, cuñado de Morla. En un audio que se exhibió en la audiencia de hoy, la 17, el psicoanalista Carlos Díaz habla con Agustina Cosachov, la psiquiatra, ambos imputados. Él nombra a un tal «Matías». Dijo Dalma a los jueces: «Matías debe ser Matías Morla, que armó el equipo y les pagaba el sueldo».
Y describió una escena que ya había contado Gianinna cuando declaró en este juicio. El día del cumpleaños número 60, Gianinna encontró a su padre sentado frente a un fogón, solo, un poco perdido. La quinta de Brandsen estaba llena de gente. Ese día Maradona debía ir al estadio de Gimnasia, a un homenaje a cancha llena. Gianinna llamó a Dalma, le contó que no veía bien al papá –«Hacía un mes que les veníamos diciendo que no estaba bien, pero nos decían que éramos exageradas», dirá la mayor de las Maradona-, pero su hermana no pudo sacarlo de la quinta.
«Giani me dice que no era no era necesario llevarlo a la cancha y exponerlo, como sucedió después. Ese día estaban Pomargo, mi primo Jony, y creo que Verónica Ojeda. A mi hermana le dijeron que papá tenía que ir igual porque ya estaba comprometido, que había firmado un contrato. Mi hermana no pudo hacer nada. Y se lo vio como se lo vio, perdido», detalló Dalma.
¿La tríada Luque – Cosachov – Díaz era funcional a los intereses de Morla? ¿No tenían nada qe ver o eran cómplices? Fernando Burlando, abogado de Dalma y Gianinna, exhibió un intercambio de chats entre Luque y Pomargo. Celebran -es lo que dio a entender Burlando- que las hijas hayan optado por la internación domiciliaria y no por los centros de rehabilitación.
«Había una orden de Matías Morla de que no nos dejaran entrar. A mi papá le ponían el teléfono en modo avión o le cortaban la llamada«, contó Dalma. Habló de «entorno», colocó en ese lugar a los hermanos Morla, a Pomargo y a los tres médicos imputados en este juicio. Algo más: «Dicen que murió solo, pero a nosotras no nos dejaban verlo».
Nancy Forlini, jefa médica a cargo de la gerencia de cuidados domiciliarios en Swiss Medical al momento de la muerte de Maradona, está en la sala. Esta tarde dará testimonio ante el tribunal. Es la primera vez que lo hace, en este juicio y en el anterior, que quedó anulado.
En su declaración, Dalma dijo que se dio cuenta de que la prepaga no había provisto aquello que prometió -enfermeros, ambulancias, acompañante terapéutico- cuando Forlini le mandó un audio durante cuando su papá se descompuso, el día que almorzó camarones con brócoli y ajo.
Oímos el audio, Forlini dice: “No quiere llamar a la ambulancia tu papá”, “quiero que me digas qué hacer”, “cómo te parece seguir”. Dalma contará al tribunal que la sorprendió ese pedido: «Nos hacían tomar una decisión médica a nosotras, que no somos médicas».
Supuso, Dalma, que aquella ambulancia estacionada día y noche en el ingreso de la quinta no existía. ¿Por qué el enfermero a cargo no podía asistirlo en esa indigestión? Y el acompañante terapéutico, ¿estaba? Algo no funcionaba. Para sábado 14 de noviembre, Cosachov organizó un zoom con la prepaga. Frente a la pantalla, la psiquiatra, Dalma y Jana, Forlini y Mariana Flichman, gerente de Riesgo y Calidad de Swiss Medical, intentaron acordar. De esa reunión no quedó registro. Maradona murió nueve días después. A la ambulancia hubo que llamarla.
VDM






